Sinmapa

48 horas en Fort Kochi

Recuperar el sabor de una buena taza de café, reencontrarme con la cara del Che, colarme en una boda y disfrutar de un paseo sin agobios (algo inimaginable en India): así fue mi paso por Fort Kochi.

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Una de las cosas que más me ha gustado de India es que siempre te pilla de improviso porque se trata de un país completamente impredecible. El subcontiente indio tiene un gran poder para asombrarte, descolocarte y lo recorres con la sensación de que nunca sabes con qué te vas a encontrar, por lo que nunca puedes estar 100% preparada. Aunque lleves ya unos meses transitando su vasto territorio, cada ciudad es un universo aparte. Incluso dentro de un mismo estado, con tan sólo cambiar de ciudad notas cómo cambian los olores, los colores, los paisajes, las texturas, las vestimentas, las sonrisas y las facciones. Cambian las miradas, las palabras, los modos, las siluetas y fachadas de los edificios, los precios y las comodidades.

El estado de Kerala es otro mundo dentro de India. De eso no hay lugar a dudas. Kerala se jacta de ser el único estado Indio con un 98% de alfabetización y uno de los más limpios del país. También se jacta de tener su propia “Venecia”, tupidas selvas, montañas nevadas, playas tropicales y de una gastronomía exquisita. Kerala sabe lo que puede ofrecer y se enorgullece de sus bondades. No es para menos.

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Hay una ciudad que concentra gran parte de las cualidades de Kerala, también conocida como “God’s own country”, y esta es: Kochi –o Cochin. La ciudad, para quien la visita, se divide principalmente en dos zonas diferenciadas, antagónicas y a la vez complementarias: la más caótica, burocrática y frenética llamada Ernakulam –zona “continental”- y la más sosegada, pintoresca y donde mejor se exhibe su crisol cultural que es la “isla” conocida como Fort Kochi, aunque este es sólo un barrio.

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Aquí se ve la zona de Ernakulam y Fort Kochi

La zona de Fort Kochi más de cerca, al este está Matticherry

La zona de Fort Kochi más de cerca, al este está Mattacherry

Desde que bajas del ferry y comienzas a caminar hacia la derecha, donde tras unos minutos de andar te topas con el malecón y la zona más turística, las postales ponen en evidencia su pasado colonial portugués, holandés y británico… con un toque indio, claro. Una vez más India me sorprendía. Yo venía de Kannur, al norte de Kerala, donde excepto las playas en las afueras de la ciudad, todo el resto era sucio, gris y caótico. Pero Fort Kochi es el equivalente a un pueblo de pescadores en relación al resto del país. De hecho, fue un pueblo pesquero en la época pre-colonial, antes de que llegaran los portugueses en el siglo XVI y abrieran un proceso colonizador que duró más de 400 años entre unos y otros.

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Ese ambiente tranquilo de “pueblo” se mantiene, incluso hay carteles en donde se le pide a los vendedores de las tiendas que no “agobien” a los turistas a su paso, haciendo hincapié en que si a un turista le gusta algo, entrará a la tienda aunque no les llamen; ¿genial, eh? La experiencia de caminar junto a tiendas y no tener a decenas de vendedores gritando “miss, miss… cheap price!” o “miss, miss, come and see… nice clothes inside!” es, a esta altura del camino, impagable.

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Cris y yo comenzamos a caminar por Calvathy Rd para descubrir que la vida de sus habitantes sucede de puertas abiertas: algunas mujeres pelan patatas en la calle, otras se juntan para charlar mientras los niños corretean, los artesanos trabajan en la acera o en las puertas de sus tiendas mientras las puertas invitan a mirar los interiores sin necesidad de tocar o  entrar. El camino está enmarcado por casas de diferentes estilos coloniales, muchas de ellas deterioradas y cubiertas a parches por vegetación, pero en su mayoría han sido recicladas precariamente para albergar tiendas, bares o incluso para viviendas. El toque de color lo dan los graffittis que cuentan un poco de la ideología de sus habitantes. Teniendo en cuenta el tipo de gobierno que está en el poder en este estado sureño de la india no me sorprendió ver un graffiti del Che Guevara o algunas banderas comunistas en el camino.

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Cuando la calle se transforma en Bellar Rd comienza a haber más tiendas y más turistas… hasta desembocar en River Rd, donde están las atractivas “chinese fishing net” (redes de pesca chinas) que hoy en día ganan más de las propinas de los turistas que juegan a ser “pescadores” ayudando con la “subida de redes” durante unos minutos, que de lo que sacan de la pesca. Justo detrás de las redes hay una especie de paseo marítimo repleto de puestecitos callejeros donde venden todo tipo de souvenirs, ropa veraniega y artesanías.

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A partir de ahí, River Rd se transforma en la calle más popular del barrio: “Princess St.” donde puedes perderte por calles dibujadas sin mucha lógica donde las coquetas tiendas exhiben sus productos y los bares y restaurantes te invitan a sentarte y probar alguna delicatessen de la zona o a recobrar el sabor de las comidas occidentales que tanto se echan de  menos tras meses de comer talis. Para mi lo mejor fue, tras el atardecer sentarme en una terraza y degustar un café que me supo a gloria. Un café express… ¡de los de verdad! Recuperar ese olor, sabor, textura y gusto de una de mis bebidas favoritas ha sido el summum para culminar mi primera jornada en Fort Kochi.

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Al día siguiente comenzamos –Cris y yo- el recorrido para el otro lado, hacia la izquierda del puerto, donde está el barrio Mattancherry que incluye el barrio judío. Allí visitamos la sinagoga y el palacio holandés que disfrutamos poco porque hacían como 1000º dentro y los dos únicos ventiladores no daban a basto. Luego paseamos desorientadas con Cris en un intento por regresar a la zona de Fort Kochi y nos hemos topado con muchos graffitis más, varias iglesias entre ellas con la Basílica de Santa Cruz, y algunas galerías de arte.

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Como perderse siempre tiene su lado positivo, nos topamos con una boda a la cual nos colamos, pero “ser blanca” es sinónimo de no pasar desapercibida, así que en cuanto asomamos la cabeza todos notaron nuestra presencia y nos invitaron a Cris y a mi a pasar, a saludar a los novios y a tomarnos fotografías con ellos. No nos quedamos mucho, sólo lo suficiente para inmortalizar el momento en algunas instantáneas, saludar a los novios y padres de los novios y que la mitad de asistentes nos tomaran fotos! Seguimos, por instinto, algunas calles bajo la atenta mirada de curiosos locales y atentamente mirando a esos curiosos locales.

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Los novios

Para cuando llegamos a la zona principal de Fort Kochi, conquistada por Vasco de Gama en siglo XVI, comimos en uno de los muchos restaurantes de las antiguas casas coloniales antes de emprender el regreso a Ernakulam, para tomar el tren a nuestro siguiente destino: Varkala. Pero eso ya queda para otro post.

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La novia y yo

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2 pensamientos sobre “48 horas en Fort Kochi

  1. Chispy

    Ooooohhhh! Cuantos miles de recuerdos!
    Que bonito fue todo mientras duró. Te olvidaste de los indios que se enamoran de las turistas mientras toman su café… jajaja

    Un 10 para este post y las bodas indias a las que puedes colarte como si nada.

    Un abrazo fuerte fuerteee

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