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Huacachina: el oasis de la sirena

A pocos kilómetros de la ciudad de Ica, de la espectacular Reserva Natural de Paracas y del océano Pacífico se encuentra un desierto de altas dunas doradas. Tras caminar los casi 4km que lo separan de la ciudad más cercana en dirección oeste te encontrarás con lo que creerás que es un espejismo. Una promesa. Un pequeño oasis con una laguna custodiada por una fina línea de palmeras, eucaliptos y huarangos. Bienvenidos a Huacachina.

Huacachina vista desde una duna

Huacachina vista desde una duna

Aterricé en Lima y sin intenciones de quedarme en la capital Peruana, tomé un taxi hasta la terminal terrestre de Cruz del Sur para ir directa hacia el sur. Era domingo. Era el día de la madre y prácticamente no había billetes hacia ningún lado. “Quedan un par de asientos libres en el autobús de las 4pm a Ica, si te interesa”, me dijo la chica del mostrador. Despojada de opciones, acepté. Mientras hacía tiempo en la cafetería estudié un poco la región de Ica y las alternativas de alojamiento y atractivos. No me apetecía quedarme en una gran ciudad, con su tráfico y líneas de cemento. Pero a tan solo 3.8km de allí estaba el oasis de Huacachina. ¿Quién se puede resistir a pasar un par de noches en el desierto, a orillas de una laguna en un oasis? Tema zanjado. Al llegar a Ica iría directamente al oasis.

Desierto de Huacachina

Desierto de Huacachina y un segundo oasis engullido por la arena

Sobre las 8 de la noche y tras un corto recorrido en un taxi que compartí con dos irlandeses que conocí en la terminal terrestre de Ica, llegué a la árida Huacachina en el desierto costero peruano. Recorrí a pie el malecón bajo un manto de estrellas buscando alojamiento hasta que encontré un hostal con nombre evocador: Desert Nights. Allí me quedé.

En la década de los 40 la laguna era aún totalmente natural y se decía que sus aguas poseían atributos curativos debido a la concentración de sustancias sulfurosas y salinas, lo que la convirtió en un destino inusual y magnético. Los ricos de la zona sucumbieron al exotismo y esto hizo que la zona floreciera y fuera adornada con vegetación y construyeran hoteles y restaurantes a su alrededor.

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Laguna de Huacachina

Hoy en día Huacachina es como Disneyland, completamente artificial, diseñada sólo para maravillar a sus visitantes- pero no por ello menos fabulosa y encantadora. De no haber sido por los esfuerzos de los residentes la laguna se habría secado hace décadas. Pero encontraron la manera de mantenerla en estado líquido a través de bombeo de agua desde Ica y así atraer a turistas con la promesa de un paisaje fastuoso y casi irreal. Pero la contemplación de este espectáculo “natural” no es el único aliciente para visitarla, ofrece además dos actividades atiborradas de adrenalina: sandboarding y paseo en buggies por las dunas (lo más parecido a una montaña rusa pero natural).

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Buggie por las dunas del desierto acompañados por dos incansables perritos que nos siguieron todo el recorrido

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Buggie fun!

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Dunas del desierto de Huacachina

Atardecer en las dunas de Huacachina

Atardecer en las dunas

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Mientras los humanos nos tiramos por las dunas con nuestras tablas, los perritos descansan y recobran el aliento

La también conocida como “oasis de América” y su laguna verde esmeralda -de 100 metros de largo por 60 metros de ancho- no se libra de las leyendas y la de Huacachina es la siguiente:

“Una joven doncella llamada Huacca China se enamoró de un joven guerrero, pero después de casarse el guerrero tuvo que ir a una guerra en la que murió, tras enterarse de la noticia la joven Huacca China se impregnó de tristeza y fue a llorar al campo de girasoles donde se habían visto por primera vez. La joven Huacca China lloró día tras día, hasta que las lágrimas de su llanto formaron una pequeña laguna. Un día cuando ya oscurecía un joven guerrero pasó por la laguna y vio a la joven Huacca China. Al darse cuenta esta de que la observaban empezó a correr y cuando el joven guerrero ya la iba a alcanzar ella se lanzó a la laguna. Esperó durante horas hasta que el joven guerrero se fuera, cuando salió se dio cuenta que ya no tenía piernas… se había convertido en una hermosa sirena, dándole así el nombre a la laguna. La leyenda dice que cada noche de luna nueva, la joven sale de la laguna para llorar por su amado”.

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Leyenda de Huacachina

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Nace la leyenda de Huacachina – Malecón

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La sirena del oasis de Huacachina a orillas de la laguna

Sea como sea, natural o artificial, lo cierto es que es un destino para divertirse, descansar y empaparse de las noches desérticas en lo que parece ser un espejismo sin igual.

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