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Cuenca: expectativas que matan

por Sinmapa

Hay ciudades que no querés que te las estropeen hinchando tus expectativas con palabras y descripciones grandilocuentes. Sabía, por cultura general y por murmullos constantes en las salas de los hostels, que Cuenca era una ciudad encantadora; pero evité a toda costa hacerle caso a las reseñas pomposas y las cascadas de alabanzas de quienes habían pasado por ella. Las expectativas puede matar hasta a la ciudad más bonita del mundo. La mente es muy poderosa y la postal que dibujas en tu mente seguramente sea difícil de igualar; así que intenté no fantasear mucho sobre la llamada Atenas del Ecuador.

Centro histórico en Cuenca Ecuador

«¡Irás por 3 días y te quedarás 10!», eran las palabras mas repetidas por los viajeros cuando les contaba que mi siguiente destino era Cuenca. ¡Cuánta presión para una sola ciudad! Me daba miedo que me pasara como con las películas más taquilleras: esperas tanto de ellas que terminan defraudándote.

Durante casi 3 semanas, que fue lo que mi viaje por Ecuador demoró en llevarme a las puertas de la ciudad, intenté no hacerme muchas ilusiones y liberar el peso de tantos halagos, para dejarme sorprender por sus callecitas, su esencia y su historia tangible.

Vendedor de coco en las calles de Cuenca

Dejé atrás la costa -con sus incomparables atardeceres y brisa marina- para pasar mi cumpleaños en la adulada ciudad. Llegué, sin premeditación ni alevosía, para las fiestas de su fundación, por lo que la encontré maquillada, vestida de gala y con ambiente festivo.

Lo primero que sentí al bajarme del autobús fue frío -evidentemente ya estaba en la zona de la sierra, lejos del calor de la costa- y algo de desorientación; pero rápidamente mi indicaron el camino a la zona histórica de la ciudad. Un tramado cuadriculado dominado por la «Calle Larga», arteria de la zona más concurrida por los viajeros, sobre todo los mochileros.

Mujeres caminando por el casco antiguo de Cuenca Ecuador

Pasó lo que me temía. La caminé el primer día esperando llorar de la emoción o no poder contener el dedo pulgar derecho en el botón de la cámara fotográfica. Pero nada de esto sucedió.

Mientras recorría el paseo junto al río Júcar, donde se encuentran las famosas casas colgantes, me pregunté si la falta de deleite se debía a que yo esperaba encontrarme otra cosa, otra ciudad, otro horizonte urbano.

Vendedora de fruta en la calle de  Ecuador

A pesar de no haberme cautivado con el arrebato pasional con el que otras ciudades del mundo se habían ganado un trozo de mi corazón desde el minuto uno, como Roma o mas adelante haría Cusco; le conferí a la ciudad su multiculturalidad, su expresión artística callejera, su seductora arquitectura colonial y republicana y su carácter autóctono.

Con esto no quiero decir que  no me haya gustado… ¡pero me gusta solo como amiga! No hubo pasión, no hubo urgencia, no hubo arrebato ni delirio. Sin embargo hubo mucha admiración.

Vendedora de fruta en la calle de  Ecuador

Que no haya habido frenesí no significa que la ciudad no tenga absolutamente todo lo que esperaba y no me haya sorprendido.

Una de las cosas que más me ha gustado es la expresión popular en las paredes de la ciudad… los grafitis hablan y nos cuentan historias, enseñan carácter, expresan las sensaciones de un pueblo y nos cuentan la historia de una ciudad en constante movimiento y cambio.

Casi todas las calles del casco histórico están marcadas por la sociedad, poniendo de manifiesto su dualidad y su idiosincrasia.

Arte urbano

Arte urbano

El centro de Cuenca es ideal para pasear y sentir el pulso multicultural que guardan sus paredes, plazas e iglesias. Me encantó callejear por las adoquinadas y estrechas callejuelas y tropezar en el cielo con las cúpulas y torres de las iglesias que delinean el skyline urbano.

Cúpulas en el cielo de Cuenca - ecuador

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el cielo de cuenca Ecuador

Me gustó espiar los techos rojos de las casas y perderme en la panorámica de los trazados cuadriculados, típicos de la arquitectura colonial, desde la torre de la catedral.

Cuenca desde la catedral

Me asombró encontrarme en medio del casco antiguo con las ruinas del Templo del Sol, legado de los Incas tras su paso por allí, en lo que ahora se conoce como Parque Arqueológico de Pumapungo; donde se puede aprender además sobre las sociedades andinas y su estructuración social y económica.

Ruinas incaicas

Ruinas incaicas

Pero si hay algo que no le falta a Cuenca son museos. Cuenta con decenas de ellos incluyendo el de sombreros de «Toquilla», pero uno de los que más me ha gustado es el Museo Etnológico que me enseñó sobre todas las etnias del Ecuador, incluyendo su vestimenta, su forma de vida y creencias.

Museo de sombreros

Pero Cuenca estaba de fiesta; así que a los atractivos habituales se le sumó la magia de lo más representativo y popular, expresado en sus calles con máxima efusividad.

Con el aniversario de su fundación, la ciudad se llenó ese fin de semana de desfiles, artesanos, música y danzas típicas con cholitos y cholitas otorgando alegría y ritmo a las calles, rituales con ofrendas a la Pachamamma organizada por chamanes llegados de cada punto cardinal de la ciudad -y alrededores-, un sabroso festival de comidas típicas y, por supuesto, familias enteras disfrutando en las plazas.

Me colé en la cotideaneidad de esas familias y me senté a charlar con algunas de ellas que, aprovechando la fecha señalada en el calendario, decidieron acercarse a esta zona de la ciudad -a veces monopolizada por viajeros y nómadas que se buscan la vida en sus calles- y disfrutar de un pedacito de historia viviente.

Ofrendas a la Pachamamma

Chamán en Ecuador

Cuando finalmente decidí dejarla atrás y poner rumbo a Loja, me di cuenta de que me iba con un dulce sabor en los labios; porque aunque el conjunto no me había embelesado al grado que esperaba, los detalles hicieron que Cuenca quedara en mi mente como una encantadora ciudad colonial, con un pulso cultural muy fuerte y gente simpática.

¡¡Buenos viajes!!

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2 comentarios

Claudia "Los viajes de Claudia" 13 junio, 2015 - 8:42 am

No he estado en Ecuador así que no puedo entrar en detalles concretos de Cuenca, pero sí que es verdad que en otros viajes o en la vida misma cuando te hacen demasiados spoilers te crean unas expectativas que a veces son difíciles de cumplir. Puede estar «bien» pero no alucinarte como esperabas. Yo creo que lo mejor es ir con la mente bien abierta pero sin ideas preconcebidas. Buen post.

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Sinmapa 13 junio, 2015 - 2:17 pm

Hola, Claudia! Gracias por pasarte por la web y por tu comentario! Coincido contigo… mejor ir sin muchas ideas preconcebidas ni expectativas! Por ejemplo, de Potosí no esperaba NADA… y creo que justamente por eso me sorprendió y me gustó mucho! 🙂

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