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Cremaciones, purificaciones y cotidianidad en Varanasi

Quizá no estaba preparada para Varanasi. Quizá fue el cambio radical tras viajar por grandes urbes como Calcuta o Delhi lo que provocó la conmoción. Quizá haya sido porque a pesar de que se han escrito páginas y páginas sobre esta ciudad siempre ha resultado difícil para sus autores describir la incoherente sensación de caminar por sus callejuelas. Amé y odié Varanasi por sus contrastes permanentes y su habilidad para llevar las cosas –y emociones- al extremo.

Un primer acercamiento general a Varanasi

Varanasi

Varanasi vista desde el río Ganges

Historia, mitos y leyendas

Se dice que Benarés, como también es conocida, es la ciudad habitada más antigua del mundo. El novelista estadounidense Mark Twain dijo que “Benarés es más antigua que la historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas, y parece el doble de antigua que todas juntas”. Ubicada a orillas del río Ganges en el estado de Uttar Pradesh, se la considera la capital espiritual de la India y es una de las siete ciudades santas para el hinduismo, por lo que recibe una vorágine de peregrinos de cada rincón del país.

Vistas de la ribera occidental del río y algunos ghats

Vistas de la ribera occidental del río y algunos ghats

Hay muchas ciudades consideradas “sagradas” en el mundo, pero en Varanasi la espiritualidad te inunda los sentidos de forma sobrecogedora:

la puedes ver en los rostros de la gente al rezar, meditar e incluso purificarse en el río sagrado;
puedes oler sus inciensos y aceites en los altares que se entremezclan con la putrefacción de las pilas de basura y las heces animales y humanas;
saborear su gastronomía local que es la que utilizan también como ofrenda para los dioses;
oír los cánticos, mantras y ceremonias ;
y sentir en tu piel los humos de las piras funerarias que te envuelven y te intoxican al presenciar los rituales crematorios.

Los chats vistos desde el río Ganges

El ghat Munshighat visto desde el río Ganges

Los hindúes viajan  –o anhelan viajar- a Vanarasi al menos una vez en su vida. También van –o anhelan ir- para morir allí porque, según el hinduismo, si creman sus restos mortales en esa ciudad, a orillas del río Ganga como afectuosamente llaman al Ganges, cortan el “Moksha” que es el ciclo de reencarnaciones.

Según algunas escrituras sagradas Varanasi fue fundada por el dios Shiva sobre el año 3000 a.C., aunque los arqueólogos estiman que la ciudad tiene cerca de 4000 años. Originalmente la ciudad se llamaba Kashi -que en sánscrito significa “la espléndida o brillante”- y se cree que era un centro religioso para venerar a Suriá, el dios sol. Todos los cabos se juntan cuando te explican, frente al crematorio principal en el Ghat Manikanika, que Shiva al crear la ciudad encendió una llama que se ha mantenido viva gracias al cuidado de una afortunada familia que se encarga de ella. El “rey de la llama” es el patriarca Dom Raja y sin su autorización no pueden cremar un cuerpo, dado que necesitan encender la pira con este fuego sagrado… ¡que cuesta dinero! Según el estatus social y económico de los familiares del fallecido, la llama cuesta más o menos (la horquilla de precio puede ir desde unas pocas rupias hasta millones) y realmente los hinduistas no pueden negarse a pagar el precio que se imponga. De lo contrario, la reencarnación vuelve a ser una oscura y terrorífica posibilidad. Uno de los mayores miedos es reencarnarse en una mujer, y eso dice mucho de la sociedad India.

Un sadhu meditando en uno de los Ghats

Un sadhu meditando en uno de los Ghats

Templos

En las intrincadas y confusas calles se levantan más de 2000 templos, entre ellos el Kashi Vishwanath o “Golden Temple” dedicado al dios Shiva que es celosamente custodiado por centenares de policías (y en esta ocasión NO estoy exagerando). Resulta que el templo está pegado a la mezquita Gyanavapi  y se teme un ataque por parte de los ultrahinduistas o de integristas islámicos, y también se temen posibles saqueos (por sus más de 800kg de oro en la cúpula) por lo que la zona es vigilada 24 horas al día, 365 días al año. Cada tanto realizan un simulacro de atentado –sin avisarte, claro- y de repente suena una sirena aguda e intensa y los policías despejan la zona en pocos minutos. A mi nadie me había contado de estos simulacros y ¡me pegué el susto de mi vida! Empecé a correr por las calles sin saber bien a dónde ir –ni por qué estaba corriendo- y perdiéndome en cada esquina. Tanto me perdí que después de 15 minutos volví a aparecer en la esquina del templo.

Ghats

Pero donde realmente transcurre la vida –y la muerte- en Benarés, es en los más de 100 ghats a lo largo de la ribera occidental del Ganges. Los ghats son, básicamente, unas largas escalinatas que desembocan en el río y donde los locales suelen pasar gran parte de su día. Fueron construidas durante el siglo XVIII y cada una de ellas tiene un nombre y una función, por ejemplo en Dasaswamedh, el Ghat principal, se realizan dos veces al día las ceremonias para honrar a la diosa Ganga, o los ghats más energéticos son utilizados para crematorios. Peregrinos, creyentes y locales acuden a ellos a diario ya sea para darse un “baño purificador” por la mañana para lavar sus pecados en el río sagrado, para presenciar las ceremonias en honor a “Ma Ganga” o lavar y cremar sus muertos…

Leyendo en uno de los ghats

Leyendo en uno de los ghats

Uno de los más de 100 Ghats en varanasi

Uno de los más de 100 Ghats en varanasi

Los ghats son un lugar único donde una se puede pasar el día entre vacas, cabras, monos, perros… niños volando cometas, hombres y mujeres realizando tareas cotidianas y domésticas, turistas tomando fotografías o paseando en las barcas… Sadhus (hombres cubiertos en cenizas y cal) pidiendo una moneda a cambio de dejarse fotografiar (pero no todos son reales, ¡pero en la foto nadie lo nota!), mendigos pidiendo monedas, atrapa-turistas que te ofrecen desde un paseo en barca hasta un masaje de pies ahí mismo, en los sucios peldaños. Allí también se juega en el agua, se lava la ropa o los utensilios de cocina, se dan paseos, se charla, se medita o se hace yoga. También a orillas del río se juega a las cartas, se come, se bebe un chai, se preparan comidas, se pintan cuadros, se escribe, se lee o se duerme. Es el lugar perfecto para que los locales vendan diferentes productos –desde una tuerca oxidada hasta un plato de comida o un tomate machucado- y servicios –desde bendiciones hasta guías turísticas- o para timar a algún incauto turista. El epicentro de la vida de Benarés son los ghats.

Rezando la diosa "Ma Ganga"

Rezando la diosa “Ma Ganga”

Pintando Varanasi

Pintando Varanasi

Jugando con una cometa en uno de los más de 100 ghats.

Jugando con una cometa en uno de los más de 100 ghats.

Cuatro amigos jugando a las cartas a orillas del sucio pero sagrado río Ganges

Cuatro amigos jugando a las cartas a orillas del sucio pero sagrado río Ganges

Lavando la ropa en el río Ganges

Lavando la ropa en el río Ganges

Una siesta en las escalinatas

Una siesta en las escalinatas

Hombre-santo vendiendo sus cuadros en las escalinatas

Hombre-santo vendiendo sus cuadros en las escalinatas

Lavándose los pies en el río sagrado

Lavándose los pies en el río sagrado

Todos pasan en algún momento del día por algún ghat y todas las contradicciones se dan cita allí: te hablan del buen karma, pero te timan. Adoran y veneran al río pero lo ensucian. Santifican la ciudad, pero la maltratan. Hablan de –y piden- respeto pero unas cuantas rupias te exonerarán de cualquier falta que cometas. No es un lugar fácil de entender y menos de asimilar.

Durante las mañanas los Ghats se llenan de vida

Durante las mañanas los Ghats se llenan de vida

Baños purificadores, rezos y meditaciones antes de que salga el sol por el horizonte

Baños purificadores, rezos y meditaciones antes de que salga el sol por el horizonte

Benarés, ciudad de Brahmanes

Entre las delgadas líneas que dibujan la ciudad aún se pueden encontrar eruditos, filósofos hinduistas, astrólogos, expertos en ayurveda, escritores, pintores, músicos y todo tipo de personas que llegan o viven el ciudad para llenarse de la atmósfera creativa y espiritual. Es también en Varanasi donde viven muchos “Brahmanes” que en el sistema de castas de India, es la casta superior porque se cree que son los portadores del poder sagrado que sostiene el universo. Según el libro de las Leyes de Manu, los brahmanes son “dioses entre los humanos” y poseen un conocimiento infinito; además de ser los verdaderos entendidos del hinduismo. Es por ello que se dice que Buda llegó a Varanasi (Sarnath – 10km de la actual Varanasi) para comenzar su religión porque se creía que al menos que pudieras probar y defender tus conocimientos ante los Brahmanes de Varanasi, nadie te creería y serías un “charlatán del montón”.

Los brhamanes son quienes realizan la ceremonia en honor a la diosa Ganga

Los brahmanes son, además, quienes realizan la ceremonia en honor a la diosa Ganga

Tráfico

Si te alejas un poco de los ghats y te adentras en la ciudad descubrirás que el ritmo pausado se torna en un verdadero universo paralelo frenético y caótico de personas, rickshaws, vacas, bicicletas, cabras y coches que se pelean a bocinazo limpio, empujones o gritos por avanzar por las estrechísimas calles que componen los mercados hasta la avenida principal. Parece una prueba de obstáculos insuperable y es casi imposible “dar un paseo” por allí sin ser arrastrado por una fuerte marea de personas que avanzan sin mirar a quien empujan o a quien pasan por encima. La tavesía te obliga a ir esquivando animales y vehículos mientras las bocinas te ensordecen y la única manera de llegar sana y salva a la meta es poniendo todos tus sentidos en alerta. En esas esquinas se pierde la espiritualidad… en esas calles se olvidan los principios religiosos y hombres, mujeres y niños son poseídos por los demonios de la furia. Esas calles son el vivo espejo del salvajismo en estado puro y la única ley que parece gobernar es la del más fuerte (ya sea en claxon, empujones o velocidad y peso).

Estrechas calles en la zona más antigua de la ciudad

Estrechas calles en la zona más antigua de la ciudad

Eternamente Varanasi

Varanasi es misterio, espiritualidad e historia a la vez que es caos, mundanidad, pobreza y desigualdad. No alcanzaría una vida para comprenderla, descifrarla o describirla. La ciudad tiene el poder de polarizar las emociones, llevando cada sentimiento a sus extremos de forma permanente. Caminar por sus calles no resulta una tarea sencilla: satura y encanta. Repele y atrae. Angustia y consuela. Mortifica y tranquiliza. Enferma y sana. Pero si hay algo que Varanasi logra es generar un fuerte e inolvidable impacto en sus visitantes. Siempre. Eternamente Varanasi.

Vaca y lechero, codo a codo, en una de las cientos de estrechas callejuelas que componen la sagrada ciudad de Varanasi

Vaca y vendedor de chai en una de las cientos de estrechas callejuelas que componen la sagrada ciudad de Varanasi

Hombre en su negocio de Varanasi

Hombre en su negocio de Varanasi

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5 pensamientos sobre “Cremaciones, purificaciones y cotidianidad en Varanasi

  1. Macarena Sierra

    Entrada esclarecedora y descriptiva que aporta todos los datos necesarios para barajar si visitar o no el lugar.
    Estoy loca por viajar a la India, pero he de reconocer que aún no sé si estaré preparada para ello.
    Un saludo

  2. Diana Garcés

    Tus reseñas como siempre geniales. Yo me perdí la ida a Veranasi, al final desistimos, pero de verdad que me hubiese gustado mucho. Me apuntaré tus consejos e ideas. Muchas gracias.

    PD: Preciosas fotos 🙂

  3. Nati

    Creo que es lo más clarificador (he elegido este adjetivo descartando bonito, terrible, etc) que he leído de Varanasi. Tengo previsto empezar mi viaje allí, inocente de mí que quería evitar Delhi como arranque por no enfrentarme a la tumultuosa capital, así de entrada
    Te Imagino en tu reto, te deseo lo mejor y te envió toda la buena energía de la que soy capaz.

    1. Sinmapa Autor del artículo

      Gracias, Nati!!! India te pone a prueba constantemente… pero es cierto que hay destinos mejores que otros para adentrarse en el país. Rishikesh suele ser un buen punto de entrada y está cerca de Delhi (por si aterrizas allí!). Un saludo!

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