Sinmapa

Empezar un viaje nunca es fácil aunque tengas experiencia

viaje en aviónMe voy de viaje. Aún no tengo una fecha cerrada y el trazado de la ruta todavía es difuso. No sé muy bien si empezar por Irán, por Tailandia (que ya lo conozco y Bangkok es una buena ciudad para dar el pistoletazo de salida a cualquier andanza por Asia y tener así unos días de aclimatación para poner el “Traveller mode: ON”) o directamente volar a Nepal (bueno, con escala porque no hay vuelo directo desde Madrid). Me voy, pero todavía no decidí bien por dónde empezar. Luego la ruta se dibuja sola.

La inercia de la rutina crea una especie de campo magnético fortísimo a mi alrededor y la lucha por liberarme es dura. Todavía no he pedido cita en el centro internacional de vacunación, no he mirado los vuelos, ni requerimientos de las visas. Tampoco me he informado sobre las costumbres y tradiciones de los destinos que me gustaría conocer. Estoy como anestesiada. Quizá debería sentir euforia y pegar saltitos de emoción o “hacer el bailecito de snoopy” (es un baile que me inventé hace años atrás, cuando cree mi cuenta de twitter y por cada nuevo follower hacía el bailecito. Si estuviste entre mis primeros 1000 followers, que sepas que te he dedicado un baile! Si insistís mucho en la sección de comentarios quizá hasta hago un video y lo subo!)… pero NADA. Tengo los sentidos entumecidos y quizá por eso necesito viajar.

Chiang Mai, Tailandia

Area de descanso en el hostel de Chiang Mai

Hace ya un tiempo que no me voy de viaje. Me refiero a un largo viaje. A un viaje de esos en los que no mido el tiempo en días calendario sino en momentos y países. Un viaje en el que el billete de regreso es solo “simbólico” en mi mente y a nivel práctico me sirve para demostrar en migraciones de cualquier país que no me quedaré allí mas de lo permitido. Empezar un viaje nunca es fácil aunque tengas experiencia. Da miedo, vértigo y hasta un poco de “fiaca”: otra vez cargar 10kg en mis hombros, armar y desarmar la mochila casi a diario, buscar alojamiento, buscar dónde desayunar, almorzar, merendar y cenar (necesito al menos 4 comidas al día para no ponerme de mal humor)… Solo imaginarme esa rutina dentro de la no-rutina que implica el viajar me da una pereza inmensa. Pero sé que en el momento en el que me suba al avión esas sensaciones mutarán hasta convertirse en algo parecido a la ansiedad y una vez en la nueva ciudad se transformarán en curiosidad y regocijo. Viajar empieza por la decisión y esta desencadena un proceso de emociones y sensaciones por las que inevitablemente hay que pasar: son parte de la experiencia viajera.

Chiang Mai, Tailandia

La habitación en Chiang Mai

La clave de todo gran viaje es la elección de la ciudad en la que todo empezará, porque empezar nunca es fácil. Mis años de experiencia me han enseñado que la primera semana del viaje en solitario es la más difícil de todas. En esos primeros siete días me siento perdida -quizá sola- se concentran los miedos, las dudas (¡¿por qué me vine sola hasta Nepal!? ¿¡Qué hago yo aquí?!…) y es el periodo de transición entre mi “yo-en-la-vida-de-siempre” y mi “yo-modo-viajero”. Durante esos primeros días no sé muy bien cómo comportarme, cómo acercarme a otras personas, desconfío un poco de mi entorno, me tengo que despojar a una velocidad extraordinaria de algunas “necesidades y comodidades”, aclimatarme, adaptarme y empezar el largo trayecto de aprendizajes que me deparará el camino. A mi lo que más me cuesta es acercarme a la gente. En Madrid no entro a un bar y me pongo a hablar con un grupo de personas que están allí sentadas en medio de una charla. En un viaje, en cambio, eso es el “pan de cada día” y hablo hasta con las piedras. Pero es difícil romper esa barrera de acercarse al otro, sin prejuicios ni tapujos, y presentarte:

– Hola, soy Vero. Acabo de llegar a la ciudad. ¿Me puedo sentar con vosotros?

Cenando en Tailandia

Cenando en Tailandia

popurri de fotos de viaje

Momentos de mis viajes

En Madrid no lo haría ni loca, sin embargo viajando sola es casi una necesidad que empiezo a sentir al tercer día de no haber hablado con nadie mas que con mi consciencia. Y una vez que rompo el hielo y lo hago una vez, luego me resulta fácil y se convierte en algo totalmente natural, como comprar el pan o saludar a mi vecino. A medida que avance el viaje recordaré -de viajes anteriores- que serán justamente de esas charlas, que al principio parecerán forzadas, de donde saldrán mis mejores recuerdos, amistades, charlas, anécdotas, historias y momentos.

Dunas Mui Ne, Vietnam

Dunas Mui Ne, Vietnam

A medida que escribo este post hago una catarsis y recuerdo que los viajes los hacen las personas que se  cruzarán en mi aventura por el mundo y la forma en que me relacione con mi entorno e incluso conmigo misma será a través de esos viajeros y locales, de todas las edades, géneros, nacionalidades y religiones quienes enriquecerán mi viaje.

Así que, si estás como yo, un poco perdida, desorientada y entumecida… recuerda que empezar un viaje nunca es fácil aunque tengas experiencia, ¡pero que eso no te frene! Es solo miedo disfrazado de pereza… y ya sabemos que el miedo nunca es el mejor consejero.

 ¡¡Buen viaje!!

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