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Destinos terroríficos

Se acerca Halloween, esa fiesta que los americanos nos metieron con calzador a todos y exportaron la tradición del “treat or trick”, los dulces y las calabazas desperdiciadas como candelabros improvisados…

Pero, ¿eres de los que disfruta visitando casas encantadas, paisajes naturales espeluznantes y te encantan las historias de terror? Si quieres tener miedo de verdad, el mundo está lleno de sitios -naturales o creados por el hombre- que erizan los pelos y te cortan la respiración…

Como yo soy una miedosa de libro, he visitado pocos sitios que dan miedo de ese “que te ensucian las bragas/calzones!”. Es por ello que para completar este post he pedido ayuda a otros colegas bloggers valientes que han visitado los rincones más oscuros y tenebrosos del planeta… ¿os animáis a viajar a los destinos más terroríficos del planeta?

Casa encantada via Shutterstock

Casa encantada via Shutterstock

DESTINOS TERRORÍFICOS

 

1. Hotel encantado en Merlo, San Luis, Argentina
Hotel encantado. Crédito: Walter Che Toba

Hotel encantado. Crédito: Walter Che Toba

Habíamos llegado a la noche muy tarde a la localidad de Merlo, provincia de San Luis, Argentina. No teníamos reserva, de hecho no había planes de pasar por la ciudad pues cambiamos el camino de vuelta a casa desde otro destino.

Llegamos al hotel pasadas las 12 de la noche, fue lo primero que encontramos en las afueras del pueblo, estaba cansado y no quería dar vueltas por el centro. El hotel era grande, colonial, viejo y escapaba a nuestro presupuesto pero decidimos quedarnos igual, era muy bonito, pena que no  dormimos sólo en nuestro cuarto, el precio además de cochera, wi-fi y desayuno incluía a un fantasma.

Dos veces por la noche me desperté con la sensación de que alguien estaba en el cuarto pero no veía nada hasta que de pronto mi hija grita en la noche y me dice: “papá tengo miedo, siento que hay alguien..”, “No pasa nada, soñaste” y me quedo en su cama hasta que se duerme pero yo no me podía dormir hasta que… LO VI, había una figura humana sin cabeza semireflejada en el espejo. No me volví a dormir y prendí todas las luces….

A la mañana para el desayuno ya bajamos con las valijas hechas y el dueño nos dice. “Cómo, ya se van?” y con cara de pocos amigos le dije, “Si, no suelo descansar si al dormir me mira un fantasma”.

El señor que servía fue y lo llamó al dueño que vino pronto a la mesa y me dijo… “Me puedo sentar? Cómo es que usted vió un fantasma? Acaso ya estuvo en el pueblo y le hablaron de la leyenda de éste hotel?, creo que es una conspiración para que me vaya mal con el nuevo negocio que estoy emprendiendo”…. A eso le respondí: “No sé si es una conspiración o no pero usted tiene a un fantama sin cabeza en el hotel! Y no, yo no estuve nunca en ésta localidad y no hemos pisado el pueblo aún…”.

Rápidamente llamó a la familia, querían saber detalles y me confiesa: “Luego de que compré éste hotel me contaron de la historia de que el anterior propietario encontró en el parque del  hotel a su mujer teniendo sexo co su mejor amigo y  cómo éste estaba podando árboles en ése momento, con un machete le cortó la cabeza… Pensé que era una leyenda local”.

Les aseguro que los dos nos miramos con la piel de gallina sin saber que más agregar. No voy a mencionar el hotel, pero si les dejo una foto.

Texto y fotografía de Walter del blog Che Toba

2. Transilvania, Rumania
Castillo de drácula. Crédito: Universal Graveler

Castillo de drácula. Crédito: Universal Traveller

Un clásico destino escabroso lo encontramos en Rumanía, concretamente en la región de Transilvania. Se trata del Castillo de Bran. Muchos lo relacionan con el famoso Vlad Tepes, también conocido como el príncipe empalador, en quien Bram Stoker se inspiró para escribir “El Conde Drácula”. De ahí que este castillo haya sido siempre conocido como el de Drácula. Pero todo parece indicar que  el “supuesto” vampiro nunca vivió allí, y que el tétrico castillo, con historia propia muy vínculada a la realeza rumana, solo sirvió de inspiración para el autor. Eso sí, el castillo da miedo independientemente de su relación con el vampirismo. ¡No creo que me atreviese a dormir solo una noche allí!

Texto y fotografía de Daniel Viera Rivas del blog Universal Traveller

3. San Luis, Senegal
Hostal del terror en San Luis. Crédito blog Apeadero

Hostal del terror en San Luis. Crédito: Apeadero

Acabábamos de llegar a Dakar, la capital de Senegal, y como nos fue tan complicado encontrar un alojamiento económico, decidimos reservar por Internet un hostal en San Luís, nuestra siguiente escala. En aquella época era complicado tener referencias de los alojamientos y nos guiamos por el nombre: “Cafe des Arts” sonaba bien y no estaba lejos del centro.

Tras un tortuoso viaje de 8 horas que merece otro artículo aparte y en el cual Núria casi muere deshidratada, llegamos a San Luís deseosos de descansar en nuestro hotelito. San Luis presentaba el típico aspecto de una ciudad colonial decadente, pero con cierto encanto. Las casas estaban un poco deterioradas, pero habitables. Nos gustó aquella primera imagen, pero lo que no esperábamos era que nuestro hotel retorciera hasta el extremo el concepto de “decadencia”.

Aquello no era decadente, aquello estaba que se caía. Parecía una zona recién bombardeada. Tuvimos que pasar sobre escombros para poder llamar a la puerta. Tardamos un buen rato en darnos cuenta que no había electricidad y por eso no sonaba el timbre. Nos abrió un senegalés poco amistoso, que nos llevó a una habitación destartalada, con muebles antiguos, un baño asqueroso, arañas del tamaño de un puño y ratas. Esa noche escuchamos a los roedores caminar a nuestro alrededor rebuscando en nuestras mochilas los restos de comida que pudieran quedar. Pero aguantamos, nos quedamos allí las 3 noches que habíamos pagado incluso a pesar de que la segunda noche la madera carcomida de la cama cedió y la cama se quedó literalmente coja en mitad de la oscuridad, entre las ratas y las arañas en aquella casa ruinosa y sin luz eléctrica.

Texto y fotografía de Ivan Gadea del blog Apeadero

4. Bosque en Sokcho, Corea del Sur
Bosque en Corea del Sur. Crédito: Titin Round the World

Bosque en Corea del Sur. Crédito: Titin Round the World

 

Pequeña y necesaria aclaración: el destino no es el problema, el problema soy yo.

Es que soy de esa clase de personas que se mete donde no debe. Que si mira una película de terror y ve a la protagonista adentrarse en una casa abandonada va a gritar indignada: QUÉ HACÉS BOLUDA, NO TE METAS, CLARAMENTE VAS A MORIR.

Pero en la vida real:

*va Angie caminando por un bosque*

Oh…un pequeño pasadillo tenebroso, ¿me pregunto a dónde llevará? *se mete tarareando cual Caperucita Roja*.

Y encima tengo más imaginación que la mierda y he visto muchas series y películas que fomentan dicha imaginación.

Siguiendo estos parámetros, ahí me encontraba yo, dando vueltas en un bosque en Sokcho, Corea del Sur.

Como siempre en los bosques, estaba el camino marcado y ese caminito que se hace naturalmente: los escalones marcados por las raíces de los árboles y que lleva vaya uno a saber dónde. Que subís pero tal vez no podés bajar.

Adivinen por dónde fui.

Empecé a subir para darme cuenta que NO HABÍA CHANCE que pudiese bajar por ahí (a menos que rodase): estaba empinado, patinoso y lleno de raíces. Ni hablar que el silencio era absoluto, el aire se había puesto pesado y todas las películas de terror asiáticas empezaron a rondar mi cabeza. Seguro aparece Samara y me susurra 7 days.

Seguí subiendo, el camino empezó a desaparecer, se puso tremendamente empinado por lo que me la pasé a lo mona chita yendo de rama en rama como podía y terminé en el peor escenario asiático posible: un claro con una silla vieja dada vuelta en el medio.

Una cosa es encontrarte con esto a la vuelta de tu casa, pero encontrarte con esto en Asia es como que tu muerte está echada. Los hechizos milenarios se van a conjurar sobre tu cabeza, todas las leyendas se van a hacer realidad y vas a morir violentamente.

Otra foto del bosque que aterrorizó a Angie de Titin Round the World

Otra foto del bosque que aterrorizó a Angie de Titin Round the World

Con el corazón a mil seguí caminando sin mirar para trás y con la cabeza llena de: quién carajo me mandó, por qué siempre hago lo mismo, voy a morir y por idiota.

Al cabo de media hora, una abuela salió de entre las ramas. Me miró, la miré y cuando comprobé que no era anciana maléfica ni embrujada, empecé a seguirla y al cabo de media hora más, estábamos en el camino correcto.

Lo escabroso terminé siendo yo: la cara roja con expresión de susto y paranoia, respirando agitada (mezcla de cansancio y miedo) persiguiendo una anciana por el medio de un bosque en Corea del Sur.

Texto y fotografías de Angie D’Errico del blog Titin Round the World

5. Villa Lago Epecuén, Buenos Aires, Argentina
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Villa Lago Epecuén. Crédito: Mariano del blog El Gran Viaje

Villa Lago Epecuén fue uno de los principales destinos de turismo termal de Argentina desde su fundación en 1921. Por su alto contenido de sal (comparable al Mar Muerto), la laguna Epecuén era bien famosa en el país por sus propiedades curativas.  Llegó a tener capacidad hotelera para más de 5000 personas, además de una población estable de unos 1500 habitantes.
Pero todo esto fue hasta el año 1985, cuando de manera totalmente inesperada, el agua comenzó a subir gradualmente hasta sepultarla por completo, alcanzando más de dos metros de altura. Pero esto no fue lo más grave, sino que el agua se mantuvo en ese nivel por 25 años: recién en el 2010 el agua empezó a bajar y a mostrar lo que había sido alguna vez una flamante villa turística. El panorama presente hoy en la zona es trágico, desolador y apocalíptico. Villa Lago Epecuén merece mucho la pena ser visitado.

Texto y fotografías de Mariano Cadeneau del blog El Gran Viaje.

6. Cementerio de niños en Sucre, Bolivia
Foto de Samanta Cortés y Ariel Concolino del blog En Donde Sea

Cementerio de Sucre. Foto de Samanta Cortés y Ariel Concolino del blog En Donde Sea

Cuando llegamos a Sucre, Bolivia, vimos que el Cementerio General estaba marcado como uno de los atractivos turísticos de la ciudad. Nos pareció llamativo, ya que a excepción del de La Recoleta, nunca habíamos pisado un cementerio con “fines turísticos”. Decidimos ir.

Lo primero que nos pareció inusual fue el “servicio” que prestaban un grupo de niños en dicho cementerio… ¡Trabajan llorando muertos! Iban con una escalera de un lado para otro rezando y llorando muertos ajenos por dos pesos bolivianos. Pero sin duda, esto nos pareció mucho menos escabroso que lo que estábamos a punto de ver: la sección de niños del cementerio. En ella, había fotos de las criaturas fallecidas con montones de juguetes colocados entre el cristal y la losa de la tumba. Tenían también un vaso de agua para que las almas viniesen a beber. Inevitablemente, esta estampa te hacía relacionar la carita de los muertos con sus juegos favoritos y decidimos salir de allí, pensando de dónde había salido esta tradición. Nos pasamos varios días con las imágenes de los niños y sus juguetes en la cabeza, y todavía hoy, es uno de los recuerdos más patentes que tenemos de nuestra visita a Sucre.

Texto y fotografías de Samanta Cortés y Ariel Concolino del blog En Donde Sea

 

7. Cárcel S21, Camboya
Guia de viaje Phnom Penh

Prisión S 21 – Phnom Penh

Uno de los sitios que me ha puesto los pelos de punta y que podía sentir a cada paso una energía aterradora muy fuerte fue el centro de detención, interrogación, tortura y ejecución creado por los jemeres rojos en la capital camboyana para deshacerse de los “enemigos” del régimen Kampuchea Democrática. Lo que en su momento fue el colegio Tuol Skay Prey, para muchos camboyanos se convirtió a partir de 1976 en un centro de la muerte conocido como “S-21” o “Prisión de Seguridad 21”.

Hoy se ha convertido en el Museo de los Crímenes Genocidas donde se recuerda el paso de 14.000 personas, de las cuales sólo 12 sobrevivieron. Durante el recorrido pude visitar las celdas que aún conservan algunos objetos de los detenidos y asesinados allí, así como también puede ver las inhumanas salas de tortura que no dejan lugar a dudas del martirio por el que pasaron esas personas. Una de las salas está plagada de fotografíasy créeme que cuando la visites se te pondrán los pelos de punta. Es un sitio del terror…

8. Pueblo abandonado de Vogelsang, Alemania
Pueblo abandonado Vogelsang. Crédito: Valen Correa

Pueblo abandonado Vogelsang. Crédito: Valen Correa

No me gusta pasar miedo, no lo voy a negar, siempre odié las películas que asustan, no me gustan las historias de terror… Sin embargo me vuelven loca los lugares abandonados y la verdad es que algunos de ellos ponen los pelos de punta.

Uno de los lugares abandonados más peculiares que he visitado ha sido un pueblo abandonado a pocos kilómetros de Berlín. El pueblo como tal era una tapadera, en la realidad se trataba de una base militar en la que se escondían misiles de importante potencia. Hoy en día aún se puede visitar una gran parte de los edificios que formaban el complejo entre los que se encuentran un teatro, una escuela, casas particulares y edificios institucionales, cada uno más especial que el anterior y todos ellos dan para que la imaginación y la paranoia juegue a sus anchas.

Una de las mejores maneras de poder descubrir el pueblo entero es pasando una noche en sus alrededores y tengo que admitir que fue una de las noches en las que menos he dormido en mi vida. Después de caminar por el lugar y descubrir un poco de su historia el sol comenzó a ponerse y nosotros a buscar refugio bajo un árbol cercano. Pasar la noche a los pies de Vogelsang fue una experiencia única y que probablemente no repetiría, es imposible no pensar en todo lo que allí habrá sucedido, en silencio, con tan solo la luz de una lámpara dentro de una carpa. Una experiencia recomendable si te gustan las emociones fuertes.

Texto y fotografías de Valen Correa del blog Un Poco de Sur

9. Parque Nacional de Bokor, Camboya
Parque Nacional de Bokor. Crédito Eliana Barrionuevo

Parque Nacional de Bokor. Crédito Eliana Barrionuevo

Sin dudas el lugar que visité que más miedo me dio fue el Parque Nacional de Bokor, cerca de la ciudad de Kampot, en Camboya. Se trata de un ex asentamiento francés construido en la decada del 20 en la cima de una montaña. Pueden visitarse los restos de un hotel/casino y una Iglesia Católica entre otras ruinas. Hasta allí todo normal, pero el clima húmedo del lugar le suma un toque fantasmagórico: durante gran parte del año una neblina espesa dificulta la visión y las ruinas emergen tras ella cuando menos lo esperas. Y aquellas que aún no cayeron en la mano reestructuradora de la industria del turismo, conservan en sus paredes años de moho que le dan un aspecto de pelicula de terror. Puede visitarse en el día alquilando una moto, pero recuerden llevar casco o te cobran una especie de multa (sólo a los turistas :D).

Texto y fotografías de Eliana Barrionuevo del blog Dar Vuelta al Mundo

 

¿Qué destino te ha dado más miedo? ¿Conoces otro destino “de terror”? Compártelo en la sección de comentarios más abajo!!!! Deseando escuchar tu historia!

 

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