Sinmapa

Primera parada en Nicaragua: San Juan del Sur

Ese viernes de diciembre a las 8 de la mañana ya había más de 4 kilómetros de hombres, mujeres y niños apiñados en una especie de cola desordenada, cargando maletas, cajas y bolsas. Me puse al final de todo, tras un hombre que me dio los buenos días con una sonrisa. La frontera de Costa Rica con Nicaragua llevaba dos horas abierta pero la cola parecía no avanzar nada. Se acercó una señora con un termo y me vendió un café, cosa que agradecí porque esa noche sólo había dormido una hora y media.

El tiempo pasaba lento bajo el sol, pero no tanto como el ritmo de la cola. Eran ya pasadas las 9am y no habíamos avanzado ni 10 metros. “Algo va mal” le dije al chico que estaba delante de mí. “Los buses que llegan llenos de gente tienen un acuerdo para pasar antes que los que vamos a pie, y les tramitan todo a ellos primero… y además mucha gente se cuela”. Era viernes 23 de diciembre y los “Nicas”, como le llaman a los Nicaragüenses, querían volver a casa por Navidad y no les importaba pasar el día entero allí si eso significaba abrazar a sus familias después de meses de trabajo en Costa Rica.

– ¿Vienes de vacaciones a San Juan del Sur?, me dio charla el hombre más por matar tiempo que por curiosidad.
– Si y no. Estoy viajando desde hace meses por Centroamérica y Nicaragua es mi último destino antes de volver a casa. Me han dicho que San Juan del Sur es precioso. Bueno, en realidad muchos viajeros me han hablado muy bien del país entero… sobre todo de la gente!
– Si, no somos altaneros y creídos como los “Ticos” (así es como le llaman a los costarricenses) ya verás que la gente aquí es muy humilde, es buena gente, muy tranquila.

Esta última afirmación se hace evidente en cuanto una pone un pie en el país, e incluso antes. En la misma cola ya pude notar la diferencia de carácter entre el Tico y el Nica. En Nicaragua los viajeros no somos un dólar con patas, somos invitados en un país genuino, abierto y amable.

Tras un buen rato de charla con mi compañero de fila, otros hombres y mujeres de la cola que estaban detrás de mi se unieron –por aburrimiento o curiosidad- y me hablaron sobre sus trabajos en Costa Rica –muchos en el sector de la restauración y otros tantos en la construcción- y me contaron que volvían a Nicaragua sólo para pasar el fin de semana festivo con sus familias. Me preguntaron por mi vida, por mis viajes… y me recomendaron diferentes puntos de su país.

Ya habían pasado más de dos horas y nosotros seguíamos clavados en el mismo punto. La cola no se movía nada, pero eso me permitió ser testigo de cómo los Nicas jugaban al gato y al ratón con la policía para “colarse” en su propio país saltando un muro y evitar así pasar por migraciones. Le pregunté a mis compañeros de cola si lo hacían para evitar la eterna espera. Ellos sonrieron, creo que algo avergonzados, y me contaron que muchos Nicas consiguen permisos de trabajo en Costa Rica y que lo pierden al cruzar otra vez a su país, por lo que tendrían que volver a solicitarlo. “Prefieren ahorrarse todo el trámite, es más fácil saltar el muro pasar el fin de semana en casa y volver a colarse a Costa Rica, aunque sean legales en ambos países”. Me pregunté por qué imponen una burocracia que hace que un local tenga que “colarse” en su propio país… ¡es de locos!

Varios de los que esperábamos en vano que la hilera avanzara comenzamos a ayudar a los nicas escondidos detrás de árboles o a aquellos que  “se hacían los que estaban esperando a alguien o que hablaban por teléfono” para alertarles cuando el único policía que controlaba la zona estaba de camino, o les asesorábamos de la “zona de cruce” más fácil. La estrategia era la siguiente: esperaban que no hubiera policía cerca, lanzaban sus bártulos por encima del muro y luego a toda velocidad lo escalaban y saltaban ellos mismos. Una vez del otro lado, la policía costarricense no tenía jurisdicción para detenerlos. “De todas maneras tienen que tener cuidado, porque por esos caminos hay algunos ladrones que los pueden desvalijar. Es una zona de mucha vegetación, sin vigilancia y los cacos (ladrones) saben que la gente en esta época pasa con muchos regalos. A mi me robaron una vez allí, me dejaron con lo puesto”. Volver a casa no es una tarea tan sencilla después de todo: hay que evadir la burocracia y a los ladrones.

Cuando ya habían pasado cerca de 3 horas necesité utilizar el baño, así que les pedí a mis nuevos amigos que me guardaran el sitio para que yo pudiera caminar esos casi 4 kilómetros hasta donde estaba el baño de la frontera. A medida que fui avanzando me di cuenta que casi el 99% de los que estaban en esa fila eterna eran Nicas y me sorprendió no ver extranjeros. Por supuesto, cuando llegué al baño había cola para entrar. Esperé. Esperé más de 20 minutos. Pero gracias a esos eternos minutos en los que mi vejiga iba a explotar conocí a una chica que estaba en la cola acompañando a su tío. Al enterarse de que yo estaba sola, casi a 4km del mostrador de migración, me ofreció su puesto: “Yo llevo muchas horas en la cola y no voy a hacer migraciones, estoy acompañando a mi tío. En cuanto él entre yo cruzaré por ‘otro lado’. Te cedo mi puesto”. Por suerte yo ya sabía lo del muro por lo que no hice preguntas y acepté encantada su ofrecimiento. Su tío y ella estaban a tan sólo 600 metros del puesto fronterizo, lo que me ahorraría varias horas bajo el sol. Aún así sentí pena por mis amigos que quedaron atrás, a 4km del codiciado sello migratorio.

Al llegar junto a su tío muchos de los que estaban atrás se quejaron e intentaron que me volviera a mi sitio. La chica les explicó que yo tomaría su lugar y que ella cruzaría por el muro. Claramente no era un secreto lo de entrar al país de forma ilegal. Ella me contó que hacía relativamente poco había conseguido el permiso de trabajo en Costa Rica y no quería tener que tramitarlo de nuevo sólo por ir a pasar las navidades con su familia. En cambio, su tío había estado en el país de la Pura Vida para visitarla a ella y él si podía entrar a Nicaragua por la puerta grande. Con el sello oficial. Las esperas siempre ayudan a relacionarse con el otro, por lo que los chicos que antes habían querido echarme de la fila, ahora eran mis nuevos amigos y fueron ellos quienes me ayudaron a cambiar dinero, me regalaron una botella de agua y me guiaron en todo el proceso fronterizo. Porque si, tras el primer sello de migración de salida de Costa Rica, hay que ir a otro edificio y hacer otra cola para “inspección de salida”, luego una tercera cola para pagar 1us$ que nunca supe muy bien para qué era, más adelante sellar la entrada a Nicaragua, una cola más para la revisión de maletas y por último caminar varios metros más hasta una cola donde un guardia de seguridad verifica frente a un alambrado que tienes todos los sellos y recibos de haber pagado los impuestos de entrada antes de finalmente pisar suelo Nicaragüense. En el alambrado me despedí de mis ángeles guardianes de la frontera y fui en busca de cualquier autobús que me acercara a San Juan del Sur.

Como en toda frontera terrestre, hay vendedores de todo lo que se te ocurra y más, mucha gente esperando a familiares del otro lado de la reja, caza-turistas (que ese día les fue mal porque no había ni uno en la fila) y un enjambre humano difícil de entender. En cuanto vi autobuses me acerqué a esa zona y le pregunté a un policía cómo llegar a San Juan del Sur. Me acompañó hasta un bus y le dijo al chofer dónde debería dejarme. El bus era el típico escolar de los simpsons y estaba hasta arriba de gente. Un niño, que estaba sentado junto a su madre, se apretujó a ella y me hizo señales para que me sentara a su lado. Al cabo de 15 minutos estaba en un cruce de calles esperando “cualquier bus que baje por esa calle”. No esperé más de 5 minutos cuando el chicken bus llegó y me dejó en el centro de San Juan del Sur.

“Es como Tamarindo pero más auténtico, más tranquilo, menos masificado y muchísimo más barato”, con esta descripción en la cabeza caminé los 500 metros hasta el Saltwater Hostel donde Ximena, la dueña de esa casona reconvertida en alojamiento para viajeros, me esperaba. Como el hotel está situado en la colina, las vistas de la bahía eran fantásticas y se podía ver incluso el Cristo de la Misericordia, que hermana San Juan del Sur a Rio de Janeiro y su Cristo Redentor en el cerro de Corcovado.

“Es como Tamarindo pero más auténtico, más tranquilo, menos masificado y muchísimo más barato”. Cada paso que di por el pueblo, con su ritmo tranquilo y casas de puertas abiertas, corroboraban esta afirmación que tantos viajeros me habían dicho. Me sorprendió que hubiera tan pocos turistas, aunque los locales aseguraban que “en Navidades y vacaciones escolares esto se llena”, cosa que era difícil de creer dado que estábamos a 24 horas de la Nochebuena. El dueño de una tienda que vendía de todo un poco me “fió” una tarjet SIM para mi móvil y muchos locales me saludaban a mi paso. Como curiosidad y a modo de ejemplo del espíritu que encontré en San Juan del Sur, me sorprendió encontrar un bar con mucho éxito y precios algo elevados que sólo abría de lunes a sábados de 8 a 15h. “En Costa Rica abrirían de 8 a 24 horas sólo para hacer más pasta”, pensé -la comparación se hizo inevitable. Cuando miré la web del bar vi que una vez habían cerrado 4 horas antes para poder acompañar a una de sus empleadas, una madre soltera a cargo de 2 hijos, a su graduación. La chica en cuestión había estudiado todos los fines de semana durante 5 años y finalmente su esfuerzo había dado sus frutos y se graduaba de abogada con honores. Los dueños del local y compañeros no dudaron en cerrar todo y acompañarla en ese momento tan especial. Estos pequeños detalles marcan toda una diferencia y te enseñan la calidad de gente que allí vive.

El 24 de diciembre decicimos todos los huéspedes del hotel, junto a su dueña, hacer una cena especial en el jardín y alzar la copa por una Navidad en casa, fuera de casa. La mesa estaba compuesta por los personajes más dispares: una modelo internacional de gran caché, una neoyorquina ejecutiva de cuentas en una agencia de marketing, un australiano dueño de una granja, un economista y un ingeniero llegados desde Dubai, una amiga Nica de la dueña del hotel, un neozelandés que nunca supe bien qué hacía y varios europeos que acababan de llegar de Costa Rica para asistir al “Sunday Funday”, una fiesta que atrae a turistas y que consiste, básicamente, en un día entero de tour por las piscinas de los hoteles de la zona con alcohol barato y DJs. La fiesta termina cuando caes rendido o cuando sale el sol, lo que llegue primero.

El día de la Navidad dos de las chicas que se hospedaban en el hotel –y que como yo no habían ido al Sunday Funday- me invitaron a pasar la mañana con ellas en la piscina infinta de un hotel de lujo en la cima de una colina. No me pude negar y allí que me fui.

Tras varios chapuzones y para no abusar de mi título de “colada” en ese hotel, me fui a caminar por el pueblo, que está enmarcado por unas colinas verdes y subí hasta el Cristo de la Misericordia para obtener las mejores panormámicas de la bahía. Me pregunté cuánto duraría San Juan del Sur así, antes de caer en la masificación a la que estaban condenados destinos como Bocas del Toro en Panamá o muchas de las playas de Costa Rica. El lugar es idílico, no sólo porque las playas son anchas y con arena fina y dorada, sino porque no hay tanta gente y los lugareños no están intoxicados con el dinero fácil del turista.

Con San Juan del Sur me pasó algo extraño, me sentí como en casa desde el primer minuto. La gente es realmente amable, tranquila y no sientes que estás allí de turista, sino que eres una invitada que está disfrutando de los encantos de un país que ha estado fuera del circuito turístico durante demasiados años por culpa de la inestabilidad política y social. Supe, en cuanto pisé Nicaragua, que mi experiencia en el país iba a ser excepcional y el tiempo me dio la razón. Ojalá más gente se animara a visitar este pequeño país centroamericano sin tanta publicidad ni ostentación pero con un corazón enorme.

¿Quieres visitar Nicaragua? No esperes más… busca las mejores ofertas ¡antes de que suban los precios!
Para buscar vuelos puedes probar con los buscadores:

* Skyscanner
* Momondo

Para encontrar la mejor oferta en hostales, hoteles y pisos:

* AirBnB
(¡que si lo haces a través de este link tendrás automáticamente 35€ de descuento!)
* Booking
* HotelsCombined
* Hostelworld

NO VIAJES SIN SEGURO MÉDICO

Y si contratas tu seguro a través de Sinmapa ¡tendrás un 5% de descuento!

Pincha en el banner aquí abajo ⬇ y el descuento se te hará efectivo automáticamente

 

¿Quieres recibir una vez por semana un email con novedades y un resumen de los últimos posts publicados?
¡Entonces suscríbete al Newsletter!

* Campos obligatorios


    Consentimiento *

Sinmapa te informa que los datos de carácter personal que me proporciones completando este formulario serán tratados por Verónica Boned Devesa. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicito es para enviarte por correo electrónico mis últimas publicaciones y/o promociones de productos y/o servicios. La legitimación se realiza a través del consentimiento del interesado. Te informo que los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores del proveedor de email marketing Mailchimp en EEUU. Mailchimp está acogido al acuerdo EU-US Privacy Shield, aprobado por el Comité Europeo de Protección de Datos. Ver política de privacidad de Mailchimp. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en [email protected], así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control. Puedes consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos en mi política de privacidad.


“Esto es un post patrocinado y contiene enlaces de afiliación. Esto significa que he recibido al menos un producto o servicio mencionado en este artículo de manera gratuita o por una compensación económica por mencionar la marca. Por otro lado, como hay algunos enlaces de afiliación, si compras a través de esos enlaces, yo recibiré una comisión... pero tranqui que su uso no incrementa el precio final que tú pagarás. Mis opiniones son 100% independientes y están basadas en mi percepción real sobre el producto o servicio”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *