Sinmapa

Hampi: paisajes de ficción

El rumor corría fuerte entre los viajeros y Hampi se presentaba como uno de esos destinos que debía intentar –tenía que- visitar, aunque eso implicara desviarme de la ruta unos pocos kilómetros, pero varias horas. En India la proporción de distancias y tiempo es 100km = entre 3 horas (día) y 4.5 horas (noche). Contratamos un taxi con un grupo de viajeros que había conocido unas semanas antes y dejamos atrás Om Beach para ver pasar por nuestra ventana paisajes variopintos durante 6 horas hasta llegar al destino de gigantescas rocas erosionadas y templos centenarios. Nuestro destino de cuento.

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En el camino nos dio tiempo a leer un poco sobre la historia de la ciudad a la que nos dirigíamos: Hampi fue declara Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es conocida también como la “Ciudad de la Victoria”, fue el hogar –y capital- del imperio Vijayanagara entre los años 1336 y 1565, que desapareció tras ser derrotado por ejércitos enemigos bajo las órdendes de los sultanes de Decán. Las líneas del libro nos describían, además, escenarios con centenares de templos amalgamados entre caprichosas formaciones rocosas.

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Grandes imperios pasados han dejado esenarios impresionantes que nos enseñan hoy, con ostentación y alevosía, el poderío que alguna vez tuvieron. La sagrada ciudad de Hampi, en el valle del río Tungabhadra en el estado de Karnataka, no sólo es uno de ellos, sino que además da la sensación de que el tiempo quedó congelado en el siglo XVI, con gran parte de su grandiosidad y, aparantemente, lo único que delata que estás en el siglo XXI es ver a la gente con teléfonos móviles sacándose selfies. Hampi hechiza a primera vista, y a segunda también.

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Hampi, el destino más popular del estado, está dividida en dos zonas -muy diferenciadas- por el rio Tungabhadra: Hampi Bazaar que es donde se encuentran la gran mayoría de templos, es una zona estrictamente vegetariana (bien!) y donde no se puede comprar alcohol. En cambio, del otro lado del río, en la zona conocida como Virupapaur Gadde, se concetran la gran mayoría de los Guest Houses y donde, además, sirven carne animal y alcohol a turistas.

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La vida para lo locales no ha cambiado mucho en cientos de años, y aún se puede ver a los campesino cultivando arroz, trabajadores en las plantaciones de plátanos, a los pastores con sus cabras, artesanos… y centenares de hinduistas que vienen a conocer una de las ciudades sagradas para su religión, mencionada en el libro Ramayana.

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El paisaje recuerda a aquellos descritos por R. Kipling en El Libro de la selva
y no es difícil imaginarse a Mowgli diviertíendose entre las rocas, las palmeras y junto a la gran fauna del lugar (monos traviesos, pavos reales, vacas, cabras, perros…) y los templos y palacios que los reyes Vijayanagar construyeron en una zona que no llega a abarcar los 30km²
. De hecho hay quienes afirman –juran y perjuran- que Kipling se basó en estas latitudes para escribir el libro- a pesar de que nunca se demostró que Kipling visitara esta zona, y si Seoni en el estado de Madhya Pradesh, a más de 1000km de Hampi.

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A pesar de ser pequeña, concentra una gran cantidad de ruinas, templos y complejos arqueológicos que hace que 48 horas se sientan “justísimas” para verlo todo y, además, tener tiempo para disfrutar de la paz y tranquilidad que se respira en el ambiente bohemio. Hampi es una ciudad relajada, funciona a otro ritmo: el ritmo del sol, de los rezos, de las ceremonias… y ninguno de ellos lleva el reloj contemporáneo.

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Nosotros decidimos alojarnos en un guest house en la zona del Bazar y parece que todo allí fue contruido alrededor de su templo principal: Virupaksha. Con sus más de 50 metros de altura, este templo construido en el siglo XV es el hogar de cientos de monos que corretean libremente y se alimentan de las ofrendas de los devotos, y también es el hogar del elefante Lakshmi que bendice con su trompa a turistas nacionales y extranjeros por igual a cambio de unas monedas.

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Toda la ciudad está inmersa en un paisaje que parece sacado de un cuento: inmensas rocas apiladas y erosionadas se funden con templos, palmeras, el río y más formaciones rocosas imposibles. El tiempo fue trabajando a su antojo sobre estas rocas volcánicas hasta dejar una postal difícil de ovidar. Uno de los puntos desde donde mejor se observa toda la ciudad es desde el Templo Vittala (2km del centro) o subir a la cima de Hemakuta.

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Junto al variopinto grupo de viajeros con quienes había llegado a Hampi y otros que conocimos al llegar –en el hostal  y en el restaurante- decidimos recorrer un poco la ciudad en la zona del Bazar, entrar al templo principal y dejar el recorrido más amplio de templos para el día siguiente. Decidimos dar un paseo por el ghat y llegamos a tiempo para ver como Lakshmi, el elefante, se daba un baño en el río, mientras mujeres lavaban sus ropas, otros pescaban, muchos grupos de amigos simplemente se sentaban a apreciar el atardecer, y otros hacían una ceremonia en honor a sus dioses. Una vez más, como ya había visto en Varanasi y vería en Rishikesh y otras ciudades, la vida mundana y espiritual de los indios se centraba a orillas del río.

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Hoy si, a visitar los templos de Hampi

Durante nuestro segundo día el grupo se dividió en dos: hubo quienes alquilaron una bici y se recorrieron todos los templos pedaleando… y luego estaba yo -y otros viajeros- que optamos por la opción más cómoda de alquilar un rickshaw para que nos llevara. En Hampi hay 350 templos además de palacetes, fortificaciones, jardines y un sinfín de otros complejos arqueológicos como el templo “Badavilinga” que contiene una piedra sagrada de casi 3 metros dedicada a las deidades hindúes; el templo dedicado a la deidad “Lakshmi Narasimha” que contiene una escultura de casi 7 metros de alto; el templo “Prasanna Virupaksha”, más conocido como templo “bajo tierra” dado que el techo está a la misma altura del suelo, y en su interior hay columnas y esculturas o la torre “Mohsmmsdan”.

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Tras visitar varios templos –y tras un almuerzo rápido- visitamos el “Recinto Real” (Royal Enclosure), que fue la ciudad amurallada donde vivía el rey junto a su familia y poseía más de 43 edificaciones. Dentro del recinto se pueden apreciar varias construcciones, entre ellas el templo “Hazararama” dedicado a Vishnu, un pabellón que la reina usaba para esparcimiento o el establo de los elefantes. Dentro del complejo también se puede visitar el templo en forma piramidal “Mahanavami Dibba” que cuenta con más de 8 metros de altura y que se trató de uno de los centros ceremoniales más importantes del imperio, así como también visitamos los cuarteles o un bello estanque escalonado.

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Pero estos son sólo algunos de los templos, también pudimos visitar el “Baño de la reina”, el templo a “Krishna”, el “Krishna Bazar”, “Pushkarani”, el complejo “Vittala” (uno de los pocos a los que hay que pagar entrada – 250 rupias) que es uno de los más conocidos por su “carro de piedra” y uno de los puntos favoritos para ver el amanecer o el atardecer.

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Todo el recorrido, acompañados por los fascinantes paisajes, dejan encandilados hasta al más ducho. A nuestro regreso pudimos ver a las mujeres del pueblo dibujando en las entradas de sus casas o negocios unos mandalas para atraer la buena suerte.

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Hampi es la ciudad ideal para hacer un poco de turisteo histórico, pero también el lugar idóneo para hacer un alto en el camino para cargar pilas y seguir el viaje.

 

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