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Camino a Gili Trawangan: reflexiones en el mar

Por el contrario de lo que muchos suponen, al viajar una madruga mucho. Esta vez amanecí en Padang Bai, como la gran mayoría de los días sobre las 7.30am. Sin sacarme el “pijama”, salí de la habitación para disfrutar de un rico desayuno. Creo que la gente aquí no está acostumbrada a desayunar en pijama… y yo sí. Soy incapaz de ducharme, vestirme y arreglarme a esas horas intempestivas del día.

Crepé verde - similar al que me sirvieron en Bali

Crepé verde, similar al que me sirvieron en Padang Bai

Pregunté qué se servía de desayuno y mi única opción era café sin leche ni azúcar –menos mal que es así como me gusta- y panqueque (crepe) de plátano. Cuando llegó el plato lo miré fijamente, me refregué los ojos y volví a mirar: efectivamente, se trataba de un crepe VERDE. Y cuando digo “verde” no me refiero a un ligero toque verdoso… me refiero a VERDE ALIENÍGENA FLÚO. Pero como expliqué en una entrada anterior en el blog, cuando una está de viaje debe hacer muchas concesiones, entre ellas comer crepes verdes. Si ese panqueque no me mató significa que soy resistente a la radioactividad.

Las 10:30h era el horario establecido por el hotel para realizar el check out y por primera vez en mi vida de mochilera me encontraba en un Guest House en el que no me guardaban la mochila durante unas horas. Esta “restricción” no me dejaba muchas opciones y mi movilidad se reducía bastante, por lo que me fui un par de horas a un café con acceso a internet y me puse al día con emails y noticias del mundo. Los mineros en chile seguían bajo tierra pero era cuestión de horas para que los rescataran con vida a todos, la economía mundial se resentía y Fidel Castro aclaraba que su mensaje había sido malinterpretado. El mundo seguía su cauce natural y yo me alegraba de estar tan lejos de todo eso.

A las 12h salía mi barco rumbo a las islas Gili. Compré un billete para ir en un bote lento ya que costaba una tercera parte de lo que querían cobrarme por viajar en el fast boat y, porque me convencí de que era mejor viajar en el lento para poder admirar los bellos paisajes salvajes, puros e inalterados de Indonesia.

Barco a Gili Trawangan - Indonesia - Islas Gili

Timón del barco que me llevaría a Gili T.

En el barco éramos unas 30 personas, principalmente de origen occidental. Fuimos recibidos por la tripulación con un rico -y gratuito- buffete de plátano frito y café balinés (que es un café con borra, mucha borra). Me serví una tazá de la infusión mágica que cada día me devuelve a la realidad y encontré un sitio en la proa del bote (ok, confieso: me comí como 6 plátanos fritos! Estaban deliciosos!). Me coloqué de cara al sol y aunque hubiera preferido oir el susurro de la inmensidad del mar, el resto de los viajeros aparentemente tenían muchas cosas de las que charlar, por lo que me puse los cascos de mi iPod. Comparto con vosotros la banda sonora que me acompañó en mi viaje las tres perlas al norte de Lombok -es una mezcla ecléctica, pero tuve problemas al cargar mi iPod antes del viaje:

Aunque eterno, realmente valió la pena tomar el bote lento. Contemplar esas montañas cubiertas de vegetación, las playas desiertas enmarcadas en palmeras, las formaciones rocosas en medio del mar… todos los paisajes eran de postal. Me dejé envolver por la atmósfera, cerré los ojos y me limité a sentir la brisa del mar y el cálido sol en mi cuerpo. El entorno invitaba a poner la mente en blanco y entregarse por completo a las experiencias sensitivas. Cuando abrí los ojos de nuevo ya habíamos dejado atrás cualquier indicio de tierra firme y a mi alrededor sólo había agua.

Mar en Indonesia - Camino a las islas Gili

El mar y yo

El mundo se había convertido en ese instante en un gran sitio donde vivir: amable, pacífico, cálido, tranquilo, sencillo, alegre, colorido… y me pregunté por qué siempre me terminaba declinando por vivir en grandes ciudades, con rush hours, tráfico, metro y oficinas grises con horarios estrictos. Me gustaba la sensación de libertad y espontaneidad. Intenté degustar y disfrutar cada instante. Respiré profundo y me limité a observar, vivir en el presente, sin preocuparme por el ayer o por el mañana… algo que se convertía cada vez más común en mi viaje.

Vistas de Indonesia desde el barco a Gili T

Vistas de Indonesia desde el barco a Gili T

Intenté comprender cómo es que habíamos sido engañados para que desde la niñez absolutamente todos creyéramos que nuestros “verdaderos deseos” fueran encadenarnos a una ciudad y seguir meticulosamente las reglas del juego: completar de manera exitosa una carrera universitaria, realizar prácticas en empresas que nos explotan 8 o más horas al día sin retribución económica, para luego conseguir un puesto de trabajo y rompernos “el cuerpo y dejarnos el alma” trabajando horas y horas, reduciendo nuestra existencia a un largo título en nuestra tarjeta de presentación/visita.

Me pregunté cómo es que con 20 días de vacaciones al año -a veces ni siquiera consecutivos-, tiempo insuficiente para una verdadera desconexión y sin posibilidad de adentrarnos en nosotros mismos y preguntarnos si somos felices o no, podríamos mejorar como personas y reconocer nuestras verdaderas necesidades y sueños. ¿Acaso el sistema está pensado justamente para que nunca dispongamos del tiempo suficiente para reflexionar y deducir que todo se nos ha ido de las manos y que la gran mayoría de las personas que vivimos en el s.XXI sólo lo hacemos para trabajar largas jornadas para servir al sistema? Simplemente seguimos para adelante por inercia, como ovejas, empujados por una sociedad que respeta más un abultado CV que los buenos valores de un ser humano. Un sistema que nos “recompensa” por hacer horas extras y nos “castiga” si pedimos excedencia para centrarnos en nosotros mismos. Me pregunté en qué momento nos habían engañado tanto y cómo es que tan poca gente se había revelado ante esto… porque estaba segura de que más de uno en algún momento se había planteado estas cosas.

Reflexiones en el mar - Indonesia

Reflexiones en el mar – Indonesia

Me pregunté en qué momento nos convencieron de que crecer en la escala social era equivalente a crecer como personas y que la “razón” debe imperar sobre el corazón, los anhelos y los sueños. ¿En qué momento nos alejaron tanto de la naturaleza y nos convencieron que lo mejor era vivir en grandes urbes, llenas de polución y horarios compuestos por horas, minutos y segundos? ¿En qué momento nos convencieron para que creyéramos que para ser felices necesitábamos bienes materiales y una sensación ficticia de “estabilidad” enmarcados en la sociedad en la que nacimos? ¿En qué momento nos convencieron de que la rutina era lo mejor que nos podía pasar como personas?

He leído sobre hombres y mujeres, parejas, grupo de amigos e incluso familias enteras con niños pequeños que han derribado estas construcciones sociales y han decidido vivir de otra manera: a SU manera. Han decidido cumplir sus sueños, alejados de lo que la sociedad dicta e impone como “normal” y se lanzaron a perseguir su sueño. Yo quiero liberarme de los grilletes que, casi imperceptibles al ojo distraído y ocupado, nos atan a reglas y normas con las que muchas veces no nos identificamos pero aún así seguimos a rajatabla. Los gobiernos y las grandes fuerzas económicas del mundo precisan que nos metamos de lleno en una rutina para poder manejarnos y controlarnos con mayor facilidad, para convencernos que el último iphone es necesario y que si para los 35años no tenemos hipotecada nuestra vida es que no somos nada ni nadie. Y sin darme cuenta, dije en voz alta: “yo no quiero eso”.

 

¡Tierra firme! Indonesia - Islas Gili

¡Tierra firme! Indonesia – Islas Gili

Estas ideas daban vuelta por mi cabeza cuando, casi 5 horas después de haber dejado atrás Padang Bai, divisé a la mayor de las Gilis: Gili Trawangan. Estas islas tienen fama de ser cada vez más visitadas por los turistas que buscan: marcha y viajes alucinogenos (Gili T); días de buceo y paz (Gili Air) y días de descanso y soledad (Gili Meno).

La incipiente puesta del sol sobre el mar tornó el cielo en una paleta de colores pasteles: rosa, celeste, violeta, amarillento. Ante la inmensidad del mar a mi alrededor, e imaginándome como un puntito en el mapa del globo terráqueo, me sentí feliz y muy pequeña, ínfima. Me sentí libre y confusa… todo a mi alrededor era belleza y paz.

 

Atardecer en el mar - Camino a Gili T

Atardecer en el mar – Camino a Gili T

Aunque la idea de recorrer un destino relativamente masificado no era mucho de mi agrado, tenía muchas ganas de reencontrarme con mis colegas: Martin, Bekkie y Kate. Además, cuando cientos de personas te dicen (y casi que te garantizan) que esas islas SON el paraíso, no puedes dejar de ir a verlo con tus propios ojos. También tienta mucho saber que el destino posee únicamente calles de tierra y que no está permitido el uso de ningún vehículo motorizado.

Llegando a Gili T Indonesia

Llegando a Gili T

Me bajé en Gili Trawangan, donde Katie y Martin me esperaban junto al puerto para guiarme hasta el hotel, donde se encontraba Bekkie, que había pasado el día en cama por una insolación. Después de una reconfortante ducha de agua fría salimos a cenar a un warongLuego nos dirigimos a la calle principal, donde todos los lunes, miércoles y viernes hay “fiesta y marcha”.

Nos encontramos en Rudy´s, uno de los bares más populares de la zona, con unos chicos alemanes que Martín había conocido en Kuta, Bali. Nos quedamos los 8 tomando algo en ese bar y luego nos fuimos a otro con música y pista de baile, donde charlamos con algunos locales y otros turistas hasta las 4am.

En Indonesia son extremadamente severos con el uso, posesión o venta de drogas. En estas latitudes están prohibidas prácticamente todas las drogas incluso los magic mushrooms que venden en cada esquina! Me pareció ilógico y un poco hipócrita… En fin, Gili T es conocida mundialmente por ser la Gili “marchosa”, razón por la cual cuando pedí un café mientras todos ordenaban cerveza y margaritas de a litros, dejó descolocado a más de uno.

Datos útiles:

Noche en guest House: 100.000 Rupias (habitación doble con baño privado pero ducha de agua fría).
Barco de Padang Bai a Gili Trawangan: 350.000 Rupias (ticket múltiple destino, incluye trayectos: Kuta-Ubud-Padang Bai-Gili Trawangan)
** Tener en cuenta que en las islas Gili solo hay UN cajero automático, y está situado en Gili T, y muchas veces se queda sin “efectivo”, por lo que recomiendo que llevéis dinero en efectivo con vosotros. En prácticamente ningún sitio aceptan tarjetas de crédito.
Comida: 50.000 Rupias

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4 pensamientos sobre “Camino a Gili Trawangan: reflexiones en el mar

    1. Sinmapa Autor del artículo

      Hola, Fran. Gracias por pasarte por mi web! Me puedes escribir cuando quieras, mis datos de contacto están en la pestaña de contacto! Un saludo 🙂

  1. Janice

    Me encantó el post!!! Como todos, pero en éste no sé si es que yo también estaba inspirada, pero me transportaste… Y cuánta verdad verdaderísima hay en tus reflexiones.
    Más más más!!!!
    Besito

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