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Primeras impresiones de Guayaquil

Llegué a Guayaquil con un poco de paranoia, asustada por los relatos de altos índices de inseguridad, y por la desalentadoras anécdotas de tuistas que habían pasado por la ciudad más poblada del Ecuador tan solo por unas pocas horas antes de seguir camino. No sabía que esperar de ella, pero decidí dejarme sorprender y me quedé 4 días.

Malecon 2000

Malecon 2000

Llegué a la terminal terrestre por la tarde y el cielo amenzaba con descargar un chaparrón furioso sobre la ciudad. Como siempre que llego a una nueva ciudad, salí del edificio que alberga  la terminal y, mientras me fumaba un cigarrillo, observé el movimiento, espanté a vendedores ambulantes y taxistas “amigables”. Tenía dos formas de llegar al centro: autobús o taxi y la diferencia entre uno y otro, además de la rapidez y comodidad, era de 2 dólares así que, y a pesar de mi negación eterna a tomar taxis sola en ciudades extrañas, me subí a uno (con mis dos mochilas calzadas, por si tenía que salir corriendo) y le di la dirección del hotel y también un poco de charla.

Para mi fue un alivio llegar al Hotel El Manso, ubicado estratégicamente frente al Malecón 2000 y a muy poquitas calles de la arteria de la ciudad: la Avenida 9 de Octubre. Justamente esas son las dos zonas más seguras de todo Guayaquil, diseñadas para que los turistas -y locales- se sientan seguros y vean un lado de Guayaquil que es limpio, sereno y agradable, y permítanme sugerir que es lo opuesto a la realidad diaria de millones de Guayaquileños. Ricardo, dueño del hotel me invitó a quedarme una noche con ellos y descubrir no sólo el hotel, sino su gastronomía agroecológica y los “tours de turismo conscinete” que ofertan, pero de eso hablaré más adelante.

Me alegré de saber que, a pesar de haber llegado cuando estaba anocheciendo, tenía la posibilidad de salir a dar un paseo por el Malecón 2000, el barrio de las Peñas y subir hasta el Faro en la cima del cerro Santa Ana. Por lo general en las grandes ciudades Ecuatorianas -y a veces en las pequeñas también- te recomiendan volver al hotel al anocher o salir en compañía y moverte en taxi, con estrictas y precisas indicaciones sobre las zonas a evitar. Así que contenta de no tener que preocuparme por la hora ni la luz solar salí a dar un paseo por el Malecón 2000. Se trata de un paseo de 2.5km de largo a orillas del Río Guayas y que está cercado con vallas, ¡repleto de cámaras de vigilancia y un guardia de seguridad cada 35 metros aproximadamente! A lo largo de todo el recorrido, como en el libro 1984 de George Orwell, estás vigilada y custiodada… así que saca tu cámara de fotos con confianza, camina con tu mochila en la espalda y verifica tu teléfono móvil a placer… aquí difícilmente te atraquen.

Malecón 2000 - Guayaquil

Malecón 2000 – Guayaquil

El Malecón es muy pintoresco y, además de ofrecer unas buenas vistas al río Guayas, tiene museos, monumentos, zonas de recreación, restaurantes y ¡hasta un cine! Caminando por el Malecón 2000 se divisan al fondo, sobre la falda del Cerro Santa Ana, decenas de pequeñas y coloridas casitas bajas y en la cima ¡un faro! Es imposible no sentirse tentada a escalarla para descubrir unas excelentes vistas de la ciudad (y luego descubrir que allí arriba también hay una capilla y un Museo Naval). Me pregunté si salir del vallado Malecón sería seguro y le pregunté a uno de las guardas de seguridad. Me dijo que si, pero que “no te salgas del recorrido de las escalinatas”. Así que sin mucha más reflexión crucé la calle y  llegué a las faldas del Cerro Santa Ana ubicado en el emblemático Barrio de Las Peñas. Este barrio es reconocido por su colorida arquitectura colonial y porque fue justamente allí donde nació la actual ciudad de Guayaquil en 1547. Además de ser Patrimonio Cultural del Ecuador, los locales cuentan orgullosos que allí, además, vivieron por un periodo personajes ilustres de la historia como el Che Guevara, quien pasó poco menos de 2 meses antes de ser reconocido mundialmente como el Che, y Ernest Hemingway atraído por el aire artístico que se respiraba en sus calles.

Todavía me quedan algunos peldaños más...

Todavía me quedan algunos peldaños más…

Empecé a subir la gran escalinata con sus 444 peldaños que te llevan desde la base del cerro hasta la cima, rodeada de casitas bajas, bares, galerías de arte y tiendecitas de artesanías bajo la atenta mirada de guardias. Me gustó el recorrido, pero más aún las vistas desde el faro de 18metros! ¡Tenía una visión 360º de la ciudad iluminada!

Guayaquil iluminada

Guayaquil iluminada

Un rato más tarde, cuando decidí emprender el regreso, intené salirme de las escalinatas para cruzar una puerta de metal forjado muy atractiva y de repente: “pst, pst! Señorita, si yo fuera usted no iría para ahí a estas horas!” y al darme la vuelta era un guardia de seguridad quien me hablaba. Le pregunté por qué sería una mala idea salirme del “camino marcado” y su respuesta corta y sencilla lo dijo todo: “porque puede que no regrese… o que regrese sin sus cosas”. No tuvo que mediar mas palabras para que yo de un salto volviera a las escalinatas y de vuelta al Malecón 2000 vallado y vigilado y finalmente cruzara la calle y me metiera en el Hotel.

Faro en la cima del Cerro de Santa Ana en Guayaquil

Faro en la cima del Cerro de Santa Ana en Guayaquil

Si fuera por los demás turistas, después de haber recorrido estos enclaves turísticos ya estaba lista para seguir mi camino a otros destinos, pero le di una “chance” a Guayaquil y me quedé mas tiempo. En este otro post os cuento lo que hice y lo que visité!

¡¡Buenos viajes!!

 

PD: No me  pregunten qué hice con mi carpeta de fotos de Guayaquil… pero ha desaparecido de mi escritorio! Creo que mi torpeza la ha tirado a la basura sin querer 🙁 Las fotos que tengo en este post son las que saqué con mi teléfono móvil!

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