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Amritsar y su imponente Templo Dorado

El triángulo espiritual post-vipassana me llevó de Rishikesh a McLeod Ganj y de ahí a la ciudad de culto de la comunidad Sij: Amritsar. La promesa de vivir dentro del complejo del Templo Dorado y experimentar la solidaridad en todo su esplendor me guiaron como a una zombie hasta esa meca del sijismo. Estaba aún muy receptiva y sensible, y precisaba un ambiente cargado de armonía y tranquilidad. ¿Sería realmente así?

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Llegué a la estación de buses de Amritsar, en el estado de Punyab, sobre las 11 de la mañana, tras una “pequeña” demora del bus en la carretera tras haber pinchado una rueda. A primera vista se trataba de una ciudad india más, con su escándalo de bocinas implacable, la gente luchando por abrirse paso para avanzar y los tuktuk apelotonados en las calles para conseguir un cliente. Había escuchado rumores de que existía un bus gratuito desde la estación al templo dorado, pero como no lo sabía a ciencia cierta y no logré en media hora que alguien me dijera exactamente dónde paraba, me subí a un tuktuk que por 30 rupias me llevó a mi destino.

¡Foto y mapa que me envió Luba para orientarme!

¡Foto y mapa que me envió Luba para orientarme!

Mi intención era alojarme en el Templo Dorado, pero no tenía muy claro dónde, dado que en algunas webs decían “puedes dormir EN el Templo Dorado gratis” pero Luba, una chica rusa que había estado antes allí, me indicó que DENTRO del templo no se podía, pero que había una especie de ashrams alrededor que si te permitían alojarte gratis. Para ayudarme, me envió un mapa esbozado a mano con algunas indicaciones y una foto de un trozo de edificio. Era todo lo que tenía, así que lo usé como fuente de información fiable y guía.

Entrada al alojamiento para peregrinos

Entrada al alojamiento para peregrinos

El tuk tuk me dejó a las puertas de un complejo enorme y yo, mapa y foto en mano, comencé a preguntar por el alojamiento. No fue una búsqueda del tesoro ni una gymkana complicada, a los pocos metros encontré la entrada. Bastó la palabra “room”, mi cara de “guiri” y la mochila a cuestas para que el guardia de la entrada me llevara hasta una habitación exclusiva para alojar turistas: era una especie de sala común en forma de rectángulo con unas 12 camas y otras 3 habitaciones privadas con 3 camas cada una. Como no había mucha gente, me ofrecieron una cama en una habitación.

Dentro del Ashram para alojar peregrinos. Aquí duermen los turistas nacionales

Dentro del Ashram para alojar peregrinos. Aquí duermen los turistas nacionales

 

Habitación para turistas. Parece peor de lo que es. Realmente está limpia y es tranquila.

Habitación para turistas. Parece peor de lo que es. Realmente está limpia y es tranquila.

 

Ahí me explicó que los “Gurudwaras” son hospedajes para los peregrinos que visitan el templo, y aunque los extranjeros tenemos una habitación para nosotros, los nacionales pueden tumbarse en cualquier sitio del enorme edificio de varias plantas. Es gratis pero se agradece una donación. Por la noche comprobé la popularidad de aquel sitio: decenas de miles de personas tumbadas sobre unas alfombrillas en el suelo del patio y de los pasillos. El baño común estaba cruzando un gran patio interior, y me sorprendió que estuviera reluciente SIEMPRE. Ahí te ofrecen, además, duchas de agua caliente.

Dejé mi mochila en la taquilla de madera y salí a encontrarme cara a cara con esa maravilla arquitectónica de mármol y oro. Como soy un despiste andando, empecé a dar vueltas sin comprender exactamente dónde estaba o como se accedía al “Golden Temple”… hasta que encontré como una frontera donde había que dejar los zapatos –gratis también- y luego sólo tenía que “seguir a las masas”.

Toda esta estructura actúa a modo de barrera para acceder al complejo y asegurarse que todos dejamos nuestros zapatos allí.

Esta estructura actúa a modo de barrera para acceder al complejo y asegurarse que todos dejamos nuestros zapatos allí.

Lo primero que me llamó la atención tras dejar los zapatos y colocarme un pañuelo en la cabeza –es obligatorio ir vestido con “modestia”, llevar los pies descalzos y los hombros, piernas y cabeza cubierta- fue el sonido estrambótico que provenía de uno de los edificios a mi derecha. Al acercarme comprobé que era el estruendo de platos, cubiertos y tazas metálicos que eran lanzados con precisión milimétrica en unas ollas  inmensas para ser lavados. Me asomé al gigantesco comedor comunitario llamado “Guru-Ka-Langar”, donde centenares de voluntarios trabajan de forma sincronizada cortando, machacando, cocinando, limpiando u ordenando para servir de forma gratuita 24 horas al día 7 días a la semana y 365 días al año la comida para todos los visitantes –hay varias estadísticas, muchas coinciden en que sirven cerca de 15.000 raciones diarias-. Allí no hay distinción de religión, raza, edad, sexo o casta. Todos podemos recibir nuestra porción de comida. Pero eso lo vería más tarde, primero quería ver esa mole dorada que me había cautivado en fotos.

Esto es lo primero que vi en cuanto me asomé al comedor.

Esto es lo primero que vi en cuanto me asomé al comedor.

 

Hombres pelando y cortando jengibre

Hombres pelando y cortando jengibre

 

Cadena humana para recoger platos sucios y fregarlos... todo súper sincronizado y escandaloso.

Cadena humana para recoger platos sucios y fregarlos… todo súper sincronizado y escandaloso.

 

Sirviendo chai a los visitantes.

Sirviendo chai a los visitantes.

Dejé atrás el comedor, crucé unas pequeñas piscinas que cubren hasta los tobillos para “lavar los pies”, obligatorio para acceder al Templo Dorado y tras cruzar una especie de galería ahí estaba, “flotando” con todo su esplendor, reluciendo bajo los rayos del sol y reflejado en el lago artificial que lo rodea. Wow.

Un sis dándose un baño de purificación en el lago artificial.

Un sij dándose un baño de purificación en el lago artificial.

Antes de continuar, os quiero contar sobre los Sij y su religión para que comprendáis mejor la dinámica del Templo en general y de la comuniad Sij en particular.

El Sijismo es una religión monoteísta fundada por Gurú Nanak (también lo llaman “Gurmat”) que en vez de “adorar” a un dios, ellos canalizan toda su devoción a un libro sagrado llamado Gurú Granath Sahib. Debido a las disputas entre hindúes y musulmanes, Gurmat fundó esta religión que actualmente es seguida por mas de 32 millones de fieles y que intenta sembrar una semilla de armonía religiosa y de amor hacia el otro, sin importar su edad, sexo, religión o casta.

Todas las doctrinas de los más importantes gurús del mundo están recogidas en ese libro sagrado, tomando así lo mejor de cada religión del mundo. En los cuadernos explicativos que encontré en el Gurudwaras resumen su objetivo y doctrina: “Siempre debes hacer el bien a los demás sin hacer distinciones de ningún tipo”. Siguiendo esta línea, los sij son personas extremadamente solidarias y respetuosas y prueba de ello es el Templo Dorado, abierto todo el día y todos los días para recibir a cualquiera que quiera visitarlo.

A los fieles sij se los distingue fácilmente porque siempre llevan una larga barba y un turbante, como manda su religión. Si, porque hay ciertos preceptos que deben seguir a rajatabla: tener siempre presente el nombre de Dios, trabajar con honestidad, ayudar a los necesitados, servir al resto de la comunidad, no caer en supersticiones, y evitar los impulsos que corrompen el espíritu: codicia, lujuria, apego a los bienes materiales, orgullo e ira. Además, deben obeder las reglas de las 5 “K”: No cortar nunca su cabello (Kesh), llevar siempre un peine (Kangha), llevar siempre consigo un cuchillo (Kirpan), portar siempre una pulsera de acero (Kara) y utilizar calzoncillos bajo su trabje (Kachch). Por último, se los insta a que al menos una vez en la vida visiten el Harmandir Sahib –el Templo Dorado-, de la misma manera que los musulmanes deben visitar La Meca.

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Ahí estaba yo, de pie, frente a la representación simbólica más imponente del sijismo. Una pieza arquitectónica de mármol blanco y cubierta en oro con cuatro entradas, una por punto cardinal, para recibir y dar la bienvenida a todos los visitantes del mundo. El templo, que se empezó a construir en 1588 bajo las ordenes de Gurú Arján Dev, está ubicado en el centro del lago artificial llamado “Amrit Sarovar” que significa “estanque del néctar de la inmortalidad” que fue enviado a contruir en 1577 por Gurú Ram Das. Hoy en día, y durante las 24 horas, los fieles se dan allí un baño para purificarse.

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Para acceder al templo  desde el patio circundante hay que recorrer una especie de puente de unos 70 metros llamado “gurú”. Antes de acceder, los fieles compran una especie de “pasta” realizada a base de arroz para dar como ofrenda, y al salir del templo las entregan a los visitantes.

 

Esta es la cola para acceder al corazón del Templo Dorado

Esta es la cola para acceder al corazón del Templo Dorado

A la salida, te dan un poco de esa pasta-ofrenda.

A la salida, te dan un poco de esa pasta-ofrenda.

Es en el corazón del templo donde se encuentra ubicada la escritura sagrada. La cola para acceder es siempre larga, pero se mueve rápido. Una vez dentro se pueden escuchar los “Kirtans” –canciones religiosas tocadas en vivo- y a los granthis (una especie de “sacerdotes”) que leen sin prisa pero sin pausa las palabras sagradas. Mientras tanto, los fieles se amonton en torno al sacerdote y rezan, hacen reverencias y brindan obsequios al Gurú Granath Sahib.

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Lo más impactante no es el templo en sí, sino todo lo que ocurre a su alrededor. Familias enteras purificándose en el lago, rezando, haciendo plegarias, tomándose fotografías, limpiando el lago o las inmediaciones. Todos trabajan en equipo, desinteresadamente en pos de su creencia. Todas las oraciones y acciones sij confluían en una única energía de solidaridad, armonía y amor.

Mujer limpiando la galeria alrededor del Templo Dorado

Mujer limpiando la galeria alrededor del Templo Dorado

Hombre admirando el Templo Dorado

Hombre admirando el Templo Dorado

Es la misma energía que una siente cuando, tras recoger su plato de metal, su cuchara y su bol que hace de “vaso” se sienta en una de las decenas de largas alfombras en una sala diáfana del comedor a recibir su ración de arroz, garbanzos, dhal, chapati y una especie de “porridge”. Según me cuentan, todo esto se financia gracias a las donaciones de los fieles y visitantes. La úncia regla de oro del comedor: no pidas más comida de la que vayas a comer, dado que no se permite dejar nada en el plato.

Comedor comunitario

Comedor comunitario

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El templo y todo lo que lo rodea es una prueba viviente que el trabajo en equipo, el respeto y la solidaridad pueden transformar el mundo. Ahora solo queda hacerlo a gran escala.

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4 pensamientos sobre “Amritsar y su imponente Templo Dorado

  1. Nati

    Hola, Vero!
    Qué impresionante es ese lugar! Me guardo tu artículo porque me reservo el derecho a volver a India para visitarlo, jaja. Me dejé tantas cosas por ver! Pero bueno, ahora estoy con los nervios de mi próxima aventura: Tailandia y Laos. Salgo el martes 31
    Un besazo

  2. Rachel

    ¡Me ha encantado este post! Acabo de encontrarlo por casualidad y veo que alomejor hemos estado en India hasta en casi las mismas fechas, jajaja. Nuestros posts se complementan 🙂 Si quieres echar un vistazo a mi experiencia te dejo el link http://www.indiateayuda.com/quieres-ir-al-templo-oro-amritsar-mucho-mas/
    Es verdad, el estruendo de platos y todos tan organizados es impresionante… lo describes todo muy bien.

    Yo soy como Alba Lúa, con mi blog jovencito 🙂 jejej, Pero bueno, con mucha ilusión, que espero que continúe con el paso del tiempo.

    Vero, ya tienes una nueva seguidora 🙂

    Un abrazo,

    Rachel B

  3. Alba Lúa

    Hola Vero!

    Sigo tu blog desde hace tiempo tanto como entretenimiento como en una labor de aprendizaje. Tengo un blog jovencito y tus fotos y tus experiencias me sirven de guía. Especialmente en esta entrada tengo que decirte que tus no solo son bonitaa, además transmiten.
    Gracias por regalarnoslas 🙂

    Un saludo de una seguidora de tus viajes y un placer leerte!

    Alba Lúa

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