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Pacaya Samiria: la selva de los espejos

La Amazonía peruana no es como Australia*, donde prácticamente cada bicho que la habita puede matarte, sino que goza de un saludable equilibro entre animales y arbustos letales y plantas medicinales… información que me alivió. Bueno, eso y que Rey, nuestro guía, me garantizó que en el ecolodge tenían los antídotos para casi todo lo que pica, muerde o escupe veneno en la selva. Jugar a ser Frank de la jungla tiene sus riesgos, pero yo no estaba dispuesta a asumir aquellos que implicaban una muerte lenta y dolorosa.

Vistas al río Marañón y a la Reserva Pacaya Samiria

Vistas al río Marañón y a la Reserva Pacaya Samiria

Después de una semana en Iquitos y tras indagar todas las opciones existentes para hacer la excursión a las entrañas de la selva tropical más grande del planeta, me decanté por el Pacaya Samiria Amazon Lodge que, a diferencia de otras agencias -y otros muchos charlatanes- me ofrecían 3 días completos en un área protegida aunque el avistamiento de animalitos no estaba garantizado porque estábamos en época de lluvias (o “creciente”, como también se conoce a esta época en la que el río aumenta considerablemente su caudal). Eso es honestidad. Cuando el río crece, los animales buscan refugio en las zonas altas, no inundables, para asegurar su subsistencia (y bien que hacen. No se van a quedar ahí para que el turista de turno les haga fotos, no?). Pero si bien muchos bichos no serían fáciles de ver, como el jaguar -que igualmente quién quiere encontrarse a uno de frente caminando en medio de la selva!- otros muchos como delfines de agua dulce, pirañas, aves, osos perezosos, monos, arañas, serpientes, etc estarían muy probablemente en lo que en lo que la estación vaciante es la playa fluvial de arena blanca.

Pacaya Samiria Peru Amazonia

Navegando uno de los brazos del Amazonas

La mañana que me pasaron a buscar por el hostal Flying Dog yo estaba más entusiasmada que niña en la mañana de reyes. Me desperté antes que el sol y no logré conciliar el sueño de nuevo. Preparé la pequeña mochila que me acompañaría en la travesía y me tomé una enorme taza de café. Quería estar bien espabilada desde el comienzo de la aventura. Llevaba años soñando con jugar a ser una exploradora de la selva y si bien no llevaba el machete en la mano, tenía todas las intenciones de pedir uno al llegar y abrirme paso entre la tupida vegetación (idea que abandoné en cuanto me di cuenta que era incapaz de distinguir un simple helecho de un strychnos cuya resina puede ser mortal o una rama seca de una de las serpientes más venenosas).

Caminando por la selva

Caminando por la selva

Fuimos en camioneta 4×4 hasta Nauta y allí tomamos una lancha rápida que con sus motores rugiendo como dragón furioso surcamos sólo un breve trayecto de los +6.885km del río Amazonas- viendo pasar a toda velocidad la más enmarañada y densa línea de vegetación y cada tanto alguna casa de madera o muelle improvisado al quedar el original sumergido tras la fuerte crecida de este año. De repente, sobre la margen derecha, divisé una pequeña lancha junto a un marco de madera que abría paso a las vísceras amazónicas. Desde la lejanía -y sin mis gafas- parecía el hueco por donde entra Alicia al mundo fantástico. Casi camuflado con plantas, palmeras y arbustos, la entrada al ecolodge ya me daba una pista sobre el entorno en el que estaría alojada los siguientes días: cabañas totalmente en armonía con la naturaleza, realizadas en materiales de la zona y, aunque contaban con electricidad sólo 4 horas al día y agua fría, disponía de todas las comodidades de un hotel de lujo… ¡en medio de la selva!

Entrada al Ecolodge

Entrada al Ecolodge

Nos recibieron con una gran sonrisa y un vaso de zumo de maracuyá bien fresquito, nos enseñaron nuestras cabañas y nos dieron un rato libre para refrescarnos. Mi cabaña era absolutamente increíble: toda de madera, con un ventanal enorme con tan sólo un mosquitero seprándome del resto de la jungla, baño completo y capacidad para 6 personas! Lo que más disfruté fue del porche con un gran sofá y vistas a la naturaleza. Por la noche, cuando la electricidad se corta, las estrellas brillan con intensidad e iluminan el cielo; el croar de las ranas y piar de los pájaros crean una sinfonía melódica y relajan. Jamás imaginé que un “bicho de ciudad” como yo pudiera disfrutar tanto de un entorno natural como este.

Recibimiento en el Pacaya Samiria Amazon Lodge

Recibimiento en el Pacaya Samiria Amazon Lodge

Recepción del hotel y pasillo para llegar a las cabañas

Recepción del hotel y pasillo para llegar a las cabañas

Una de las zonas de relax y descanso en el ecolodge

Una de las zonas de relax y descanso en el ecolodge

Entrada a mi cabaña

Entrada a mi cabaña

Mi cabaña vista desde afuera

Mi cabaña vista desde afuera

Mi habitación en el ecolodge

Mi habitación en el ecolodge

Detalles que enamoran

Detalles que enamoran

Esa misma tarde salimos a caminar por la llanura verde y compacta. Rey nos advirtió que siguiéramos sus pasos y que no tocáramos nada (como diría una madre a su niña de 5 años en una tienda de cristales de Swarovski. Nada más que aquí la consecuencia no sería económica sino letal en el peor escenario… en el mejor una paralización de unas horas!). Aunque yo no podía siquiera reconocer dónde empezaba una planta y terminaba la otra en medio de la maraña natural, Rey tenía el ojo entrenado para distinguir diferentes especies de insectos, aves y serpientes de palos, hojas secas o arbustos. Me sentía totalmente inútil. Era incapaz de salir de allí -al menos ilesa- sin un guía. Nada de lo que me habían enseñado en el colegio o en la universidad me era útil en este contexto. ¿Qué mas daba saber realizar una estrategia de comunicación o conocer los secretos de una campaña online exitosa si no sabía diferenciar una hormiga normal de una “hormiga bala”? La naturaleza te da guantazos en la cara y te sientes indefensa e inepta. Cuando le pregunté a Rey si había boas me dijo que si, “que eran las encargadas de controlar el flujo de turistas en la zona”. Cuando mis ojos salieron de sus órbitas, me dijo que era sólo un chiste, pero que sí que había… que estuviera atenta al piso. De repente un alto repentino a nuestro andar y un susurrado “shhh” nos dejó a todos inmóviles como estatuas. Delante nuestra teníamos a una Jergón, una de las víboras más venenosas de la zona. Fue como si haber mencionado a estos reptiles hubiera hecho que uno decidiera hacer acto de presencia. En ese momento decidí no preguntar por arañas u otros animalillos venenosos. Seguí concienzudamente los pasos de Rey y me tomé muy en serio sus explicaciones sobre qué plantas proveían de agua o alimentación y de cuáles debía alejarme lo máximo posible… ¡nunca se sabe cuándo precisarás esta información en tu vida!

De la raíz de esta planta se puede obtener agua potable... muy útil si os perdéis en la selva!

De la raíz de esta planta se puede obtener agua potable… muy útil si os perdéis en la selva!

Cuidado con lo que tocáis!

Cuidado con lo que tocáis!

De mi primera incursión en la selva salí prácticamente ilesa -las picaduras de mosquitos aparentemente no cuentan como “heridas de guerra”-. Cenamos a todo lujo en el hotel, con comida vegetariana para mi (he descubierto que la ensalada de chonta me encanta!), y cerca de las 9 de la noche cada uno se fue su cabaña para preparar todo y dejarlo listo para nuestra exploración del día siguiente.

Disfrutando del atardecer antes de ir a cenar, desde el porche de mi cabaña... ¡vaya lujazo!

Disfrutando del atardecer antes de ir a cenar, desde el porche de mi cabaña… ¡vaya lujazo!

¡todos a la mesa que la cena está lista!

¡todos a la mesa que la cena está lista!

La cena está lista

La cena está lista

Minutos antes de que se apagaran las luces del ecolodge, dejándonos al amparo de las estrellas -y unas velas y linternas- fui al baño a hacer pis y al sentarme en el váter vi, de refilón, una sombra moverse a gran velocidad hacia un rincón. Salté del susto. Con toda la valentía que me quedaba almacenada en el cuerpo para el resto de mi vida me acerqué un poco para ver de qué animalejo se trataba. Era una araña. ENORME. NEGRA. PELUDA. Di un par de pasos hacia atrás e intenté calmarme. Estaba en la selva, ¿qué podía esperar? Por mi mente pasaron artículos que había leído hacía poco de las tonterías por las que se quejaban los turistas: “mujer se queja ante el ayuntamiento porque la playa tiene demasiada… ‘arena’!”, “hombre mayor pone queja en el hotel porque en ‘la ciudad’ había demasiados mosquitos”, “familia se queja ante la empresa turística por no informarle que en Dubai hacía mucho calor”. Ya me veía yo en esas estadísticas: “joven se queja porque en la selva hay arañas”. Durante unos pocos segundos dudé sobre cuál sería el comportamiento adecuado… y evidentemente fui corriendo a buscar a Rey, que todavía se encontraba en el restaurante. Totalmente avergonzada le dije que había visto una araña ENORME en mi baño y como yo no sabía si era de las venenosas o no quería que “simplemente” le echara un vistazo (cuando en realidad quería que la sacara de mi cabaña lo antes posible usando cualquier método, si fuera necesario… el asesinato!).

Especimen encontrado en mi baño. (no exactamente esta misma, sino una igual)

Especimen encontrado en mi baño. (no exactamente esta misma, sino una igual) Foto de google.

Rey me dijo que iría en unos pocos segundos y yo le comenté que me adelantaría para asegurarme de que no se moviera del sitio donde la había dejado (con la puerta cerrada, claro!). Alguien sabe decirme qué es lo peor de encontrar una araña ENORME en su habitación? Exacto! Perderla de vista! Cuando llegué la araña no estaba en el baño. PÁNICO. Menos mal que Rey llegó a los pocos segundos y mientras él revisaba cada milímetro de mi habitación yo estaba, muy tranquila, subida a un sofá. Cuando la encontró (debajo de MI CAMA!!!) me dijo que era una tarántula también conocida como “araña lobo”. Me dijo que su picadura no mataba pero era muy dolorosa. Cuando me preguntó si quería que la sacara de la cabaña el “sí” explotó en mi boca. Me preguntó si la podía matar (a sabiendas de que estoy en contra de acabar con la vida de cualquier animal) y yo cogí aire lentamente, lo expulsé con un soplido fuerte y le dije que me daría la vuelta, cerraría los ojos y qué él hiciera lo que tuviera que hacer. Esa noche dormí totalmente envuelta en la mosquitera.

El segundo día en la Reserva Nacional Pacaya Samiria comenzó muy temprano. Mientras desayunábamos le pregunté a Rey, mi nuevo héroe, por qué a la reserva le llamaban “la selva de los espejos”… pero en vez de darme una explicación me respondió “ya lo verás”.

Reserva Nacional Pacaya Samiria Amazonía Perú

Navegando por el río Marañón

Navegando por el río Marañón

El aire fresco de la mañana abrazaba mi cuerpo, el sol lentamente comenzaba a calentar la piel y los motores rugían con furia mientras nos deslizábamos por el río Marañón y al llegar al encuentro de éste con el Nauta nos detuvimos a ver los ¡delfines rosados! Los delfines de agua dulce por lo general se concentran en las uniones de ríos para alimentarse, ya que allí se agrupan grandes cantidades de peces. Eso fue como buscar a Wally, dado que estos delfines rosados no suelen salir mucho a la superficie y no son grandes saltarines, a diferencia de los grises que pueden saltar ¡hasta 2 metros! En cuanto la pequeña embarcación se adentró en el oscuro río Nauta, la descripción de “selva de los espejos” cobró sentido. Largas carreteras de espejos reflejando fielmente el celeste del cielo con sus blancas nubes, el follaje verde de la vegetación de las orillas e incluso mi cara. No tenía que levantar la vista para ver el cielo… bastaba con mirar la superficie del río, oscuro e inmóvil. Esta propiedad de reflejar exactamente el entorno se debe a que la descomposición de las ramas y hojas que caen a este tornan al río oscuro y gracias a este color se puede plasmar en su superficie lo que hay a su alrededor.

Reflejos en el río

Reflejos en el río

Reflejos en el río

Reflejos en el río

La selva de los espejos

La selva de los espejos

La Selva de los Espejos

La Selva de los Espejos

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Los cantos, trinos y silbidos de los habitantes de la selva se hacían cada vez más evidentes y el ojo entrenadísimo de Rey fue el que divisó todos los animales de la zona: camungos, gavilanes, martín pescador, gallinazos, golondrinas, mamatúas, osos perezosos, monos musmuqui, iguanas…

Avistamiento de aves

Avistamiento de aves

Oso perezoso a la vista!

Oso perezoso a la vista!

Iguana!

Iguana!

Encontráis el animalillo aquí?

Encontráis el animalillo aquí?

El momento más esperado por todos fue el baño en una cocha (laguna) del río Nauta. Incluso con la incertidumbre y el temor por las anacondas, pirañas y anguilas que habitan estas aguas, nos zambullimos todos para refrescarnos en uno de los brazos del gran río Amazonas. El agua era marrón, pero muy limpia… tanto que permitía ver a un par de metros e incluso te pintaba las piel de dorado.

Nadando en una cocha de Nauta

Nadando en una cocha de Nauta

Ya era la hora de la comida y para mi sorpresa Rey había preparado ¡un picnic! Comeríamos en el barco, en una zona llena de vegetación flotante que daba la sensación de ser una alfombra verde sobre la que se podía caminar. Las vistas eran únicas, el sonido de la naturaleza retumbaba en la cabeza y el olor a vegetación exacerbaba los sabores de la comida.

Las vistas desde mi "restaurante"

Las vistas desde mi “restaurante”

Hora de la comida a bordo de nuestra pequeña embarcación, en medio del río

Hora de la comida a bordo de nuestra pequeña embarcación, en medio del río

Después de comer, una foto con las vistas!

Después de comer, una foto con las vistas!

El día transcurrió entre espejos, animales y la comunidad 20 de enero, una de los 208 centros poblados del área, que se especializan en el aceite de aguaje. Allí charlamos con los locales, Rey y uno de mis compañeros en el tour aprovecharon para poner a prueba sus habilidades deportivas en la pequeña cancha de fútbol mientras yo mimaba a un osito, mascota de uno de los niños de la zona. También bebimos agua de coco y fuimos parte de una tarde con los miembros de la comunidad.

Llegando a la comunidad 20 de enero

Llegando a la comunidad 20 de enero

Llegando a la comunidad 20 de enero

Llegando a la comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Yo quise agarrar mi propio coco

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

Comunidad 20 de enero

La tarde la extendimos más de lo esperado pero eso nos ofreció la posibilidad de contemplar el más mágico atardecer desde el bote, de regreso al ecolodge.

Atardecer

Atardecer

Atardecer

Atardecer

El último día en el corazón de la amazonía también lo teníamos reservado para visitar a una comunidad indígena: la de San Jorge. Para nuestro guía tenía un toque emotivo ir hasta allí, dado que tanto él como el resto de los empleados del ecolodge pertenecían a ella y habían sido entrenados especialmente en cada una de las áreas de restauración en las que ahora se empleaban para colaborar con su economía. Naturalmente son agricultores, pescadores y artesanos y al llegar allí, bajo una tormenta torrencial, de esas que parece que el cielo se partirá en dos, llegamos al mercadillo de artesanías donde tuvimos la oportunidad de charlar con las mujeres artesanas y descubrir sus habilidades. Antes del medio día, mis compañeros de viaje se fueron a realizar pesca deportiva pero yo decidí quedarme en el hotel. No me parecía divertido pescar pirañas, ¡aunque luego las devolvieras al río! ¿A quién le gustaría que le atravesaran un anzuelo por el labio -incluso si es por unos pocos minutos-?

Comunidad San Jorge

Comunidad San Jorge

Mesa de artesanías de la Comunidad San Jorge

Mesa de artesanías de la Comunidad San Jorge

Artesanías de la Comunidad San Jorge

Artesanías de la Comunidad San Jorge

Mientras esperaba a que regresaran de su experiencia de pesca -y la hora de la comida, para ser sincera- guardé todas mis cosas en la mochila repasando mentalmente mi experiencia de los últimos días. Desee quedarme allí al menos una semana más, pero mi viaje debía continuar y el alojamiento ya estaba alistándose para recibir a otro grupo de 15  personas.

Mapa de ríos del Pacaya Samiria

Mapa de ríos

Hay muchas maneras de experimentar la selva y muchas reacciones a la interacción con la naturaleza, sobre todo para un bicho de ciudad como yo. Pero la espectacularidad de su silencio y de la melodía de las criaturas de la jungla, la magia con la que las venas abiertas del corazón de la selva tropical refleja la inmensidad del cielo y la inconmensurable cantidad de animales e insectos que la habitan te invitan a mirar el mundo desde otra perspectiva, a admirarlo y a respetarlo más que nunca. Esos miles de kilómetros cuadrados que parecen una gran mole verde desde la lejanía vibra con la vida de su flora y fauna, especializada en mantenerse y autoprotegerse a la vez que brinda oxígeno al planeta entero y es el hogar de centenares de especies, algunas de ellas únicas en el mundo.

las venas del corazón del planeta

las venas del corazón del planeta

Sin duda alguna, la visita a la Reserva Nacional Pacaya Samiria ha sido una de las experiencias más emocionantes de mi viaje. Irrepetible. Recomendable.

El equipo del Pacaya Samiria Amazon Lodge casi al completo!

El equipo del Pacaya Samiria Amazon Lodge casi al completo!

 

Información útil:

Si queréis más información sobre las excursiones al corazón de la Reserva Nacional Pacaya Samiria con este operador, podéis contactar con Valeria Barreto o cualquier miembro del ecolodge pinchando aquí.

 

 

* Aclaración: esta información sobre Australia es una mera exageración mía, sin base científica. Por favor no tomadlo como una verdad.

 

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