Sinmapa

Encuentros y reencuentros

El mundo tiene casi 150.000.000 km² de tierra firme y el Sudeste Asiático ocupa una superficie de 5.000.000 km² y aún así me he encontrado y reencontrado sin cesar con docenas de personas en las situaciones y sitios más bizarros. Quien me diga que “el mundo es un pañuelo” no entiende de las fuerzas cósmicas del destino (ni entiende de superficies).

Cuando os pasa eso, ¿no os preguntáis si el Universo os está enviando algún tipo de señal? Yo si, porque a pesar de entender que cuando una recorre un “circuito turístico” -aunque sea por una zona del planeta de CINCO MILLONES de kilómetros cuadrados- existe la posibilidad de cruzarse con una misma persona alguna vez, encontrarse y reencontrarse con muchísimas personas a lo largo de los meses y en más de ocho países ya es más que “causalidad”.

Antiguos compañeros de ruta o personas con las que has coincidido fugazmente, quizá mientras contemplabas un atardecer en una playa de Tailandia a la que habías llegado porque un conocido de un amigo del primo del casero de la casa que alquilabas por unas semanas te invitó, próximamente serán habitués en tu vida de una u otra forma. Ese “extraño”, con quien cruzaste 10 palabras en la playa de Tailandia te saluda hoy desde un bar en un callejón de Pekín y dos meses mas tarde, mientras escalas el monte Bromo te lo encuentras en la cima, sudado y sediento. Decides hacer el descenso junto a él y unirte más tarde a su grupo de nuevos amigos para cenar. A la mañana siguiente, sin tiempo para despedidas, te tomas un vuelo a las Filipinas. Tres semanas mas tarde, cuando te equivocas de autobús y terminas en un pueblo perdido de Cebú, te lo encuentras en el comedor de hostal. Encuentros y reencuentros.

Me pasa a mi y le pasa a todos los viajeros.

Como en otros muchos sitios, en cuanto desembarcamos mis compañeras de viaje y yo del pequeño bote que nos trasladó hasta Gili Air desde Trawangan, fuimos abordados por varios locales que nos ofrecían alojamiento “very cheap, very cheap!”. Estudiamos las diferentes ofertas, regateamos un poco y finalmente nos decantamos por quien no solo nos había ofrecido el mejor precio sino también nos había prometido las mejores vistas del atardecer desde los pequeños bungalows.

walking-down-the-road

Camino hacia los bungalows en Gili Air – Indonesia

Caminamos unos 10 minutos por un camino de arena, tierra y trozos de coral perfectamente delineado por la vegetación autóctona de la zona, hasta alcanzar una serie de pequeños cottages de madera y bambú sobre la playa. Al llegar, y ansiosos por recorrer la pequeña isla, dejamos las mochilas y, justo cuando emprendíamos el camino de vuelta al puerto nos encontramos con Peter, un personaje inglés de unos cuarenta y pocos años que había conocido a mis actuales compañeras de viaje (Katie y Bekkie) en Laos y se habían vuelto a cruzar con ellas en las calles de Hoian, Vietnam y meses más tarde en Gili Trawangan -la primera noche, cuando yo aún no había llegado- y resulta que ahora en Gili Air compartíamos el mismo hotel… ¡vecinos de bungalow!

bungalow_giliair

Nuestro bungalow en Gili Air – Indonesia

Como ya os he comentado, este no es un hecho aislado ya que todos nos vamos cruzando una y otra vez en el camino del viajero errante. Reencontrarse con esa gente es similar a reencontrarse con un buen amigo a quien una ha dejado de ver por un largo tiempo. Esos improvisados y espontáneos compañeros de viaje rápidamente se vuelven amigos, confidentes, hermanos. Desde el comienzo de la relación hay algo fuerte que te une a ellos: esa imperiosa necesidad de viajar y ese placer por experimentar. Un viajero, por naturaleza, es de espíritu libre y curioso en su esencia. Estas características te unen como un imán y sientan las bases para lo que posiblemente devengan en grandes amistades o simplemente en una muy agradable compañía durante unos días.

playas-giliair

Playa Gili Air – Indonesia

Mientras compartíamos impresiones sobre las islas, los cinco nos dirigimos al único restaurante con internet en la isla –Scallywags-. Yo opté por el modo offline y fui a darme un baño al mar que con ese penetrante color turquesa era imposible ignorarlo desde las hamacas del restaurante.

lunch-giliair

Almuerzo en Gili Air – Indonesia

Sabrán que el mar abre el apetito, así que nos dirigimos al warong más cercano, también situado en la playa, con increíbles vistas a Lombok. Ordenamos Nasi Goreng para todos (¡vaya sorpresa! No sé ni para que pedimos ver el menú!! Después de semanas alimentándonos a Nasi Goreng necesitaremos ingresarnos en una clínica de rehabilitación). Allí conocimos a un chico belga que estaba de vacaciones con su familia y lo invitamos a que se uniera a nuestro almuerzo. Charlamos de todo un poco, principalmente sobre las costumbres de los indonesios y compartimos nuestras experiencias en Asia. Escuchar las vivvencias e impresiones de otros viajeros siempre es inriquecedor, y te permite aprender y profundizar más sobre este “gen viajero”.

goat-on-boat-giliair

Compartir el bote con una cabra es parte de la aventura

drinks-giliair

Haciendo amigos en Gili Air

Antes de que se pusiera el sol, regresamos a nuestro pequeño cottage y contemplamos desde nuestro blacón el atardecer. Ciertamente teníamos una vista privilegiada. El sol fue desapareciendo frente a nosotras con una suavidad abrumadora. Otro día culminaba ante nuestros ojos y daba paso a una noche llena de sorpresas y más reencuentros.

children-family

Una familia muy joven en Gili Air

Al regresar a la zona de bares del puerto, nos encontramos con Martin, quien ya había cogido una mesa en el restaurante y charlaba con Setu, la chica americana que conocimos en Gili T, y su amiga Jesse. Durante el happy hour en Zipp bar, y entre margaritas de “dos en dos”, Jesse nos contó los pormenores de su historia romántica con un pirata australiano: no tenía parche en el ojo ni pata de palo, pero si tenía un mono y un barco. Su enrevesada historia era digna de una película de los hermanos Coen. Suspenso, amor, traición, secretos, mentiras… la trama ideal para mantener a los oyentes atentos en todo momento.

fishing-gili-air

Pescador en Gili Air Indonesia

Después de cenar, y como ya es “rutina” en cualquier viaje, conocimos a un grupo de chicos europeos que estaban de festejo por el cumpleaños de uno de ellos y dio la casualidad que uno de ellos había estudiado con Setu en la Universidad de California. Nos invitaron a su festejo en los chiringuitos de la playa: más cervezas Bintang –zumo para mí-.

Pasadas las 2 de la madrugada regresamos al hotel y al son de las olas del mar rompiendo en la costa, el cacareo de los desorientados gallos y gallinas y el cántico inconfundible del Ge-Koooo nos fuimos a dormir. Y así es como culminó otro día más de un viaje de encuentros y reencuentros.

raimbow-giliair

Arcoiris en Gili Air

 

Datos de interés

Noche en guest House: 26.000 Rupias c/u (habitación triple con baño privado de “letrina” y ducha de agua fría).

Barco Gili T a Gili Air: 24.000 Rupias (ticket  solo ida en “barca” no turística Gili Trawangan-Gili Air, con cabra incluida)

Si te gustó este artículo quizá también te interese:

– Guía de viajes de Indonesia
– Mis huellas en el perímetro de Gili T
– Masaje Balinés
– El pulso del tiempo en la tierra de los dioses
– El corazón de Bali es verde y sabe a coco
– La desilusión de Kuta, Bali
– Yogyakarta y Prambanan… ¿no será demasiado para un post?
– ¡Cualquiera sobrevive la picadura de un erizo!
– La ambigüedad del concepto LUJO y unas horas en Jakarta
– Camino a Gili T: reflexiones en el mar
– De Parapat en Medan en 5 escalas
– Crónicas de un viaje eterno a TukTuk, Samosir

¡Anímate a dejar un comentario! ¿Qué te ha parecido el post?

Print Friendly

Un pensamiento sobre “Encuentros y reencuentros

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *