Sinmapa

Mi frustrado intento por celebrar Diwali en Om beach

¿Qué se festeja exactamente durante Diwali? le pregunté a Rossi, una de mis compañeras de viaje durante mi trayecto por el sur de India. Ella es hija de madre India y padre Inglés. De su madre heredó el color de la tez, un pelo grueso y negro, unos ojos azabache profundos pero la sonrisa, confiesa, es de su padre. “Es un festival hindú que dura cinco días y marca la entrada del año nuevo hindú, la última noche del festival es una de las más importantes. Durante el festival la gente limpia su casa en profundidad, estrenan ropa, comen y comparten dulces con todos y hay siempre espectáculos de fuegos artificiales”.

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¿Crees que en Gokarna se festeja a lo grande?, le pregunté mientras comprábamos los billetes de tren que nos llevarían esa misma mañana desde Palolem en Goa hasta la ciudad costera en el estado de Karnataka. “No lo sé seguro, pero Gokarna es una de las ciudades sagradas para los hinduistas y es conocida porque miles de hindúes peregrinan cada año a sus templos, así que deberían celebrarlo mucho”, me contó Rossie. Ya que no iba a estar durante “Holi”, la fiesta multicolor india más conocida internacionalmente, al menos quería ser parte de alguna de sus festividades sagradas importantes, y Diwali pintaba bien.

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En el trayecto de tren estuvimos debatiendo con Rossie y el resto de viajeros con los que compartía mi camino dónde hacer “base”. Nos habíamos informado en la web, miramos el mapa y vimos que había cinco playas: Gokarna central –la playa central del pueblo-, Om Beach, Kudle Beach, Half Moon Beach y Paradise Beach. Luego vi otra playa en el mapa, un poco más alejada del resto, que me llamaba mucho la atención por su nombre: God’s own beach (la playa de Dios). Pero esa quedó descartada por tiempos y distancias.

Om beach

Om beach

En Gokarna seguro que hay más alojamientos, serán económicos y, además, estaremos cerca de restaurantes y bares” dijo Marjin, el chico holandés. Pero el resto del grupo quería una playa un poco menos masificada –veníamos de las turísticas playas de Goa- y nos decantamos por Om Beach haciendo uso de la democracia: Om beach ganó a Gokarna por 1 voto.

Om beach

Om beach

Desde la terminal de trenes nos tomamos un bus y luego dos rickshaws hasta la entrada a Om Beach, que es una zona alta, como un mirador, donde hay un restaurante y una zona de aparcamiento para rickshaws y como tiene bastante vegetación no es raro ver muchas vacas merodeando la zona. No es un lugar de paso, no hay coches que estén ahí de casualidad, quienes están allí lo hacen para ir específicamente a Om beach, no hay otra razón.

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Desde allí tuvimos que bajar más de 100 escalones de piedra que se abrían paso entre la espesa vegetación hasta tocar la arena. El sol comenzó a pegar fuerte y la mochila se volvía cada vez más pesada.

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Om Beach debe su nombre a la forma de la playa vista desde arriba que, según dicen, tiene la forma del “Om”, por lo que tras seguir la espuma a orillas del mar y delinear la primera parte del dibujo del “Om” nos encontramos con unas rocas que dividían la playa en dos y tuvimos que cruzarlas a pie. La marea estaba baja, asi que no fue problema llegar a la otra extensión de arena donde se veían dos o tres alojamientos como mucho, y muy pocas personas en la playa.

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Consultamos precios en todos los hostales y nos decantamos por uno que estaba justo a mitad de camino. Tras dejar los bártulos en las habitaciones nos sentamos en el restaurante del hotel, frente al mar, y mientras ordenábamos nuestra comida le pregunté al camarero si esa noche se festejaba Diwali en la playa. El chico me contó que en Om Beach casi no se festeja, hay poca gente y los pocos que pasan allí la noche son turistas extranjeros. Los locales se quedan en Gokarna beach, así que nuestra única opción para vivir esa experiencia era ir hasta la ciudad esa misma noche, porque era ¡la última noche de celebraciones!

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Un poco descepcionada por su respuesta pregunté cómo podíamos llegar a Gokarna desde allí… o mejor aún, cómo regresar de madrugada. La única opción era ir en rickshaw y regresar en taxi a un precio astronómico, claro. Mis compañeros al principio estaban entusiasmados con la idea de ir, pero con el correr de las horas el cansancio y la pereza (si, también existe la pereza en los viajes) ganaron el pulso y, la verdad es que yo sola no me animaba a ir. En realidad me preocupaba más el regresar sola por la noche a esta zona, que tenía que bajar unas escaleras oscuras, atravesar una playa oscura y luego la mitad de otra.

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Así fue como me quedé con ganas de disfrutar del festival Diwali en Gokarna. Sin embargo se corría el rumor por los pasillos al aire libre del hostal que muchos turistas, sobre todo un gran grupo de israelitas que tenían copado el hotel y parte de otro que estaba a unos pocos metros, habían comprado “¿¡kilos!?” de fuegos artificiales y que los harían estallar esa noche en la playa. Bueno, pasaré un Diwali turístico a lo israelita, pensé. Me conformé con eso, cenamos y salimos todos a la playa. Había dos fogatas encendidas, a varios metros la una de la otra y alrededor de cada una había un grupo de viajeros. De repente se escucha el primer estruendo: ¡ya empieza, pensé! Pero no, los israelitas estaban bastante bebidos y eso los hacía poco ágiles, descordinados y bastante peligrosos –¡¿alcoholizado con kilos de pirotecnia?!- . Luego vi el intento de encender otros dos petardos que no llegaron a estallar, otro que si encendió y salió disparado hacia un lado, cerca de donde yo me encontraba. “Esta noche de fuegos artificiales va a ser un verdadero chasco”, le dije a Cris.

Gokarna beach

Gokarna beach

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Al cabo de un rato, tras cuatro petardos solitarios y sin iluminación ni ritos hindúes, me fui a la cama. Om beach era lo que buscábamos pero no lo que quería… me di cuenta tarde y no lo pude (quise?) remediar. De todas maneras al día siguiente fuimos a pasar el día a la ciudad de Gokarna, que significa “oreja de vaca” en sánscrito y que debe su nombre a la forma de la oreja formado por la confluencia de dos ríos que marcan Gokarna y aún pudimos ver la estela que dejó tras de sí el festival de la noche anterior, con vacas pintadas, marcadas y emperifolladas con coloridos collares de flores, locales con ánimo festivo y muchos creyentes disfrutando de un día en la playa.

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