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La Guayaquil más auténtica

Como os conté en otro post, para muchos viajeros Guayaquil es simplemente una ciudad “de paso” a otras ciudades ecuatorianas. Un mero trámite de una tarde en el que recorrer el Malecón 2000, el Barrio de las Peñas, el cerro Santa Ana y, para terminar, la plaza de las iguanas. Pero yo hoy os ofrezco una visión de la otra cara de Guayaquil, la más auténtica. Recorredla conmigo.

Toda una atleta en Guayaquil

Toda una atleta en Guayaquil

Ya sabéis que no soy una gran deportista, por lo que estaba preocupada por el bici-tour al que me invitó  el responsable del hotel El Manso. ¿Pedalear por toda Guayaquil? ¿Seré capaz? Tenía miedo de retrasar al grupo con mis pulmones fumadores, por lo que me aseguré con Ricardo, administrador del hotel y nuestro guía para el día, que el tour fuera apto para todos los estados físicos y me aseguró desde el comienzo que sería un paseo relajado, con bastantes paradas y al ritmo del grupo. Eso me tranquilizó asi que acepté al invitación a conocer el lado menos turístico de Guayaquil; porque me interesaba conocer la ciudad más allá de la fachada limpia, segura y colorida.

Después de las indicaciones técnicas y consejos de seguridad para andar en bici por la ciudad más poblada del país, salimos del hotel. La primera parada la realizamos no muy lejos del hotel, en la Plaza de la Administración, un punto estratégico para la política local y nacional. Revisar un poco la historia política del país me pareció interestante, sobre todo teniendo en cuenta que ha sido el epicentro de revoluciones y levantamientos a lo largo de la historia, consiguiendo ser la primera ciudad ecuatoriana en obtener de forma definitiva su independencia de España en 1820. En esta plaza actualmente confluyen los dos polos políticos más influyentes en la historia reciente de Ecuador: de un lado de la plaza se encuentra el Municipio (Intendencia) liderado bajo una clara línea de derechas y, del otro lado de la plaza, está la Gobernación que pertenece al gobierno central (Rafael Correa), que también ha sido protagonista de otra transformación profunda a nivel nacional. Ricardo no solo nos contó de la historia del sitio, también nos explicó cómo han afectado -y afectan- a los habitantes las decisiones que en esos dos edificios se toman.

Parque de las Iguanas

Parque de las Iguanas

La segunda parada fue en el Parque de las iguanas, también conocida como Parque Bolívar y originalmente fue la Plaza de Armas de la ciudad colonial. Su nombre más popular, “Parque de las iguanas” no es metafórcio como yo creía, sino que en este parque ubicado en el corazón de la ciudad vive una gran colonia de iguanas alimentadas y protegidas por sus propios habitantes. Acostumbradas al ruido y ajetreo de Guayaquil, las iguanas no temen a los humanos aunque tampoco se fían… ¡y bien que hacen! Se dejan ver y fotografiar, puedes acercarte a pocos centímetros de ellas, pero no se dejarán tocar. Le pregunté a Ricardo qué hacía una colonia de iguanas tan grande viviendo en medio de tanto cemento, polución y contaminación y la respuesta implicaba, una vez más, a la mano del homre. Hubo una época en la que se puso de moda tener este reptil como mascota, pero al tiempo la gente se daba cuenta del trabajo que implicaba mantenerlos y los soltaban, principalmente, en este parque. De a poco se fue poblando de estos reptiles y en la actualidad han hecho de esta plaza centenaria, su casa permanente.

Además de iguanas, desde este parque, que vendría a ser el parque central de la ciudad, se pueden ver los diversos estilos arquitectónicos que fueron dominando la ciudad a lo largo de la historia: arquitectura colonial, republicana, art deco y moderna. La iglesia catedral también es una mezcla de estilos arquitectónicos.

La tercera parada fue en la Plaza del Centenario, un poco más apartada del centro y del rígido control de los guardias de las Fundaciones privadas que manejan los parques del centro de la ciudad (los tienen vallados y no permiten andar en bicicleta ni hacer picnics en ellos). En esta plaza se encuentran predicadores evangélicos, vendedores ambulantes, jubilados y ese día vimos hasta un ex abogado demente que presentaba un alegato en un juicio inexistente. Frente a la Plaza está la sede del poder judicial de la provincia, lo que sirvió para que Ricardo compartiera detalles sobre la singular circunstancia política que permitió que Rafael Correa tomara a su cargo la moralización y moderniazación del sistema judicial ecuatoriano en un tiempo récord.

Luego cruzamos un puente que pasa por encima de uno de los muchos brazos de mar que se internan en Guayaquil y llegamos a un hermoso parque que bordea el canal de agua, lleno de manglar e inmensos árboles. Es como el Malecon 2000 pero mucho más verde y tranquilo. Un lugar de contemplación de naturaleza, no te esperarías algo así en una ciudad con tanto cemento como Guayaquil.

Barrio de Garay - Guayaquil

Barrio de Garay – Guayaquil

Y finalmente llegamos al Barrio Garay, que también bordea otro canal de agua pero aquí entre las casas que están casi sobre el agua hay un camino para bicicletas y peatones que permite ver de cerca esta suerte de “Venecia” sobre el agua.

Finalmente, atravesamos un poco del oeste de la ciudad, menos prolija y ordenada que el centro, pero más real y auténtica. Los autos un desastre, los buses unos salvajes pero si se maneja a la defensiva si se puede… y llegamos al sitio donde almorzamos, la Picantería La Culata, manejada por gente local, un centro de la bohemia local con deliciosa comida de mar y abiertos a modificar el menú para vegetarianos. Se trató de una experiencia increíble que me permitió conocer Guayaquil mas allá del recorrido turístico típico!

Después de esa pedaleada no tenía energías para mucho más, asi que me fui al Hostal Villa 64, al que sus dueños: Victoria y Vicente, me invitaron a conocer, para descansar en el tranquilo patio interior, y recomponerme… que aunque lleve varios dias sobre una bici, aún no estoy en estado como para sobrevivirlo con elegancia.

Me quedé en Guayaquil dos días más, esta vez en el Hotel Onix Gold, y aproveché esos días para caminar por las calles -siempre en horas diurnas- y meterme un poco más en las entrañas de esta ciudad bajo una nube plomiza que descargó su furia en la ciudad mis últimos dos días de estancia.

Sin lugar a dudas, Guayaquil es una cuidad a la que hay que darle la oportunidad y descubrir sus encantos!

¡¡Buenos viajes!!

PD: Perdí mi álbum de fotos de Guayaquil, quizá en un acto arrebatado de torpeza la borré sin querer. Las fotos en este post son de mi móvil. Además, como internet por estos pagos va muy lento, subo solo 4 fotos!

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