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Los imprevistos son parte del viaje

Una parte intrínseca de viajar por libre son los imprevistos. Esas situaciones que una no se espera tener que enfrentar, ni siquiera eran parte del imaginario antes de salir de casa. No puedes tener todo controlado ni estudiado al milímetro, y cuando estás en ruta sin itinerario fijo y deambulando por el planeta lo más probable es que te encuentres en situaciones que deberás afrontar como buenamente puedas.

Jeepney en Filipinas

Desde que cancelen un vuelo y pierdas una conexión y quedes varada en un aeropuerto, desaparezca por obra de magia tu reserva en un hotel y el recepcionista te diga, sin pestañar, que está todo lleno ahora y no puedes quedarte allí, que te enfermes, pierdas o te roben el pasaporte o tu dinero, o te encuentres en una situación bizarra y potencialmente peligrosa.

Lo importante en esta clase de viajes por libre es siempre poner a funcionar todo el mecanismo de seguridad y supervivencia que conozcas y salir lo más aireosa posible de esas situaciones. Hoy os voy a contar 3 anécdotas de mis viajes por el mundo para que conozcáis ese otro lado de los viajes que muchas veces no se cuenta tanto:

 

1. CUESTIÓN DE DINERO

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Cuando salí de viaje la primera vez me llevé mi tarjeta de débito de siempre, la que llevaba usando varios años en Buenos Aires, y otra de crédito que había pedido justo antes de mi gran viaje. Error de la novata: ¡no miré la fecha de caducidad de mi tarjeta de débito! Yo había llevado parte de mi dinero en efectivo y las dos tarjetas del banco. Tras varios meses de viaje, al llegar a Paris casi sin efectivo ya, intento retirar dinero con mi tarjeta de débito y me doy cuenta que está vencida y ¡no me deja hacer la transacción! Intento con la tarjeta de crédito… ¡y se había desmagnetizado! Como era viernes festivo en Paris no podía acudir al banco.. y tampoco podría acudir durante el  fin de semana, así que me tuve que buscar la vida con las pocas monedas que tenía sueltas. Como el hostel se pagaba la noche por adelantado, dejé mi pasaporte como promesa de pago. Cuando llega el lunes voy al banco correspondiente a mi tarjeta de crédito y me dicen que por no sé qué burocrático no me podían dar ellos otra tarjeta, la tenía que pedir a mi banco Argentino… pero en mi país lunes y martes era festivos! Para ese entonces yo ya llevaba 4 días sin dinero!! Mi tarjeta de débito era de un banco nacional, por lo que tenía que escribirles y pedirles una tarjeta nueva… ¡a distancia! Como no tenía ya más dinero para hacer llamadas y los teléfonos no me permitían hacer llamadas a cobro revertido tuve que buscar la embajada Argentina en París y pedirle al cónsul que me dejara llamar a mi madre ¡desde su oficina! Cuando finalmente conseguí hablar con mi madre, le pedí que me hiciera una transferencia por Western Union el miércoles y le tuve que pedir que ella gestionase mis nuevas tarjetas en Argentina, ¡todo un lío! Mientras tanto, en el hostel donde me quedaba, los viajeros que se hospedaban allí me alimentaron… “donde comen dos, comen tres” me decían! ¿Lección? Si te vas de viaje por tiempo indefinido, asegúrate que tus tarjetas tienen una validez de al menos 2 años, ahora que tienen chip no corres el riesgo de que se desmagneticen, pero por las dudas guárdalas siempre en un lugar seco y seguro. La otra lección: siempre lleva bastante dinero en efectivo como para pagar al menos tres noches de alojamiento y algo extra para comer… ¡no llegues sin nada de efectivo a tu destino!

 

2. ROBOS EN EL BUS

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Hace unos –varios- años atrás Myanmar restringía bastante el acceso de turistas extranjeros al país, además de imponer ciertas reglas para el tránsito interno. Una de las desventajas era que no existían cajeros automáticos que aceptaran tarjetas extranjeras, por lo que debías llevar todo el dinero que fueras a utilizar durante tu estancia contigo, en efectivo y en dólares americanos IMPOLUTOS. Es decir: sin una marca, sin un doblez. Después de mucho averiguar, me comentaron que únicamente en Bangkok ofrecían esa clase de dólares casi “recién hechos”, por lo que cambié 500us$ antes de irme una semana al norte de Tailandia y luego regresar para pasar la noche en la capital antes de tomar el vuelo a Rangún. Como los dólares tenían que estar perfectos, decidí guardarlos entre las páginas de un libro que coloqué en mi mochila grande (bueno, lo escondí al fondo de la mochila, entre mucha ropa y envuelto en un pareo). Me subí a un bus nocturno que no hacía paradas intermedias y me aseguré que mi mochila estuviera compacta, bien cerrada y debajo de otras muchas mochilas. ¿Pero cuál fue mi sorpresa al abrir mi mochila al llegar al hotel? ¡¡Que me habían robado los 500us$!! ¿Cómo era posible? Pues aparentemente la zona de equipaje del autobús está concectada con la cabina el chófer, y este siempre viaja con uno o dos acompañantes. Según me contaron luego muchos viajeros y comprobé a mi regreso a la capital, durante la noche esos acompañantes se cuelan en la zona de equipaje y con casi 14 horas por delante abren una a una las mochilas, con toda la calma del mundo –¡aunque tengan candado saben abrirlas!- y remueven todo, quitan aquello que les es útil (incluso me robaron un bote de repelente de mosquitos Relec!) y lo vuelven a dejar todo tal cual una lo había empacado! ¿Lección? Lleva siempre contigo aquellos objetos de valor, aunque creas que estarán a salvo en la zona de equipajes… y aunque le hayas puesto candado! Ellos saben abrir las cremalleras sin necesidad de abrir siquiera el candado, ¡sólo necesitan un bolígrafo! Hice la denuncia en la policía pero poco podían hacer –y de hecho, nada hicieron-.

3. PSICÓPATAS EN EL TREN

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Viajar te enfrenta a veces a situaciones muy bizarras y una de ellas me ocurrió en un tren de camino a Paraga. En la tercera o cuarta parada del tren se subió un chico joven que vestía ropa muy ancha y parecía muy nervioso… no era su apariencia, sino la energía que desprendía la que me incomodó… pasó junto a mi buscando su asiento y sentí alivio al ver que seguía de largo. A los pocos minutos regresó y se sentó a mi lado. Yo estaba en el asiento de la ventana, por lo que me sentí atrapada cuando ocupó su sitio. Me resigné y seguí mirando el horizonte quieto mientras todo a su alrededor se movía a toda velocidad. En eso veo en el reflejo de la ventana que el chico a mi lado se está clavando algo en el brazo, miro de reojo y veo que es un capuchó de un bolígrafo tipo Bic. Me puse nervisa pero lo ignoré, de momento no sentí la necesidad de nada drástico… hasta que vi que se había lastimado y salía sangre por la herida. Me di vuelta y le pedí que dejara de hacer eso. Él guardo el capuchón… pero al rato sacó una jeringuilla y comenzó a pincharse, cuando di vuelta la cara para confrontarle él me acercó la jeringuilla a la cara. Me asusté, le dije que guardara eso y volví a mirar por la ventanilla, pero esta vez sin saber bien qué hacer! Qué pasaría si me muevo o si intento salir y me pincha? Decidí dejar pasar un rato y luego me levanté, cogí mi mochila y me fui al coche restaurante donde me quedé de pie el resto del viaje… pero tenía miedo que el chico en algún momento apareciera asi que en cuanto escuche por el altavos la palabra “Praga” bajé sin preguntar y ¡me había equivocado de estación! La parada en la que me esperaban unos mexicanos que había conocido en Suiza era la siguiente. Así que me fui al centro de la ciudad en transporte público, me senté en un cibercafé y les dije que estaría allí esperándoles unas dos horas más (antes de que anocheciera)… y a la hora ellos me pasaron a recoger! ¿Lección? Si en algún momento te encuentras en una situación bizarra que te hace sentir incómoda, trata de alejarte o salir de allí y, si puedes, pide ayuda a la gente a tu alrededor.

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Como veréis, en ningún momento sentí que mi vida estaba en peligro, pero si que algunas de estas situaciones las podía haber prevenido o evitado. Lo importante cuando una sale de viaje es ir preparada para cualquier eventualidad, saber implementar tus habilidades para hacer frente a cualquier contratiempo y, lo más importante, creer en tu instinto y en ti misma. No temas pedir ayuda, no temas aceptar ayuda y, por sobre todas las cosas, ten fe en el camino. Recuerda que son justamente estas situaciones las que te ayudan a crecer como persona, a desarrollarte y desarrollar tus habilidades. Los imprevistos ponen el toque de “adrenalina” en nuestras vidas así que asume que son parte de la vida y de tu viaje. Cuando te topes con un imprevisto, mantente en calma, respira profundo unas cuantas veces y enfréntalo en la medida de lo posible ¡con buen humor y optimismo!

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