Sinmapa

Reminiscencias en Trujillo

Mientras escudriño un mapa de Perú Lucas me pasa un mate. Yo lo recibo y bebo sin levantar la vista, totalmente enajenada entre lineas y puntos dibujados en el plano junto a nombres que me son familiares. De fondo escucho la conversación de Lucas y Agustín sobre lo largo -y agotador- que será el viaje desde Máncora hasta la que fue en algún momento la capital del Imperio Inca. “Hay que pasar por Lima si o si… y en total ¡son como 45 horas!”, dijo Lucas resignado. Le devolví el mate y pregunté por qué no dividían el viaje en 3 tramos y pasaban así unos días en Trujillo conmigo y luego seguían camino.

Plaza de Armas en Trujillo Peru

Mis palabras fueron música para sus oídos. De repente la imagen de un largo, tedioso e incómodo viaje se disipó frente a sus ojos. Se miraron entre ellos, calcularon precios, tramos, fechas y se tomó la decisión ahí mismo. ¡Nos íbamos los tres juntos a Trujillo! Ellos felices por no tener que soportar 45 horas arriba de un bus y yo feliz de seguir camino, por primera vez desde que comencé el viaje, con otros viajeros.

Iglesia - Trujillo - Peru

Una de las ventajas de viajar en compañía es que puedes dividir el trabajo al llegar a un nuevo destino: unos cuidan las mochilas y otros, livianos como plumas, andan y desandan las calles en busca de alojamiento. Dejamos a Lucas en un café al cuidado de nuestras -preciadas y pesadas- mochilas y con Agustín nos zambullimos en Trujillo en busca de un hotel bueno, bonito y barato. Como habíamos llegado muy temprano las calles aún estaban despejadas y nos permitían disfrutar de la arquitectura colonial de la ciudad con sus fachadas de otro tiempo, sin el ajetreo propio de una metrópoli.

Trujillo Peru

Nunca había estado en Trujillo pero tenía la sensación de (re)conocerla: sus esquinas, balcones de madera y ventanas con verjas no me eran ajenas. No era un deja-vú, tampoco era la impresión que te puede dar por ejemplo Nueva York, que tras ser retratadas en cientos y miles de películas, series, fotografías y cuadros sientes que la conoces de memoria aún sin haberla pisado antes. Lo que evocaba Trujillo en mi mente era diferente. Era una familiaridad lejana, una reminiscencia, un recuerdo etéreo de algo conocido y desconocido a la vez. Fuera lo que fuera, me sentía cómoda deambulando por el trazado ornamentado de sus avenidas, plazas y peatonales.

Calles de Trujillo

La ciudad puede tener el ritmo de una moderna urbe, pero se niega a olvidar su pasado Moche, Chimú e Inca a la vez que mantiene las huellas dejadas por los colones españoles. Se amalgaman las culturas y conviven pasado y presente en cada esquina. Las calles aún conservan sus nombres originales, justo por encima de la designación moderna. Las generaciones jóvenes se pasean con sus móviles pegados a la mano, en vaqueros y camisetas mientras las otras generaciones mantienen su vestimenta tradicional y hablan quechua y aymará, con la misma naturalidad que me hablan a mi en castellano para negociar el precio de los huevos de codorniz en una esquina cualquiera.

Puesto callejero en Trujillo

Probando huevos de codorniz en un puesto callejero en Trujillo

La Plaza de Armas, eje de la ciudad y escenario de su fundación y de la revolución libertadora, es ahora un espacio público abierto, ordenado y con un reluciente suelo que refleja los coloridos edificios que la rodean; entre ellos el Palacio de Gobierno de la ciudad, la Catedral y el Arzobispado. Me enamoré de esa plaza durante el día, pero aún más por la noche. Podría haberme sentado allí durante horas y horas, simplemente contemplando su gran monumento a la libertad y esas casonas virreinales y republicanas que evocan la influencia de diversas culturas. Los nativos pasan por ahí sin siquiera levantar la vista, los extranjeros acribillan cada milímetro de la plaza con sus cámaras fotográficas y los incansables “cazadores” de turistas merodean en busca de nuevas presas clientes.

Plaza de Armas de Trujillo - Monumento a la Libertad - Peru

Detalles del Monumento a la Libertad (obra del escultor Edmund Möeller) – Plaza de Armas – Trujillo

Detalle del monumento a la libertad en Trujillo Peru

Detalles del Monumento a la Libertad – Plaza de Armas – Trujillo

Trujillo de noche - Peru

Les pregunté a mis compañeros de viaje, ambos Argentinos y que nunca han puesto un pie en España, si Trujillo les hacía recordar a alguna otra ciudad o a “algo”… pero ninguno fue capaz de hermanarla con nada conocido. Les parecía una arquitectura tan lejana como la del Complejo Arqueológico de Chan-Chan (ciudad precolombina de barro), las Huacas del sol y la Luna o el balneario Huanchaco; todas en la Provincia de La Libertad y que visitamos durante nuestra estadía allí.

Fachadas de Trujillo Peru

Pero a mi Trujillo me hablaba desde el presente en tiempo pasado, uniendo con imágenes trozos de España en cada recoveco. Pero esos pedacitos no eran de la España tal y como yo la conozco y habito ahora, sino que tienen las formas que cobraron durante mi niñez con las historias que me contaban mis abuelos y bisabuela; y de cuando en el colegio celebrábamos los actos conmemorativos del 25 de Mayo o 9 de Julio y nos “disfrazábamos” con peinetas y voluptuosos vestidos. Ahora esos recuerdos sumados a los de mis -pocos- viajes por España me dibujaban una representación poética y romántica que era la postal que todos los Trujillanos veían a diario al caminar por su ciudad.

Detalles de los patios de Trujillo en Peru

La capital de la región La Libertad me trajo a la memoria el recuerdo de esos actos escolares -allá por los 80s- y la visión de una Argentina colonial. También me transportó a mi infancia en familia y a diversos rincones de la España actual que son producto de su pasado. Fue justamente esa perfecta combinación de evocaciones a mis raíces y alusiones a mi presente plasmados en una sola ciudad la que produjo el encantamiento. Ahora llevo a Trujillo siempre en mi corazón.

 

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