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La ambigüedad del concepto LUJO y unas horas en Jakarta

Al llegar al aeropuerto de Jakarta, en la isla de Java, tuve un impulso: en vez de buscar alojamiento, decidí tomarme un autobús directo a Gambir, una de las cinco estaciones principales de ferrocarril con las que cuenta Jakarta. Sabía que mi paso por la capital no sería fácil.

Jakarta desde el cielo

Jakarta desde el cielo

La idea era comprar con antelación un billete de tren a Yogyakarta, dado que una de las azafatas del avión en el que viajé me advirtió que estábamos en una época de “multitudinarias” movilizaciones, con grandes desplazamientos por el festejo del fin del Ramadán.

En el aeropuerto internacional de Jakarta me tomé un autobús con destino Gambir (las otras principales estaciones de trenes en Jakarta son: Jatinegara, Manggarai, Jakarta Kota, Pasar Senen). Por el tráfico pesado, el embotellamiento de las carreteras y el caos generalizado en las calles demoré más de 2 horas en llegar a destino. Lo bueno de primero pasar por la estación a comprar el billete a Yogyakarta (también Jogjakarta) era que luego, desde Gambir, podía ir a pie hasta la zona de alojamientos económicos que está situada en Jalan Jaksa, a 15 minutos andando o a unos pocos minutos en bajaj (o triciclo) por 10.000 o 15.000 Rupias.

Unas horas en Jakarta

Jakarta

Jakarta

Al llegar a la estación de trenes me comentaron que solo quedaban unos pocos asientos disponibles (y solo en “Executive class”) para ir a Yogyakarta esa misma noche o si no los próximos asientos disponibles eran para dentro de 5 días, ya que el resto estaba todo vendido. Además, el tren costaba el triple de lo habitual ya que nos encontrabamos en las fechas claves del Ramadán: sus últimos días. Lucky me!

El hombre de informaciones de la estación me mostró la lista de precios por meses y fechas, y efectivamente toda esa semana los precios de los billetes se disparabanMedité un rato mis opciones. Tampoco “tanto” rato porque los pocos billetes disponibles para esa misma noche “volaban”. Quedarme cinco días en Jakarta no era una buena alternativa dado que, a mi criterio, tenía pocas cosas que ofrecer a su visitante (habrá quienes opinen lo contratrio, claro está). Decidí entonces que la opción más atinada era viajar a “Yogya” esa misma noche y aprovechar las 8 horas libres antes de que partiera el tren para darme una vuelta rápida por la cuidad.

Monas en Jakarta

Monas en Jakarta

Con el billete ya en la mano -y el bolsillo vacío-, callejeé un poco por Jakarta. Primero fui hasta la plaza Merdeka, o plaza de la independencia, que no se encuentra muy lejos de la estación, y allí puede ver el símbolo nacional por excelencia: el “Monas” o “Monumen Nasional” (Monumento Nacional), una construcción de más de 130 metros de altura coronada por una cúpula cubierta de oro en forma de llama, digamos que se parece a una vela gigante. La base del monumento alberga un pequeño museo con la historia del país y la cúpula posee un mirador desde donde se pueden obtener vistas 360º de la ciudad. Como el día estaba bastante nublado decidí no subir y seguir con mi rápido recorrido por la capital e ir en busca de algo de comer.

Me fui caminando hasta la calle de los hostales económicos, Jalan Jaksan, y me senté en el restaurante de uno de ellos a comer algo y a utilizar internet, principalmente para averiguar por la zona de hoteles económicos en mi próximo destino: Yogyakarta.

Un par de minutos más tarde comenzó a diluviar, por lo que aproveché para comer sin prisas y en cuanto mermó un poco la lluvia regresé a Gambir. En la estación, mientras hacía tiempo, se acercó a mi una mujer indonesia y musulmana y me me hizo el cuestionario de rigor por estas latitudes: cuál era mi nombre, cuántos años tenía, de dónde era, a dónde iba, cuánto tiempo llevaba en Indonesia en particular y de viaje en general y un etcétera bastante largo. La mujer hablaba muy bien inglés y me contó que ella era profesora de ese idioma en algunas escuelas de Jakarta y que ahora se iba con toda su familia a su ciudad natal para celebrar el fin del Ramadán. Me invitó a sentarme con ella y su familia, a quienes me presentó y quienes se interesaron mucho por mi y mis viajes. Después de charlar algo más de una hora sobre la vida y las diferencias y similitudes de nuestras respectivas culturas, ella me acompañó hasta el andén desde el que salía mi tren y estuvo a mi lado hasta que me subí.

El tren y la ambigüedad del concepto LUJO

Como les comenté, el único billete que quedaba disponible para esa noche era en asiento “executive class” de un tren “express” que supuestamente tarda 7.5 horas y que comienza su viaje sobre las 9pm y llega a las 4.30am a Yogya. Supuestamente también era un tren de “lujo”, pero evidentemente el concepto de “lujo” varía muchísimo de un país al otro. ¡¡Si mi tren era considerado “de lujo” no me quiero imaginar los normales!! Cuando pagué una suma, a mi criterio, demasiado elevada… lo justifiqué pensando que aquel tren de lujo y mi asiento ubicado en la clase “ejecutiva” sería como un hotel cinco estrellas sobre ruedas. El concepto LUJO para muchos occidentales esta ligado quizá a la ostentación y opulencia pero también a “confort, buen servicio y limpieza”. Para mi, y bajo estas circunstancias, solo lo había asociado a “satisfacción”. Yo no esperaba un asiento tapizado con las mejores telas y una cena servida en bandeja de oro con TV plasma, aunque novata en medios de transporte asiáticos, simplemente esperaba un vagón limpio, con un baño `higiénico´, un servicio eficiente, no sé… ¿vosotros qué esperáis de un servicio cuando dicen que es de lujo?

Estación de tren de Jakarta

Estación de tren de Jakarta

Así como los hoteles son clasificados en categorías según el grado de confort y el nivel que ofrecen y esas clasificaciones son exclusivamente nacionales y varían de un país a otro, los trenes también. Aquí aparentemente el lujo reside en tener aire acondicionado y asientos reclinables, aunque el tren sea de hace 3 siglos atrás, esté sucio, huela mal y los baños den grima. Quizá el tren en cuestión era “de refuerzo” para ayudar al desplazamiento de los millones de fieles seguidores del musulmán a pasar los últimos días de Ramadán con su familia. No sé, estaba recién llegada al Sudeste Asiático y hasta ese momento solo podía comparar -aunque las comparaciones son odiosas, pero casi inevitables en ciertos momentos- con los trenes europeos o con los argentinos. De todas maneras, mi asiento era espacioso (¡y yo soy físicamente muy pequeña! lo cual ayuda también) y me ofrecieron una manta y una almohada para afrontar mejor el largo viaje nocturno que tenía por delante. Al lado mio se sentó una chica jovencita que después del “hello” apoyó su cabeza sobre el vidrio de la ventanilla y se quedó dormida.

Estación de tren de Jakarta

Estación de tren de Jakarta

Lo mejor de todo fue el servicio de cafetería del tren: sólo había un solo menú (de estos de papel plastificado) en todo el tren, por lo que una señorita fue asiento por asiento, persona por persona, enseñándolo y tomando nota de los pedidos. Yo estaba hambrienta -como siempre- y me pedí un arroz con verduritas que demoró aproximadamente una hora y cuarto en llegar. Cuando finalmente llegó mi cena, me sorprendio que fuera servida en un plato de plástico, sin bandeja ni servilletas. Simplemente me trajeron el plato con un tenedor, por lo que decidí usar mi mochila auxiliar como bandeja y devoré mi cena.

Logré dormir un par de horas, abrazada a mi mochila pequeña, en donde llevo la documentación más importante, algo de dinero y mi notebook– y finalmente, sobre las 6am –como era de esperar, 2 horas después de lo estipulado- llegué al sultanado de  Yogyakarta, conocido por su gran movimiento cultural (batik, ballet, drama, música, poesía y marionetas).

Aún dormida y con la espalda un poco contracturada por mi noche en el tren, salí en búsqueda de un hotel que según tenía entendido estaban ubicados en Gang I y Gang II, a pocos minutos andando de la terminal de tren.

Datos  útiles:

Vuelo de Medán a Jakarta: 353.000 Rupias – Duración: 2horas 15 minutos (Algunas compañías que vuelan: Lion Air, Garuda Indonesia, Batavia Air, Sriwijaya Air)
Autobús desde Aeropuerto a Gambir: 20.000 Rupias
Tren Jakarta-Yogya exprés: desde 240.000 Rupias -según tren y clase en la que viajes: Económica, Business o Ejecutiva. (En Ramadán las tarifas rondan las 450.000 Rupias) – Duración aproximada: 7.5 a 9 horas
Cena en el tren: 19.000 Rupias
Triciclo desde estación Gambir a Jl. Jaksa: entre 10.000 y 15.000 Rupias

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