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No copies un viaje, créalo tú

Hay un error que muchas veces cometemos: “imitar” -de una manera consciente o inconsciente- los grandes viajes de viajeros y viajeras que admiramos o de amigas o familiares que nos muestran sus hazañas en fotos o videos.

Nos ponemos las mochilas al hombro con una idea preconcebida de lo que “un viaje debería ser”, ajenas a lo que nosotras mismas, como personas únicas e irrepetibles, deseamos y olvidando que el viaje está en una, más allá del cambio de paisajes. Poner las expectativas muy altas y trazarnos aventuras que no son coherentes con nuestros gustos y deseos -en vez de dejar que el viaje fluya- es la fórmula para que terminemos insatisfechas y hasta decepcionadas.

Quienes nacimos en el siglo pasado hemos tenido de alguna manera la suerte de sólo acceder a los viajes de personas muy cercanas (a través de interminables sesiones de fotos impresas) o de aquellos grandes aventureros que nos lo contaban en libros, revistas,  periódicos o algún documental.

Pero todo ha cambiado, sobre todo con internet y las redes sociales. Ahora podemos seguir casi el “minuto a minuto” de cada viaje, ver los paisajes en tiempo real y esas caras de felicidad recordándonos los placeres de la vida que NO ESTAMOS VIVIENDO.

Volando en parapente via Shutterstock

Volando en parapente via Shutterstock

Hoy en día escuchamos y leemos muchas historias de viaje, vemos fotos y videos y queremos emular a esos viajeros o viajeras intrépidas que están cumpliendo los que también son nuestros propios sueños. Los viajes y los viajeros se exponen en una especie de vidriera virtual 365x24x7. Nos dan un poco de envidia, si, pero también nos inspiran y hasta nos convencen de visitar ciertos sitios que no teníamos registrado en nuestros atlas personales. ¿Quién hubiera pensado 45 años atrás en hacerse un viajecito a… “Santo Tomé y Príncipe”, por ejemplo? Seguro que lo podría contar con los dedos de una mano.

Yo, por ejemplo, siempre me quedo embobada mirando fotos y videos de grandes aventureros y aventureras. Devoro las historias que diferentes bloggers cuentan sobre sus travesías por paisajes blancos de techos verdes o de cafés en jarras de barro en tribus etíopes. Cuando viajo no puedo evitar compararme con el viaje que hizo por ese mismo destino tal o cual viajera y a veces me siento una “perdedora”… una “turista más” que no está “viviendo el viaje de la manera correcta” (como si existiera una “forma correcta” de viajar). Hasta me siento culpable (ese sentimiento tan cristiano del que no logro deshacerme) cuando estoy en un sitio ideal para hacer submarinismo y no lo hago porque soy claustrofobia y empiezo a hiperventilar y debo subir a la superficie frustrada y sin oxígeno. O simplemente conozco mis limitaciones y no hago algunas actividades porque sé terminaría muerta o en el hospital, como hacer en bicicleta el camino de la muerte en Bolivia y me autoflagelo mentalmente pensando que una “verdadera aventurera lo hubiera hecho de todas maneras”.

Pero volvamos a los viajes en general. Nos planteamos viajar y tomamos la difícil decisión. Compramos el billete, soñamos los meses y las semanas previas al viaje y leemos mucho sobre lo que otros viajeros hicieron en ese mismo viaje al que vamos a aventurarnos… y aunque no lo sepamos nos creamos una presión: sin ser demasiado conscientes vamos a intentar recrear esos viajes y nos imponemos el ser aventureras, el hacer un montón de cosas con las que quizá no nos sintamos cómodas… como viajar a dedo, hacer clases de surf o subir un volcán.

Esto es un error.

No copies un viaje, invéntatelo tú

 

Cuando te vas de viaje el único objetivo es -o debería ser- hacer tu propio viaje, SER TU VIAJE. No hay una sola manera de experimentar un destino ni una sola forma de vivirlo. Nadie dice que para que sea una “verdadera aventura o una verdadera viajera” tengas que saltar de un puente, escalar la montaña más alta, hacer dedo en una ruta desierta, dormir en una terminal de trenes, comer comida callejera, visitar tal o cual templo, charlar con todos, dormir con un local,ir a tal o cual playa/ciudad/selva/museo…

No.

No te compares (no NOS comparemos). Que tu viaje no sea –o intente ser- el reflejo del viaje trepidante de un amigo, un familiar, un blogger de moda…

El viaje eres tú y es tuyo. Debes hacer lo que a ti te  haga sentir bien y lo que a ti te guste, siendo leal a tus emociones, a tus deseos, a tus necesidades en cada momento. Deja el “tengo que” en casa y durante el viaje solo usa el “me gustaría hacer… me gustaría ver…”. Si realizas el itinerario y actividades que otros han realizado sólo por sentirte más “aventurera” o “cool”, terminarás exponiéndote a sentimientos negativos porque al fin y al cabo… ese no es tú viaje, es el de otra persona.

No imites, no te compares…
¡vive tu viaje totalmente libre!

 

El viaje es tuyo y tú debes hacerlo minuto a minuto, disfrutándolo. Como dijo Henry Miller “Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”. Busca tu nueva manera de ver las cosas, tu viaje en primera persona del singular. Tu mirada, tus decisiones, tus pensamientos, tus deseos, tus anhelos, tus miedos, tus fobias, tus triunfos, tus fracasos… hazlos todos tuyos.

Saltando de un acantilado via Shutterstock

Saltando de un acantilado via Shutterstock

Toma inspiración, lee sobre las opciones que hay en tu itinerario y elige aquellas que quieras de veradad. El viaje es tuyo y será lo que tú quieras hacer de él. El viaje eres tú y debería ser un fiel reflejo de quien tú eres. Esa es la única manera de no viajar de forma repetida, calcada, automática y desalmada.

Anímate a crear y ser tu propio viaje. 

Mujer surcando los mares via Shutterstock

Mujer surcando los mares via Shutterstock

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