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La cultura del claxon en Guayaquil

Tenía que dedicarle un post a la cultura del claxon en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Tenia que hacerlo. Ignorar este fenómeno persistente y omnipresente es como no hablar de ella. Imaginense hablar de París y no mencionar las baguettes y macarons; o no mencionar el tango en Buenos Aires. En este caso es imposible no asociar Guayaquil, la ciudad más poblada del Ecuador, a su tráfico y a la monótona y estridente sinfonía de bocinas.

claxon bocina

El tráfico de Guayaquil y el uso del claxon.

Si quereis entender en 33 segundos lo que se siente estar 33 segundos en Guayaquil, solo tenéis que darle al botón de PLAY:

Tras casi 5 días en la ciudad y después de realizar un trabajo de campo improvisado; o lo que es lo mismo: observar todo el tiempo el comportamiento de los conductores guayaquileños, he recopilado una gran variedad de información sobre los motivos por los que tocan el claxon (o bocina).

Motivos para tocar el claxon:

– Para avisar que hace menos de una décima de segundo que el semáforo se ha puesto en verde.

– Para dar a entender que estás demorando demasiado en poner en marcha el coche.

– Para avisar al peatón o al coche con prioridad que, aunque el semáforo se acaba de poner en rojo, tienen toda la intención de cruzar la intersección en infracción.

– Para avisar al coche de al lado o de detrás que está muy pegado al suyo.

– Para saludar a alguien.

– Para llamar la atención de alguien -conductor o transeúnte- para preguntarle algo (dirección, hora, etc.).

– Para acompañar un “piropo”, que por lo general son groseros y subidos de tono.

– Para no acompañar un piropo pero dar a entender que le gusta tu culo, o tu cuerpo, o tu cara o tu entera (acompañado de un levantamiento de cejas).

– Para que los peatones imprudentes que cruzan con el semáforo en amarillo se aparten de su camino.

– Para que los peatones imprudentes que cruzan en cuanto el semáforo se pone en verde se aparten de su camino.

– Para llamar al vendedor ambulante de agua.

– Para demostrar su enfado cuando:

no vas a gran velocidad,

no esquivas ágilmente los obstáculos en el camino,

detienes el coche para que alguien ascienda o descienda del mismo,

arrancas o frenas,

reduces la velocidad,

cambias de carril,

cruzas el semáforo en verde, ámbar o rojo,

no están de acuerdo con tu método de conducción,

sienten que eres un estorbo en su camino.

Como veréis, les sobran los motivos para tocar el claxon. Lo usan tanto que estoy convencida que conducen con una mano sobre él y la otra la alternan entre el volante y la palanca de cambios. Quizá se deberían plantear tener coches automáticos, para no tener que usar “tiempo indispensable de estar pegados al claxon” para cambiar las marchas.

tocar el claxon

Pero además de estas razones para usar la bocina como método de comunicación entre conductores y peatones, he descubierto que aquí no termina la lista.

También tocan el claxon sin motivo aparente, lo que me hace pensar que en realidad se trata de una sinfonía urbana contemporánea que en vez de estar dividida en cuatro movimientos, está creada a partir de un único movimiento -el continuo y sostenido- y cuatro sonidos básicos: claxon (el más importante), tubos de escape, los fuertes e incesantes gritos de vendedores ambulantes y por último: las alarmas de los coches que, con menos protagonismo que los anteriores, juegan un papel primordial. He llegado a pensar que para ser parte del tráfico (como peatón o conductor) es obligatorio, entonces, jugar un rol en la orquesta.

La gran sinfonía repleta de timbres agudos y graves suena desde muy temprano por la mañana hasta bien entrada la noche, en un impecable y desquiciante concierto para todos sus residentes y visitantes.

 

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