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Pícardia ecuatoriana para llegar a Puerto López

No tenía la menor idea del día que era, sólo sabía que esa mañana tenía todas las intenciones del mundo de viajar a Puerto López. ¿Martes?, ¿jueves?, ¿26 de marzo?, ¿11 de abril? ¡¡ni idea!! Ya me había acostumbrado a vivir sin lunes, sin fines de semana ni festivos… hasta que llegué a la terminal terrestre de Guayaquil y el calendario gregoriano me dio en toda la cara: era viernes 3 de abril… ¡estaba a las puertas de la Semana Santa y toda Guayaquil había decidido pasar las vacaciones en la costa! Mis probabilidades de conseguir un asiento en un autobús ese mismo día se redujeron a un 1% cuando descubrí la descarada técnica ecuatoriana de “saltarse la cola”.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que os muestro con lo que me encontré al llegar a la terminal terrestre (estación de autobuses):

Terminal terrestre Guayaquil

Terminal terrestre Guayaquil en Semana Santa (foto sacada con mi móvil)

Os preguntaréis por qué una chica precavida y obsesiva como yo no compró un ticket anticipado. La respuesta es simple: en Guayaquil no se permite la venta anticipada de billetes de autobús (o eso me dijeron cunando 3 días antes fui a la estación especialmente a comprarlo). Solo te venden los tickets el día que quieres viajar, unas horas antes, como  mucho.

La terminal era la viva imagen de la confusión y la locura. Las colas no tenían sentido, ni forma, ni orden… ¡era un verdadero enjambre humano! Pregunté a un par de personas al azar por la cola de Jipijapa (pensando que era el nombre de la compañía de buses que me llevaría a mi destino) y me señalaron hacia lo que se intuía era el final de una línea de personas. ¡Esa fila era eterna! No es metafórica mi descripción, es rigurosa, certera y real -con una pizca de exageración. La eternidad se materializaba en una linea desperfecta de humanos, bolsos y bolsas de todos los tamaños, colores y formas. Después de estar de pie 45 minutos, hambrienta, adormilada y añorando una taza inmensa de café, comencé a demostrar mi frustración en forma de queja. No entendía por qué aún no habíamos avanzado ni medio centímetro si la transacción era simple:

“- Hola, quiero un billete a XXXX (ciudad que corresponda) en el bus de las 9am.

– Muy bien, son 12 dólares.

– Aquí tiene el dinero.

– Aquí tiene su cambio y el ticket. Siguiente!”.

¿Puede haber algo más simple? ¿Cómo se podían demorar tanto? ¿Qué estaría pasando un millón y medio de personas adelante mía?

Pensando en todas estas cuestiones en voz alta, las personas que me rodeaban me despejaron las dudas y me iluminaron con su sabiduría local: la compañia Jipijapa con destino a Puerto López solo vendía asientos en el momento en el que el bus llegaba a la terminal, ya que recién ahí se enteraban de la cantidad de asientos disponibles (eh… siglo XXI ¿telféfonos móviles? ¿sistemas informáticos?). Lo cierto es que Ecuador si cuenta con una red de telefonía móvil, el problema radica en que los autobuses van parando a lo largo de las carreteras levantando a todo aquel que decida subirse y viajar. De ahí que, si un bus sale de la “terminal A” con 10 pasajeros puede llegar a la “terminal B” con 45 pasajeros. Este sistema de venta de boletos significaba una sola cosa (que deduje con cierta lentitud debido a la falta de cafeína en mi cuerpo): si solo había 8 autobuses a lo largo del día con una frecuencia de, supongamos 2 horas entre cada uno, podría llegar a tener que esperar en la cola, sedienta, adormilada, hambrienta y seguramente enfurecida, durante 2, 4, 6, 8 o 10 horas. No es broma.

Terminal Terrestre de Guayaquil en Semana Santa

Terminal Terrestre de Guayaquil en Semana Santa. La gente se agarra la cabeza

El poco sentido común a la hora de gestionar algo tan simple me enfureció. Pero más aún cuando me di cuenta de que ¡estaba en la cola equivocada!

La gente que pacientemente me escuchaba, en un rapto de lucidez por su parte, me comentaron que había un autobús directo a Puerto López -yo estaba en la cola que hacía diferentes paradas en el camino- y que la cola del bus directo era considerablemente menor… tanto que el último de la fila aún se encontraba dentro del recinto (a diferencia de dónde yo estaba, que era a 100 metros de la puerta de acceso). Corrí hacia la otra cola y efectivamente delante mía solo tenía unas 20 personas. O eso creo, todo era muy confuso. Pretender contar las personas delante de una en la cola, era como querer contar las abejas en un enjambre.

La muchedumbre se impacientaba con el pasar de los minutos (o fueron horas?), todos estaban a la defensiva y no demoraron en llegar los primeros gritos -y algún que otro empujón- hacia los listillos que pretendían colarse. El ambiente se caldeaba y tuvo que intervenir el departamento de seguridad de la terminal. Aparecieron 4 hombres fornidos, con placas que claramente indicaban que ellos venían a poner orden y trajeron con ellos unos vallados para delimitar las colas en las zonas de las boleterías y evitar que más gente se colara.

Luego se comenzaron a escuchar rumores de que habían subido la tarifa un 50%. La gente estaba indignada, pero nadie se abalanzó a quemar la boletería. Tampoco se pidieron hojas de reclamaciones. Aceptaron -aceptamos- indignamente el abuso.

Terminal Terrestre Guayaquil

Terminal Terrestre Guayaquil – Vista exterior

Esperé 5 minutos, 10, 15, 25… de repente se abrió la ventilla de venta de billetes ¡viva! Entre el tumulto alcanzo a ver que solo una persona consigue boletos para el siguiente bus y vuelve a cerrarse la ventanilla con la misma prisa y contundencia con la que se había abierto un par de minutos atrás. Lamenté que solo hubiera 1 asiento libre en el autobús… hasta que vi salir al primero de la fila, a codo limpio, con unos 20 billetes en la mano: ¿familia súper numerosa?, me pregunté. En otro país no me lo hubiera creído, pero en Ecuador le di el beneficio de la duda. La gente aquí viaja con sus +5 hijos, tíos, sobrinos, padres, abuelos, primos de primero, segundo y hasta tercer grado, etc.

Ahora solo tenía 19 personas delante… y me percaté que, a la persona que estaba primera en la fila se le acercaban decenas de personas con dinero y empecé a creer que no todos podían ser familiares y amigos! ¿Cuántos amigos puede un hombre tener fuera de Facebook? ¿Era posible que “casulamente” 30 personas conocieran al primero de la fila? Y ahí lo entendí todo: ¡Aha, ese es el truco para conseguir un asiento en el próximo bus! No hay que colarse “en persona”, hay que colarse de forma inadvertida, casi invisible: unas miradas, un par de gestos faciales, un paso rápido y eficiente de dinero de una mano a la otra y ¡ya te has colado… tú y tus 50 familiares y amigos!

La suerte estaba de mi lado y la segunda en la fila era una alemana, así que la llamé, la miré y le hice gestos que no comprendió y terminé por ser la “colada más evidente del recinto”. Abiertamente y a viva voz le pedí que me comprara el billete. Voilà, una hora y poco más tarde estaba de camino a… Jipijapa. Si, ese es el nombre de una ciudad. No sería Puerto López, pero estaba más cerca y fuera del enjambre de la terminal terrestre.

Así que ya sabéis qué hacer si os toca hacer cola en Ecuador. No os dejéis engañar con el número de personas delante vuestra. Posiblemente esa persona venga con su familia súper numerosa + amigos y amigos de los amigos, más una número indeterminado de gente que se colará de forma silenciosa delante de ti.

¡¡Buenos viajes!!

PD: Fotos de mi móvil

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Un pensamiento sobre “Pícardia ecuatoriana para llegar a Puerto López

  1. Ada

    Increíble historia amiga! Ya puedo imaginarte sufriendo durante horas sin cafeína hasta que encontraste el atajillo Qué suerte tuve de contar contigo como compañera de viajes en el pasado. Espero que este viaje te traiga muchas aventuras y no dejes de contárnoslas.

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