Sinmapa
Puerto López más allá de su playa

Puerto López más allá de su playa

Hay ciudades de las que te enamoras a primera vista, otras a las que adoras sin siquiera haberlas pisado y algunas a las que tienes que darles tiempo para que te muestren su mejor cara. Voy a ser sincera: Puerto López a primera vista me decepcionó. Llegué a la pequeña ciudad costera y la encontré superpoblada, embarrada, con la playa sucia, agua revuelta y marrón… y encima el clima no ayudó a esta sensación inicial: nubarrones que por la tarde se deshicieron en un fuerte chaparrón que duró horas. ¿Quién fue que me recomendó la playa de Puerto López?

Pícardia ecuatoriana para llegar a Puerto López

Pícardia ecuatoriana para llegar a Puerto López

No tenía la menor idea del día que era, sólo sabía que esa mañana tenía todas las intenciones del mundo de viajar a Puerto López. ¿Martes?, ¿jueves?, ¿26 de marzo?, ¿11 de abril? ¡¡ni idea!! Ya me había acostumbrado a vivir sin lunes, sin fines de semana ni festivos… hasta que llegué a la terminal terrestre de Guayaquil y el calendario gregoriano me dio en toda la cara: era viernes 3 de abril… ¡estaba a las puertas de la Semana Santa y toda Guayaquil había decidido pasar las vacaciones en la costa! Mis probabilidades de conseguir un asiento en un autobús ese mismo día se redujeron a un 1% cuando descubrí la descarada técnica ecuatoriana de “saltarse la cola”.

La Guayaquil más auténtica

La Guayaquil más auténtica

Como os conté en otro post, para muchos viajeros Guayaquil es simplemente una ciudad “de paso” a otras ciudades ecuatorianas. Un mero trámite de una tarde en el que recorrer el Malecón 2000, el Barrio de las Peñas, el cerro Santa Ana y, para terminar, la plaza de las iguanas. Pero yo hoy os ofrezco una visión de la otra cara de Guayaquil, la más auténtica. Recorredla conmigo.

3 cosas que no puedes perderte en Baños

3 cosas que no puedes perderte en Baños

Aparentemente, y para mi sorpresa, para ir a Baños de Agua Santa -o simplente “Baños” como todo el mundo la llama- debía tener una razón. Si, la gente que conocí en los hostales de Quito y Latacunga me preguntaba los motivos que tenía para visitar ese pequeño enclave entre los Andes y la Amazonia ecuatoriana bajo la mirada del volcán Tungurahua. Mi respuesta se limitaba a “Porque si” o “¿por qué no?”.