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Iquitos: selva y leyendas

Iquitos: selva y leyendas

Yo creía que estaría como Mowgli en el Libro de la Selva: en plena naturaleza, viéndome obligada a cortar ramas para abrirme paso hasta un sitio apropiado donde hacer mis necesidades fisiológicas o trepándome a los árboles para probar el dulce néctar del coco para aliviar la sed («lo más esencial, lo más vital» diría Baloo). Pero en mis tres largos días a bordo del barco carguero me informé sobre Iquitos y descubrí que es la sexta ciudad más poblada de Perú con casi ¡medio millón de habitantes!

La Amazonía desde mi hamaca

La Amazonía desde mi hamaca

Pienso en la Amazonía y automáticamente mi mente recrea una tupida y muy densa vegetación. Mi imaginación comienza como una película: un plano secuencia de una vista aérea muy idílica de copas de árboles y algún que otro tucán surcando los cielos, luego va avanzando entre las ramas y voy visualizando monos y otros animalillos…. Pero lo cierto es que adentrarme en el «pulmón del planeta» me genera sentimientos contradictorios. No es el destino final lo que me inquieta, sino el camino: ¡¿Tres días a bordo de un barco carguero?!

Kuelap: una maravilla opacada

Kuelap: una maravilla opacada

Para mi -y me animo a afirmar que para el imaginario colectivo de una gran mayoría*- Perú era sinónimo de Machu Picchu y todo lo demás era anecdótico. No es que los Incas tuvieran un buen consultor de PR, sino que el halo de misterio que se le dio a la ciudadela Inca años más tarde fue la que opacó por completo la riqueza cultural y natural de todo un país y Kuelap es el exponente más claro de esto. Pues os diré alto y claro que Perú no es (solo) Machu Picchu.

Reminiscencias en Trujillo

Reminiscencias en Trujillo

Mientras escudriño un mapa de Perú Lucas me pasa un mate. Yo lo recibo y bebo sin levantar la vista, totalmente enajenada entre lineas y puntos dibujados en el plano junto a nombres que me son familiares. De fondo escucho la conversación de Lucas y Agustín sobre lo largo -y agotador- que será el viaje desde Máncora hasta la que fue en algún momento la capital del Imperio Inca. «Hay que pasar por Lima si o si… y en total ¡son como 45 horas!», dijo Lucas resignado. Le devolví el mate y pregunté por qué no dividían el viaje en 3 tramos y pasaban así unos días en Trujillo conmigo y luego seguían camino.

Los atardeceres de Máncora

Los atardeceres de Máncora

Los balnearios turísticos nunca han sido mi debilidad. Pero como en toda mentira hay algo de verdad; en todo desarrollo urbanístico forzado, apurado y artificial hay algo de autenticidad; generalmente provista por la madre naturaleza. Hay cosas que el ser humano no puede crear, ni fingir, ni retocar; y me bastaron unas pocas horas para descubrir el verdadero encanto de Máncora.