Sinmapa

Kuala Lumpur bajo el sofoco

¿Conocéis la expresión “sudar como un cerdo”? ¿Y la de “sudar como un pollo irlandés”? Os juro que esta última la he escuchado en más de una ocasión. En cualquier caso, pollo o cerdo, esto no es humano. Pero hay sacrificios que acompañan las recompensas que brinda el viajar y recorrer KL bajo temperaturas infernales era uno de ellos.

Uno de mis primeros destinos en Kuala Lumpur fueron las imponentes y emblemáticas Petronas Twin Tower, dos torres de 451.9m y que ya son todo un ícono en sí mismas y que se alzan orgullosas como símbolo del crecimiento económico del país.

Torres Petronas, KL, Malasia Kuala Lumpur

Torres Petronas, Kuala Lumpur, Malasia

Una las puede admirar desde abajo y sentir su inmensidad rasgando el cielo asiático o podéis subir al piso 41 donde se encuentra el sky bridge, un puente que une ambas torres y al cual se podía acceder hasta hace unos años (2010) de forma gratuita y hoy en día hay que madrugar para conseguir turno. Desde allí arriba podréis ver gran parte de la ciudad y descubrir que está conformada por retazos de historia y modernidad que han sido hilvanadas obviando la estética.

El recorrido desde el hotel en China Town hasta las Petronas me llevó más de tres horas, dado que no llevaba un mapa conmigo -por algo soy: SINMAPA- y porque el bochorno causado por la combinación de altas temperaturas y la humedad hacía imposible avanzar por la ciudad a un paso acelerado. Pero el lado positivo es que al perderme lentamente por la ciudad caminé por esas calles que los mapas turísticos olvidan y que me mostraron el carácter contradictorio de la ciudad.

Mezquita Nacional, Kuala Lumpur

Mezquita Nacional, Kuala Lumpur

Aprovechando que estaba perdida y que había decidido aceptar el desafío de recorrer a pie una ciudad bajo un manto de brasas ardientes, caminé hasta la National Mosque (Mezquita Nacional) en la cual me prestaron una túnica púrpura para poder acceder a ella y recorrerla, excepto la zona de rezo, a la que no pueden acceder turistas no musulmanes. La religión es una parte fundamental en la vida de los locales y sus mezquitas son la piedra angular de sus rutinas.

Para entender mejor la historia del país y de la ciudad fui a conocer la Dataran Merdeka, que es la plaza de la independencia. Se trata de un espacio abierto rodeado de edificios de tinte victoriano y árabe; donde se encuentra el edificio Sultan Abdul Samad y donde hondea alta y orgullosa la bandera nacional.

Datran Merdeka (Plaza de la independencia) Kuala Lumpur

Datran Merdeka (Plaza de la independencia) KL

Otro icono de la ciudad era Menara KL Tower, la emblemática torre de comunicación de 421m, que se encuentra alojada en medio de la selva tropical y reserva forestal: BUKIT NANAS. Para llegar a ella atravesé toda la zona forestal, con una vegetación tan densa que por momentos no se podía ver nada fuera de la reserva, solo se oían pájaros y sonidos indistinguibles, posiblemente animales de los cuales advertían en un cartel:

Torre Menara KL, Malasia Kuala Lumpur

Torre Menara KL, Malasia

¡CUIDADO con los escorpiones, serpientes, orugas venenosas, etc.! Evidentemente hubiera preferido no haberlo leído, pero una vez metida en el baile, solo me quedaba bailar… ¡y bailar muy rápido en busca de la salida! A mitad de camino se abrió un claro y se asomaba erguida la famosa KL Tower, una torre que atestiguaba que la naturaleza se había visto violada por el hombre. Alrededor de la torre decenas de atracciones para turistas: vueltas en pony, cafeterías, fotografías con animales exóticos, simuladores de F1, etc.

Después de contemplar las vistas desde la base de la torre, decidí emprender el largo regreso a ChinaTown. Un par de horas más tarde, y habiendo esquivado exitosamente a coches y motocicletas, había llegado al hotel. En el dormitorio conocí a Allison, una chica chilena que vive en Australia. Junto a ella me fui a Petaling Street, la calle principal de China Town en donde la máxima es regatear. Mis lecciones de regateo en Marruecos hace un par de años no fueron olvidadas y han dado su frutos, tanto que logré que me dejaran un adaptador universal que en principio costaba 58RM en 10RM. También di mis primeros pasos en la degustación de fruta autóctona: probé la exótica Dragon Fruit, una fruta de cáscara rosada y de color fuccia intenso con pepitas negras en su interior. Acuosa y suave, perfecta para calmar la sed. Cenamos en un puesto callejero que estoy segura que bromatología hubiera clausurado aún haciendo la vista gorda.

Petaling Street, Barrio chino, Kuala Lumpur

Petaling Street, Barrio chino, KL

Al regresar al hotel y antes de dormir subimos con Allison al “Roof Terrace” a fumarnos un cigarrillo. Allí nos encontramos a Rui, una chica japonesa con quien comparíamos dormitorio, y a sus otros dos amigos japoneses, y nos quedamos hablando más de dos horas sobre las diferencias culturales. Lo que más me impactó fue lo que me comentaron en relación a la estética de la mujer japonesa: aparentemente, y en su afán por parecerse a las occidentales, cada día se toman el trabajo de empujar con un palito el párpado superior de sus ojos, para que así quede un pliegue (las más fanáticas del look occidental se operan directamente). Los chicos también nos comentaron que a los japoneses les gustan las narices grandes y afiladas de los occidentales, así como su cara pequeña. Nos entretuvimos varias horas, comentando sobre diferencias y parecidos en nuestras culturas, hablando sobre viajes pasados y planes de viajes.

Yo no podía estar más excitada, mi viaje por Asia había comenzado hacía menos de 48 horas y el cosquilleo por la intriga y miedo de lo que me depararía el resto del viaje me recorría el cuerpo entero.

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