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Cremaciones en Varanasi

“Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte”, decía el matemático, físico y escritor francés Blaise Pascal.

Yo no quiero pensar en la muerte. No quiero verla, olerla, intuirla, sentirla ni tocarla… pero en Varanasi cualquier intento por evitarla resulta en vano. En esta ciudad sagrada para los hinduistas la muerte está a la vista de todos, expuesta, y coexiste con la vida de una forma tan natural que te obliga a reflexionar sobre nuestra actitud occidental hacia ella y expone con cierta vehemencia nuestro tabú.

RIP-muerte-Varanasi

En la mayoría de países occidentales evitamos hablar sobre la muerte. No sólo no queremos hablar de ella, sino que la escondemos e intentamos no “mirarla”. La marginamos y confinamos a hospitales y tanatorios. Velamos a nuestros muertos –casi siempre- en un ataúd de madera cerrado y nuestras lágrimas se derraman sobre el cajón, generando así una barrera entre “la muerte” y “los vivos”. Una distancia infranqueable social y culturalmente.

ataud- cremaciones en varanasi

La muerte de una persona ceracna y familiar se vive con profunda tristeza. Lloramos la pérdida y nos cuesta asumir la ausencia. La muerte significa la desaparición, el “fin” de un camino; no sólo en la tierra, sino simplemente el FIN con mayúsculas. Para algunos el “alma” de ese ser se va al cielo (o al infierno, depende de cómo se haya comportado durante su vida) y para otros es simplemente el final de la existencia: el cuerpo se descompone. FIN. Pero para los hinduistas la muerte es sólo un paso más en la larga existencia de una persona y por ello se experimenta con naturalidad y cierta serenidad la despedida final… y presenciar las cremaciones en Varanasi da fe de ello.

Primer contacto con las cremaciones en Varanasi

“Creman personas en la ribera del Ganges, ¡es impresionante! Se ven los cuerpos chamuscándose en las llamas y a veces se ven cadáveres o pedazos de cadáveres flotando en el río…”, me relataba una amiga que había pasado mucho tiempo en Varanasi. Yo la escuchaba, horrorizada, mientras en mi mente aparecían imágenes atroces de personas carbonizadas y descuartizadas. “No estoy muy segura de querer presenciar eso”, le dije al final de su descripción, “me parece atroz y bárbaro, no necesito ver esas imágenes. Luego no habrá quién me las quite y tendré pesadillas con ello el resto de mi vida”.

cremaciones en varanasi

Varanasi y el río sagrado Ganges

La primera vez que fui a Varanasi fue con un tour organizado por la Oficina de Turismo de India para algunos periodistas. Junto al guía nos subimos a una pequeña embarcación y navegamos los pocos cientos de metros que nos separaban de Manikarnika Ghat, el crematorio principal de la ciudad. Eran cerca de las 7 de la tarde y la ciudad ya estaba sumida en la oscuridad de la noche. A la distancia ya se veía el color anaranjado del fuego barnizar las edificaciones de la zona y columnas de humo alcanzar el cielo. El barquito frenó su marcha justo frente al Ghat, a unos pocos metros, y desde esa distancia se podían apreciar unas cinco piras y mucha gente moviéndose entre ellas, junto a vacas y perros. Desde donde yo estaba la esena parecía simplemente un grupo de amigos alrededor de unas fogatas a orillas del río, y era difícil imaginar que entre esas maderas ardientes había cadáveres reduciéndose a cenizas. Incluso me sorprendió que no hubiera olor a “carne humana chamuscada”. No nos quedamos mucho tiempo allí, por lo que no me dio tiempo a procesar lo que había visto y conectarlo mentalmente con el final de la vida de 5 personas. Quizá el mecanismo de negación estaba funcionando y simplemente dejé que mi cabeza siguiera absorviendo las otras escenas rocambolescas que sólo se pueden ver en India.

Ghat crematorio principal de noche visto desde una pequeña embarcación en el río Ganges

Manikarnika Ghat de noche visto desde una pequeña embarcación en el río Ganges

A la mañana siguiente volvimos a tomar una embarcación para ver el amanecer y regresar al Ghat crematorio, pero con la mala suerte (es políticamente correcto decir esto?!) de que en ese momento no se estaban llevando a cabo ninguna incineración funeraria. Algo raro teniendo en cuenta que el promedio de cremaciones al día en la ciudad rondan las 200. Esta vez desembarcamos en el Ghat y recorrimos las callejuelas que están justo detrás del crematorio donde vimos toneladas de troncos apilados y listos para ser pesados y vendidos a precios exorbitantes a los dolientes.

Ghat crematorio principal de día, visto desde una embarcación sobre el río Ganges

Manikarnika Ghat de día, visto desde una embarcación sobre el río Ganges

Mi primera aproximación al “antyesti” o ritual funerario hinduista fue “superficial” y escueta, pero unas semanas más tarde regresaría para quedarme en Varanasi una semana e intentar comprender esta milenaria tradición.

Las creencias hinduistas sobre la  muerte y la reencarnación

Para entender las cremaciones es importante conocer un poco sobre la fe que los hinduistas profesan. En la intrincada, diversa y compleja religión hinduista hay más de 300 millones de dioses y los escritos sagrados datan del año 1500 a.C. aproximadamente, pero simplificándolo se puede decir que los hinduistas creen que Brahman, el Absoluto, sostiene el universo y es considerado “EL” Dios entre los dioses. La ambición principal de un hinduista es “convertirse en uno” con Brahma y alcanzar así el “moksha, es decir, el fin del ciclo de reencarnaciones.

La vida continúa... Esta instantánea fu tomada a tan sólo 50 metros del ghat crematorio principal

La vida continúa… Esta instantánea fu tomada a tan sólo 50 metros del ghat crematorio principal

Las reencarnaciones, si no se cortan, pueden ser ciclos de cientos y miles de años y será el karma de cada persona lo que determine en qué o quién se reencarna. Los hinduistas creen que las reencarnación perpetúan indefinidamente la separación de Brahma.

Es por esta razón que para los hinduistas la muerte no es causa de tristeza, sino que ellos tienen una posición positiva al pensar que esa persona ya puede seguir el camino hacia la liberación. El fallecido está un paso más cerca de Brahma. Para ellos un funeral no es para demostrar cuán tristes están por la muerte del amigo o familiar, sino para mostrarle su respeto y desearle buen camino.

El rito funerario hinduista

En la religión hindú el rito funerario es un acto de “sacrificio final” capaz de conducir a la persona a la inmortalidad, cortando así el ciclo de reencarnaciones. Para el hinduismo, la cremación libera la esencia espirutal de una persona y es muy importante seguir ciertos pasos para que la transición sea fluida y exenta de problemas. Además, se cree que se tiene más posibilidades de conseguir el moksha si se realiza en Varanasi, a orillas del río sagrado Ganges. Esta es la razón por la que tantos seguidores de esta fe deseen fervientemente morir en la ciudad sagrada.

Uno de los Ghats cercanos al crematorio principal

Uno de los Ghats cercanos al crematorio principal

Unas semanas más tarde, cuando el tour oficial del gobierno de India se había acabado, regresé a Varanasi. Esta vez sola y con mucho tiempo para vivir la ciudad a mi ritmo. Me alegro de haber regresado. Me alegro de haber pasado una semana entre esas callejuelas cargadas de vida y muerte, energía espiritual… donde se condensa lo mejor y lo peor de India. Donde en pocas calles puedes descifrar la realidad de un país de contrastes.

Durante mi segunda visita a Benarés, como también se la conoce a la ciudad sagrada, visité en tres ocasiones los Ghats crematorios. A Manikarnika Ghat fui dos veces con diferentes viajeros que conocí y querían que los acompañase. La tercera vez llegué, de casualidad, a Harishchandra -el crematorio menor- y fue allí donde pude sentarme a unos 20 metros y observar el ritual completo. Una de las cosas que me llamó la atención fue que no había mujeres. Entre las decenas de “aprovechados” que a cambio de unas rupias te explicaban sobre la ceremonia, conocí a uno que sin pedirme nada a cambio me explicó que las mujeres (amigas  familiares del difunto) no tienen permitido asistir a la cremación dado que se cree que son más propensas a llorar y en el hiduismo se considera que los fluídos corporales, incluyendo las lágrimas, contaminan al cuerpo y al espíritu del fallecido. Sin embargo si pueden ayudar a preparar el cuerpo para que luego los hombres de la casa lo lleven al crematorio, por lo general en una especie de camilla realizada en bambú y cubierto por un sudario blanco y otras telas anaranjadas con brillos dorados y adornado con flores.

Familiares trasladando un cadáver por las calles de Varanasi hasta el Ghat crematorio

Familiares trasladando un cadáver por las calles de Varanasi hasta el Ghat crematorio mientras un hombre compa comida

El cuerpo lo trasladan los hombres de la casa, siendo el hijo mayor del fallecido el que va liderando la procesión y todos van recitando el mantra: “Rama nama Staya hai” que significa “el nombre de dios es verdad”. En su camino esquivan, como cualquier otro viandante, a vacas, cabras, monos, turistas, rickshaw, motos, bicicletas y las toneladas de basura. Si el fallecido vive relativamente lejos del Ghat, muchas veces los trasladan en la baca de un coche hasta alguna calle cercana y luego lo transportan en la camilla de bambú por el entramado de la ciudad antigua hasta su destino final: el crematorio.

Bajando un cuerpo de la baca de un coche para llevarlo al Ghat crematorio

Bajando un cuerpo de la baca de un coche para llevarlo al Ghat crematorio

Al llegar al Ghat, a orillas del Ganges, el cuerpo es mojado en el río y se lo despoja de las flores ornamentales y las telas anaranjadas -que dejan tiradas ahí mismo, en la orilla del río, dejando el cuerpo solamente envuelto en el sudario blanco.

Después se lo coloca sobre la pira funeraria, por lo general boca arriba si es hombre y boca abajo si es mujer, luego se corta un poco el sudario y se unta el cuerpo con ghee (un tipo de mantequilla clarificada muy común en India) por razones religiosas pero también para que “no huela a carne chamuscada al cremarlo” y se coloca más madera sobre el cuerpo dejando sólo visible la cabeza –y muchas veces los pies-. Ha ocurrido en más de una ocasión que, estando el crematorio totalmente completo, se debe dejar el cuerpo en las escalinatas para aguardar que algún espacio quede libre para ser cremado.

Removiendo entre los desperdicios de otros rituales funerarios a orillas del Ganges

Removiendo entre los desperdicios de otros rituales funerarios a orillas del Ganges

Dependiendo del poder adquisitivo de la familia la madera puede ser de diversos tipos, siendo la de sándalo la más cara. Se suelen utilizar unos 300 o 350kg de madera para cremar un cuerpo y demora unas 3 horas en consumirse. Si para cuando se consume la madera el cuerpo no se ha consumido totalmente, los restos son tirados al río. Es por ello que la gente con más poder adquisitivo no sólo compra mejor calidad de madera, también compra más madera para asegurarse que el cuerpo se quema totalmente, en cambio la gente de menos recursos se tiene que conformar con la madera que puedan comprar (cantidad y calidad)… y si no tienen nada de dinero mucha gente tira los cadáveres al río directamente, sin cremar.

Llevando un cuerpo al crematorio

Llevando un cuerpo al crematorio

En este punto haré un inciso para aclarar que no todos los cuerpos se creman, hay 5 excepciones:

1-    Los niños menores de 3 años porque se cree que aún sus almas están puras por lo que no precisan ser purificados con fuego.

2-    Las embarazadas, porque el feto es un alma pura.

3-    Los leprosos o fallecidos por una enfermedad epidémica, para evitar que se propague.

4-    Los hombres considerados “santos” como los yoguis o brahamanes.

5-    Aquellas personas que han muerto por mordedura de una cobra, dado que se considera que este animal es una de las representaciones de Shiva por ende su veneno es purificador.

En estos cinco casos, los cadáveres son arrojados al río atados a pesadas piedras para que se hundan con facilidad y no queden flotando.

Una vez que el cuerpo ya está colocado y preparado en la pira funeraria, el hijo mayor –o a veces el menor- del fallecido o un familiar cercano en caso de que no tenga hijos enciende una antorcha con el fuego que recoge “del fuego eterno”. Este fuego, según cuentan las escrituras sagradas, lo encendió el Dios Shiva en persona hace más de 3.000 años y la familia que lo cuida día y noche pertenece a una subcasta de los intocables conocida como “DOM” y cobra altas sumas de dinero a las familias para que puedan utilizarlo para la cremación.

Toneladas de madera en la parte trasera del ghat

Toneladas de madera en la parte trasera del ghat

Con esa antorcha encendida el hijo del fallecido debe dar 7 vueltas alrededor de la pira y luego encenderla por la zona de la cabeza si el fallecido es un hombre o por la zona de los pies si es una mujer. En ese momento un sacerdote Brahman lee unos versos del libro sagrado para ayudar a que el espíritu del fallecido pase a la siguiente vida mientras los familiares observan el fuego arder y el dom se asegura que la pira se enciende completamente. Durante las horas que tarda en consumirse la pira funeraria, los familiares se quedan cerca y cada tanto dan vueltas alrededor de la pira en la dirección horaria. Si durante la cremación el cráneo no explota de forma espontánea, el hijo mayor debe golpearlo para ayudar a que se abra. Pero en realidad quienes se encargan de la cremación y los responsables de que el fuego arda de forma uniforme y de ayudar a que el cuerpo se queme “bien” son los dom. Si hay extremidades del cuerpo que se “caen” de la pira, como una mano o un pie, el dom lo coge y lo pone de vuelta en la pira -antes de que un perro se lo coma, me aclara mi guía espontáneo. Si, además, considera que no se está quemando bien el cuerpo, lo pincha o golpea con su bastón de bambú para ayudar a que la cremación sea pareja. Al final, cuando el fuego se ha consumido, las cenizas y los restos que no se hayan consumido en el fuego son arrojandos al río Ganges. Según me cuenta el hombre con quien hablo, han criado y llevado al río cientos de tortugas que se alimentan de carne humana para que se “ocuparan” de los restos mortales arrojados “pero no molestan a los bañistas ni a los que hacen purificaciones”  me dice el chico sentado a mi lado.

Para ese momento el fuego ardía con fuerza y la columna de humo -que no olía más que a madera quemada- se elevaba hasta las nubes que empezaban a cubrir el cielo. A mi alrededor había varios turistas mirando atónitos toda la escena y de lejos se escuchaba el mantra que indicaba que otro cuerpo estaba de camino. Aunque parezca morboso, yo no podía quitar mis ojos de la pira ardiendo. Me sorprendía que no me resultara chocante la experiencia, al contrario. Toda la sencillez y calma con la que era llevada a cabo la ceremonia me transmitía paz.

Una vez que los familiares del fallecido abandonan el crematorio, los dom buscan bajo los restos de la pira cualquier objeto valioso como dientes de oro, anillos, cadenas… La casta de “intocables” es considerada la peor de las castas en india, y la subcasta de doms (encargados de cremaciones y  los muertos en general) es tan mala que se dice que las familias lloran cuando nacen sus hijos pero hacen una fiesta y celebran cuando mueren, porque finalmente se liberan de su terrible situación. Pero además los dom “gozan” de una mala reputación en la sociedad india porque se dice que abusan de su situación y monopolio en el “negocio de la muerte” y cobran exorbitantes sumas de dinero por todas sus labores: cortar y cargar la leña para las piras funerarias, mantenerlas ardiendo las 3 horas, hacerse cargo de los restos mortales no incinerados, etc. y en la actualidad muchos de ellos son ricos a causa de esta situación.

Ecología y tradición van reñidas

A principios de los 90s el gobierno Indio edificó un crematorio eléctrico cerca al río Ganges para evitar que las familias de pocos recursos económicos lanzaran los cadáveres al río y para reducir la contaminación que producen las cremaciones. Sin embargo, la gente sigue prefiriendo el método tradicional, incluso si no puede pagarlo y deben tirar medio cuerpo chamuscado al río. No hay argumento ecológico que valga cuando se habla de alcanzar el moksha.

Crematorio eléctrico. Foto: varanasi.cityseekr.com

Crematorio eléctrico. Foto: varanasi.cityseekr.com

Crudeza, simplicidad y capitalismo

La muerte en Varanasi es gráfica y está expuesta. “Somos un pedazo de carne” y somos finitos. La eternidad sólo le pertenece a los dioses y nuestros cuerpos son simplemente el vehículo de un alma que, reencarnación tras reencarnación, busca alcanzar su liberación final. La muerte en Varanasi es un tema religioso y cultural, atado fuertemente a tradiciones, pero también económico. Es la contradicción misma de la era en la que vivimos. Hay dos llamas que nunca parecen extinguirse en la ciudad: la llama sagrada de Shiva y la llama económica que capitaliza inexorablemente el negocio de morir en la ciudad sagrada.

Cremaciones - Foto: commons.wikimedia.org

Cremaciones – Foto: commons.wikimedia.org

Pero más allá del negocio detrás de la muerte en Varanasi, para una occidental como yo, a quien se la aleja constantemente de la muerte, resulta sorprendente la experiencia. Pero no por ver “muertos calcinándose a la orilla del río”, sino por la serenidad y naturalidad con la que los hinduistas afrontan algo que inexorablemente es parte de la vida: la muerte.

Mujer caminando por las calles traseras del crematorio, rodeada de toneladas de madera listas para los rituales funerarios

Mujer caminando por las calles traseras del crematorio, rodeada de toneladas de madera listas para los rituales funerarios

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4 pensamientos sobre “Cremaciones en Varanasi

  1. Gracia

    Primero darte la enhorabuena por el post! He estado también en Varanasi, y tu post no puede ser más completo sobre el tema de las cremaciones. Cuando estuve allí, la verdad es que tampoco me impresionó tanto como esperaba. No sé si es que uno está ya demasiado metido allí, que acaba normalizando todo lo que ocurre a su alrededor… Sin embargo, el observar lo que estaba ocurriendo allí junto a más turistas no me hacía sentir bien, quizás por eso de si es curiosidad, morbo, por el sentimiento de frialdad hacia lo que estábamos viendo… En nuestra cultura la muerte no la tratamos de la misma manera, y aunque entiendo que si estamos en otro lugar debemos hacer por entender y aceptar lo que vemos, no puedo evitar cuestionar el querer ir expresamente a Varanasi para ver y aceptar eso… Es difícil de explicar, porque todo son contradicciones como todo lo que provoca la India… 😉

    Un saludo viajera

    1. Sinmapa Autor del artículo

      Hola, Gracia! Las cremaciones en Varanasi para una occidental pueden resultar chocantes, pero como dices… al estar allí y ver que para ellos es algo tan natural, no nos “shockea” tanto -o como esperábamos-. Pero no creo que nadie vaya a Varanasi especialmente a ver cremaciones, sino a conocer la ciudad y el Ghat crematorio es parte del escenario y de su cotidianidad. A mi la ciudad me gustó mucho, sobre todo su energía, y volvería una y mil veces!
      Un saludo y gracias por pasarte por aquí!!!! 🙂

  2. Nati

    Decir impresionante es decir poco Gracias por esta información tan completa y tan valiosa para mí ahora que estoy ya contando hacia atrás los días que me faltan para volar

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