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Puerto López más allá de su playa

Hay ciudades de las que te enamoras a primera vista, otras a las que adoras sin siquiera haberlas pisado y algunas a las que tienes que darles tiempo para encontrarles su mejor faceta. Voy a ser sincera: Puerto López a primera vista me decepcionó. Llegué a la pequeña ciudad costera y la encontré superpoblada, embarrada, con la playa descuidada, agua revuelta, sucia y marrón… y encima el clima no ayudó a esta sensación inicial: nubarrones que por la tarde se deshicieron en un fuerte chaparrón que duró horas e inundó todas las calles. ¿Quién fue que me recomendó la playa de Puerto López?

Playa de Puerto López

Playa de Puerto López

No quise aventurarme con la sentencia, además me comentaron los lugareños que la suciedad del mar y de la playa se debía a las fuertes lluvias de los pasados días (se rumorea que es por culpa del fenómeno “El Niño”). En vez de dejarme llevar por el desencanto original y salir corriendo a los dos días, decidí quedarme cinco y conocer mejor la ciudad y su entorno natural. Os adelanto: la playa principal nunca me terminó de convencer. Aunque el agua aclaró con el pasar de los días -y la llegada del sol- y una vez la muchedumbre que invadió la ciudad por Semana Santa regresó a sus respectivas ciudades, la playa aún no era de ensueño: el mar olía a gasolina por la cercanía del puerto y la playa aún no estaba muy limpia.

Después de la tormenta llego el sol... y el ¡arcoiris!

Después de la tormenta llego el sol… y el ¡arcoiris!

Cartel en un chiringuito en la playa central de Puerto López

Cartel en un chiringuito en la playa central de Puerto López

Mi viaje a Puerto López fue motivado principalmente por los rumores sobre la belleza de la playa de Los Frailes. Ubicada en un área protegida del Parque Nacional Machalilla, a 10 minutos en bus del centro de la ciudad, esta bahía enmarcada por acantilados prometía un mar tranquilo y limpio, además de ser ancha y sin bares, hoteles ni restaurantes. Para acceder a ella tienes que recorrer cerca de 2km por un bosquecillo y caminos de tierra, lo que le confiere -como todo lo que conlleva un esfuerzo- un encanto especial al final.

Entrada al Parque Nacional

Entrada al Parque Nacional

A pesar del manto gris que cubría el cielo por la mañana, decidimos con un grupo de expatriados que vive en Quito y conocí en el hostal, ir muy temprano para buscar la playa del “entorno perfecto”. Por las lluvias los caminos de acceso estaban embarrados, así que hicimos dedo y una pick up se apiadó de nosotros y nos llevó en la caja hasta la playa. Al llegar a la bahía fue un alivio encontrarla semi desierta. Buscamos un rincón, dejamos los bolsos y ¡fuimos directos al mar! Grata sorpresa el encontrar que, a pesar de las precipitaciones y del temido “Niño”, el agua estaba cálida y limpia. Como la playa está en una zona protegida, la cierran a las 4pm, por lo que aprovechamos la mañana para bañarnos en el mar, tumbarnos al sol a charlar o leer y el medio día para hacer una larga caminata hasta el extremo sur, donde después de sortear algunas piedras llegamos a otra pequeña zona de playa completamente vacía. Como fui en abril, las ballenas aún no estaban por la zona, pero puedo imaginar qué espectáculo debe ser estar sentada en esa bahía viendo a las ballenas en su migración anual: ¡magia pura!

Playa de los Frailles

Playa de los Frailles

Pero no todo son playas en Puerto López. Miguel, el dueño del hotel donde me alojé: Yemayá hostal, me invitó a conocer otras dos actividades diferentes en la zona: una excursión a la Isla de la Plata, también conocida como “La Galápagos de los pobres” (aunque Miguel cree que el nombre le queda grande) y otra excursión menos conocida pero muy original que es la del Sendero Bola de Oro – San Sebastián.

Flora autóctona en el tour Bola de Oro

Flora autóctona en el tour Bola de Oro

La excursión conocida como “Sendero Bola de Oro – San Sebastián” o “La comuna del Pital” me dio la oportunidad de adentrarme en el bosque, dejando la turística ruta de “sol y playa” detrás y conocer un poco más en profundidad la comunidad que vive en la parte alta de la ciudad: los Pital. Al llegar a la comunidad, tras 20 minutos en coche, Carlos, el guía local, me prestó unas botas de agua y me condujo 4 kilómetros hacia las entrañas del  bosque por zigzagueantes senderos alfombrados por hojas que atravesaban una y otra vez los ríos: Mocora y Salón (me sentía George de la Jungla!). A lo largo del camino me fue enseñando la transición del bosque seco al húmedo y me fue contando sobre las plantas y animales que allí habitan y ¡vimos tucanes! Ademas me contó que ¡¡en la zona también hay monos aulladores!! Yo no llegué a verlos pero ¡si a olerlos! Estaban muy cerca de nosotros, pero no logramos encontrarlos.

Excursión Bola de Oro

Excursión Bola de Oro

Pequeña cascada en excursion en Bola de Oro

Pequeña cascada en excursion en Bola de Oro

Después de casi 2 horas de andar por zonas selváticas llegamos a una cautivante zona de cascadas en las que pudimos darnos un baño súper refrescante (congelado). La sensación de estar rodeados por una densa vegetación mientras nos bañábamos en las cascadas de los ríos fue realmente espectacular. La energía y fuerza de la madre tierra te envuelve y te devuelve a la vida: los sentidos se despiertan, la mente se calma y el cuerpo se relaja. Una sensación increíblemente deliciosa!! Revitalizados por el agua, emprendimos el regreso a su casa en la comunidad Tical, donde la madre y la hija de Carlos nos esperaban con una rica comida para reponer las energías. Una experiencia soberbia para conocer la vida silvestre de la región, hacer trekking o cabalgar. Como se trata de un tour autogestionado por locales, no tienen web para hacer reservas pero siempre podéis escribir al guía, Carlos, a su email: carlosmanrique61@hotmail.com o preguntarle a Miguel del Yemayá Hostal.

La otra excursión que hice fue a la Isla de la Plata, ubicada a 50km de la costa de Puerto López, invitada por la agencia: Islas Tours. A pesar de conocer superficialmente el rico pasado de la isla como zona en la que los piratas atacaron a las naves españolas en épocas coloniales o su función de puerto  para las culturas precolombinas para intercambiar mercancías, principalmente la concha Spondylus considerada el manjar de los dioses; yo quería ir a la isla a ver de cerca a los “pájaros de patas azules” (Piqueros). Si hubiera ido en junio también hubiera podido ver ballenas, pero tuve la suerte que nos topamos con una colonia de delfines juguetones que durante mas de 20 minutos estuvieron dándonos un gran espectáculo de ¡saltos y piruetas!

Delfines alegres!

Delfines alegres!

La excursión en barco hasta la árida isla tarda una hora aproximadamente -a menos que el capitán se percate de la existencia de una red pesquera bajo el bote y decida parar a “pescar” de la red tres o cuatro peces- y una vez llegados al puerto nos dieron la opción de hacer cualquiera de los 2 recorridos más cortos (opción 1: 1,8km y opción 2: 2.5km) de los 5 posibles.

Nuestro guía enseñándonos los 2 senderos disponibles en ese momento

Nuestro guía enseñándonos los 2 senderos disponibles en ese momento

Yo hice el recorrido de 2.5km (el más largo de los disponibles en el tour! Me creo toda una deportista!) que nos llevó por caminitos de tierra repletos de flora autóctona que el guía nos fue explicando; y de animales como ¡Fragatas y Piqueros! No os imagináis la emoción que sentí cuando tuve a menos de 1 metro a un piquero patas azules bebé que nos miraba con curiosidad y miedo.

Piquero pata azul bebé -por eso sus patitas aún no son azules

Piquero pata azul bebé -por eso sus patitas aún no son azules

Piquero pata azul

Piquero pata azul

Isla de la plata Puerto López

Piquero pata azul

A pesar del calor, la caminata fue bastante agradable y llevadera y no escatimamos minutos para admirar a las fragatas en su vuelo! Yo no sabía ni que existían esos pájaros y ¡¡ahora estoy enamorada de ellos!! Las hembras tienen el cuello blanco o negro y los machos lo tienen rojo y lo hinchan en época de apreamiento para atraer a las féminas!

Fragata en pleno vuelo

Fragata en pleno vuelo

puerto lópez

Fotito con las Fragatas en Isla de la Plata

Al final de la caminata, que nos llevó un par de horitas, regresamos al barco y desde allí pudimos observar a enormes tortugas marinas que nadaba a nuestro alrededor (que el capitán y el guía le tiraran pedacitos de sandía tenía algo que ver con su cercanía!); pero no está permitido nadar con ellas. Lo que hicimos fue alejarnos un poco de la zona habitada por tortugas, y dirigirnos a una zona cercana a la isla que tiene arrecifes para hacer sknorel y ver la inmensa vida marina de la Isla de la Plata. Esta excursión es una opción ideal para hacer ecoturismo y sentirte como la protagonista de un documental de la National Geographic.

En resumen, la playa de Puerto López no me enamoró ni a primera ni a segunda vista, pero Puerto López es mucho más que su playa central.

Atardecer en Puerto López

Atardecer en Puerto López

¡¡Buenos viajes!!

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