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Buenos Aires con ojos de turista

Nací y viví 21 años en Buenos Aires. La ciudad porteña está en mi ADN, en mi carácter y –muy a mi pesar- cada vez menos en mi forma de hablar y escribir. Buenos Aires me es propia, pero también cada vez más ajena. No hay remordimiento en el sentimiento de no pertenencia porque me autoriza a mirarla con otros ojos. Mi mirada es cada vez más de turista y menos de local… y eso me ayuda a apreciarla desde otro lugar.

Durante los últimos 6 años regresé a mi país en tan sólo 5 ocasiones y la mitad de ellas fue para hacer trámites y las otras dos fueron de paso: una fue el coletazo final tras mi viaje por Sudamérica en 2015 y la otra fue la lanzadera antes de comenzar un viaje por Centroamérica en 2016. Mis sucesivos pasos por la capital nunca habían incluido un paseo al obelisco, una visita a un museo ni siquiera un recorrido por las calles más emblemáticas. Mis pasos por la ciudad bonaerense se resumían en un circuito cerrado de visitas a casas de amigas o encuentros en bares y restaurantes.

Buenos Aires, mi vieja amiga, ¡cuánto te he descuidado durante estos años! Por eso durante mi último viaje decidí conocerte más y mejor. Como una declaración de intenciones investigué antes de viajar sobre lo que viajeros del mundo visitaban en mi ciudad (porque sigue siendo tan mía como yo de ella) y busqué otras actividades fuera de la ruta para poder redescubrir una de las metrópolis más fascinantes que conozco: mi ciudad natal.

Dicen que una aprecia las cosas con la distancia, ganando perspectiva, y también por contraste y comparación. He recorrido innumerables ciudades y he vivido en unas cuantas otras. Me llevó años, esos en los que acumulamos experiencias y generan sabiduría además de envejecer la piel, para valorarla como se merece.

De todas maneras a Buenos Aires no se la conoce en una semana ni se la redescubre en tres. Pero hice lo que pude con el tiempo que tenía. Aproveché las quedadas con mi amigas y con mi familia para visitar los rincones más emblemáticos y organicé algunas juntadas en lugares en los que nunca había estado.

Así fue como redescubrí la Buenos Aires querida de Gardel, esa “ciudad de la furia” de Cerati y de inviernos de Piazzolla, con sus cafetines de Mores, el moscato, pizza y fainá de los que habla Memphis La Blusera o caminé por la Avenida Rivadavia que evoca Manal. Esa Buenos Aires que seduce, enloquece y atrapa a todo aquel dispuesto a entregarse… ¡y yo me entregué por completo!

El pasado me llama

Entre otras cosas, Buenos Aires es para mi un libro abierto a mi pasado. Mi mirada siempre estará teñida por la melancolía de años pasados. Las esquinas me hablan de tardes de estudios, de “rateadas” con mis amigas de colegio, de amores y desamores, de noches de fiesta o calesitas donde siempre me esmeraba por sacar una “sortija”. También recuerdo una plaza, aunque no sé muy bien en qué parte de la capital está, en la que por primera vez me negué a subir a la calesita porque creía que “yo ya era demasiado grande”. Recuerdo la cara decepción de mi abuelo. Sus 8 nietas nos hacíamos mayores. La verdad es que quería subir, pero tenía más ganas de ser considerada adulta y esa era, para mi, la manera irrefutable de demostrar que quería hacer cosas de grande. Whatever that means.

Una de las historietas que más me divertía leer cuando era chica , aunque no siempre las comprendía, eran las de la querida Mafalda. En esa época mi casa estaba llena de esos cuadernillos rectangulares en los que Quino creó una forma de crítica social a través del humor. Otro personaje de historieta ligado directamente con mi infancia es Clemente, un fanático de fútbol creado por Caloi, y que yo leía en el periódico Clarín con mis abuelos y primas cuando nos juntábamos a comer los domingos: en verano asados en la quinta y en invierno pasta fresca en casa de mi tía y bisabuela.

Todo esto estaba en mi mente cuando el transfer me llevó desde el aeropuerto hasta mi casa y vi pasar por la ventanilla diferentes siluetas de edificios o los carteles con nombres de calle que había olvidado que existían.

Llegué a Argentina justo para celebrar el día de la madre. Como mi hermano estaba lejos y mi hermana trabajaba ese día, le propuse a mi mamá hacer un recorrido “turístico” junto a mi sobrina por los barrios de Monserrat, San Telmo y Puerto Madero. La idea no era hacer una caminata sin itinerario, sino que quería seguir el circuito callejero que rinde homenaje a los personajes de las principales historietas argentinas: el “Paseo de la Historieta”. Era una forma de unir pasado, presente y futuro con tres generaciones tomadas de la mano y conocer juntas esta zona de la capital.

Era domingo: día de la madre, día de fútbol y día de la feria de antigüedades en San Telmo. Mi casa está en Palermo, por lo que desde allí me tomé el colectivo hasta el punto de reunión con mi mamá y mi sobrina. Ese fue mi primer encuentro con la argentinidad al palo: la devoción fanática y extrema por el fútbol. El colectivo, a medida que avanzaba por la Avenida Santa Fe, se iba llenando de camisetas azules y amarillas y de cánticos bosteros… ¡todos a la bombonera!

Me bajé antes de llegar a La Boca, en la esquina de Balcarce y Belgrano, donde están las “Chicas de Divito” que son más de la época de mi mamá que de la mía. Junto a esas mujeres que marcaron la moda argentina de los años 50’ y 60’ empezó un día turístico en la capital. Aprovechamos que el Paseo de la Historieta atravesaba San Telmo para chusemar las tiendas de antigüedades que durante los años que allí viví nunca visité y el mercadillo que cada domingo domina las calles del barrio. El día estaba soleado y cálido, como uno recuerda su infancia… y con esas memorias de una infancia lejana terminamos tomando un helado en los diques de Puerto Madero. Esta zona ahora “exclusiva” fue durante mi infancia una zona conflictiva y abandonada. Durante los casi 20 años que estuve fuera del país la remodelaron y la dejaron divina e ideal para paseos domingueros.

Las calles más emblemáticas

“Las luces se encienden,
calle Corrientes,
se llena de gente,
que viene y que va,
salen del cine,
ríen y lloran,
se aman, se pelean,
se vuelven a amar
y en la Universal,
fin de la noche,
moscato, pizza y fainá…” (Memphis la Blusera)

Otro día aproveché un trámite que tenía que hacer en el centro para tomarme unas horas libres para “patear Buenos Aires”. La avenida 9 de julio, dominada por el obelisco, nunca dejará de sorprenderme… y más ahora que tiene su nuevo jardín vertical. Recorrí la calle Corrientes con sus teatros, cines y restaurantes… y una sorpresa: ¡un paseo de la fama! No sabía que podía encontrarme con “tato bores”, el genio de “olmedo” o con el “gordo porcel” por esas calles. Me asaltaron de sorpresa los recuerdos de cenas en casa de mis abuelos, los viernes o sábados por la noche, junto a mis hermanos y primas en esos “pijamas parties” en los que nos dejaban ver la tele hasta tarde y programas de tv que normalmente no podríamos mirar como los de Olmedo. También el programa de Tato Bores, que ahora me doy cuenta que la inocencia de aquella época no me permitía enteder sus chistes o afirmaciones con doble sentido, pero que aún así me hacía reír.

Regresé a casa recorriendo la avenida Santa Fe, que con tanta crisis, está totalmente diferente a como yo la recordaba. Las gafas de turista regresaron para redescubrir una de las arterias de la capital. Hice una parada técnica muy necesaria: en El Ateneo Grand Splendid, la “librería más bonita de Argentina y una de las más bonitas del mundo”. Está situada en La Recoleta y antiguamente era un cine y teatro al cual yo acudí en mi niñez para ver obras infantiles y ahora vuelvo para admirar la restauración que reemplazó las antiguas butacas por modernas estanterías llenas de libros o el escenario por una cafetería. Me alegra y me fascina a partes iguales que en una época tan digital seamos capaces de mantener ese amor por los libros de papel y, más aún, un espacio como esta librería para degustarlos con tiempo.

Día y noche en la ciudad de la furia

En vez de quedar en casa de alguien, la mayoría de los encuentros fueron al aire libre… para aprovechar la primavera bonaerense que es vibrante y violeta con olor a jacarandá. Uno de esos encuentros fue en la Rosaleda, dentro de los Parques de Palermo. Un manto de colores cálidos cubren la rosaleda y el olor embriagante a primavera estalla en las venas. ¡Qué bonita es la rosaleda! Cuando vivía en “Baires” nunca le presté atención ni la visité en plena “erupción de colores” y ahora me di el lujo de visitarla en la mejor época… y DISFRUTARLA en mayúsculas.

Las tardes de mates con amigas en bares de la plaza Serrano… ¡cómo me gusta poder pedir mate en un bar! Turistas y locales hacen lo mismo en los restaurantes argentinos: degustar las exquisiteces dulces o saladas que ofrece la gastronomía… y mi especialidad es catar tartas, facturas y empanadas de queso! También di varios paseos por el barrio de mi tía, ¡Congreso! Un barrio que nunca me llamó la atención y que ahora, con gafas de turista puestas, he sabido leer y deleitar con su plaza y el Palacio del Congreso de la Nación que es uno de los congresos más grandes del mundo y data de principios del siglo pasado!

 

Durante las noches los barrios protagonistas fueron Palermo –en todas sus variantes y nuevas divisiones como “Palermo Hollywood”, “Palermo Soho”, “Palermo Chico” o “Palermo viejo”- Recoleta y Barrio Norte. Puedo ser turista en Buenos Aires porque la ciudad está viva y se metamorfosea a una velocidad increíble… y ¡todo es nuevo!

Noches llenas de la mejor gastronomía porteña, bares modernos -a los que iba con 16 años y aún se mantienen en pie no voy por dignidad-  y exposiciones de arte. No sé si es que ha crecido el movimiento artístico en la capital o es que yo nunca le había prestado atención.

Descubriendo nuevos rincones

“Ma, ¿te suena el Palacio Barolo?”
Su respuesta fue muda de palabras pero su mirada me lo dijo todo: “OBVIO!!”
“¿Sabías que hacen visitas guiadas con degustación de vino y show de tango?” –en un intento por contarle algo que no supiera.
“Si, algo había oído pero nunca fui”
A esto se suma a la conversación Aldo, el marido de mi madre,: “lo construyó un arquitecto italiano, durante más de 10 años fue el edificio más alto de la ciudad y está lleno de analogías y referencias a la Divina Comedia”

Llamé a una de mis mejores amigas y le dije de tener una “girls night out” empezando con una visita al Palacio Barolo y después… “lo que surja”, que en Buenos Aires eso es sinónimo de “cualquier cosa”. La ciudad ofrece casi un sinfín de posibilidades casi las 24 horas: cenas-show, teatros, cine, bares, restaurantes, cafetines, etc.

La visita guiada al Palacio Barolo superó mis expectativas. ¿Cómo nunca le había prestado atención a este imponente edificio que lleva en pie 94 años? ¡Si hasta tiene un faro en su cúspide! Recorrimos varias plantas del edificio hasta llegar al faro desde donde pudimos ver Buenos Aires desde las alturas, con una panorámica 360… y hasta ¡nos dejaron encender el faro! Tras finlizar la visita guiada nos ofrecieron unos vinos en una de las oficinas que se mantiene fiel a su apariencia de los años 20 y una pareja nos deleitó con esa danza tan sensual que identifica al país: el tango.

Esa noche terminó, por casualidad, en un tablado flamenco (?) en plena city porteña que me trasladó a mi país de residencia con tan sólo un vestido de cola y unas tapas muy españolas que pusieron el broche final a una de las mejores noches de mi viaje por el país.

Buenos Aires no es una ciudad para todo el mundo, pero todo el mundo debería pasar por Buenos Aires. Sus contrastes, sus colores, su ritmo y sus pasiones son únicas en el mundo y sería una pena –y casi un pecado capital- no degustar lo que esta ciudad ofrece por igual a turistas y a locales.

Buenos Aires:

Te llevo conmigo donde quiera que esté y prometo volver a ti siempre que pueda y redescubrirte en cada viaje con ojos de turista pero con todo el cariño de una local.

 

 

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7 pensamientos sobre “Buenos Aires con ojos de turista

      1. Beatriz Aenlle

        Me ha gustado mucho leer este post sobre tu preciosa y fascinante ciudad. He estado dos veces en Buenos Aires y la primera vez me quedé casi un mes porque no podía marcharme…Creo que una vez dijiste que una se puede enamorar de una ciudad ¿verdad?Asi me pasó a mí con Bs As, esa sensación de estar en casa, de estar precisamente donde una debe estar. Que ganas de volver un día ojalá pronto a Buenos Aires…
        “Buenos Aires es el capricho de que los sueños no se cumplan para dejar enamorada la idea de estar vivos…” de un poeta en Bs As

        1. Sinmapa Autor del artículo

          Hola, Beatriz! Si, una se puede enamorar de una ciudad y puedo entender que mucha gente se enamore de mi querida Buenos Aires! Esa frase final del poeta me tocó el corazón, gracias por compartirla! Un fuerte abrazo!

          1. Beatriz Aenlle

            PORQUE BUENOS AIRES

            Porque Buenos Aires
            es el capricho de que los sueños no se cumplan
            para dejar enamorada la idea de estar vivos.
            Porque la soledad es una lentejuela sola
            que es la suma de todas las estrellas.
            Porque se acuesta cenando, si es que puede,
            el postre de una tristeza obligatoria
            para darle razón a la poesía.
            Porque no es de nadie y es de todos
            y tiene todas las edades
            de las mentiras, la trampa y de la muerte.
            Porque de día es una madre inmaculada y laburanta
            y de noche es una puta bella
            arrodillando en su Templo de murciélagos
            los berretines de los hombres
            esquivándoles sus besos,
            por si el amor se mancha.
            Porque le enciende las luces al misterio
            y así desnuda la pureza de lo feo,
            porque es sutil, seductora, silenciosa,
            y sólo responde con un tango
            cuando a su entraña le pisas sus baldosas.
            Porque Buenos Aires pasea en sus esquinas
            los fantasmas de las caricias y los besos
            que por el Alma de las manos ya pasaron.
            Porque el Obelisco junta en su punta
            los naipes bravos donde se enfrentan Dios y el Diablo,
            escolaseando ese maldito juego de la Suerte.
            Porque siembra una idea obsesionada de escaparse
            y en el amague que promete la salida,
            es una amante ofendida
            que se da vuelta en el aire,
            te da un abrazo puro ,
            y renunciás a todo para poder quedarte.
            Porque Buenos Aires tiene el privilegio
            de tener un arcoiris cada noche
            para copiarle los colores
            que tenía Gardel en su garganta!”

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