Sinmapa

Pura Vida en Puerto Viejo

“Pide al universo y él proveerá”, lo escuché tantas veces que no sé quién me lo dijo primero o de quién es realmente la idea. Lo que sí sé, es que el universo obra su magia para que aquello que necesitas, aparezca en el momento indicado. Yo necesitaba reconfortar mi alma y, en un golpe de destino llegué al hostal-hogar de una familia catalana, a los cafés cómplices con una amiga que no veía hacía 10 años y en un entorno natural cuidado y aún así auténtico. En Puerto Viejo de Talamanca sané mi alma.

Cuando dejé atrás Bocas del Toro, en Panamá, no pensé que el viaje fuera a mejorar. Esos días de tortura psicológica mataron un poquito de mi alma viajera optimista y hasta mi fe en la humanidad. Estaba quebrada y necesitaba recomponerme antes de continuar un viaje que había empezado unos meses atrás en Argentina.

Sonreí, no de felicidad sino de alivio, al poner un pie en el puente que divide Panamá de Costa Rica. Desee con mucha fuerza que todo aquello que me fuera a deparar mi nuevo destino fuera, al menos, bueno. Ya no pedía diversión, aventuras alocadas o descubrir parajes naturales de catálogo turístico. Estaría agradecida sólo con que el lugar fuera relajado, tuviera buen ambiente y caras amigables. Crucé el puente con todos estos pensamientos en mi cabeza y me subí a la combie de nuevo, para seguir camino.

El shuttle privado que contraté para que me sacara de Bocas del Toro me llevó hasta el mismísimo jardín del Hostal Kalunai. Nunca voy a olvidar la sonrisa y el abrazo con el que me recibió Chelo, una de las dueñas. Resulta que quienes regentan este hotel es una familia catalana compuesta por Chelo, Jordi y Unai, su hijo pequeño. Su hostal es como un hogar y así lo presentan a sus huéspedes: buenas vibraciones, huele a café recién hecho en la cocina exterior y se escuchan risas de una de las habitaciones que dan al jardín. Mi habitación no estaba lista, porque había llegado muy temprano, así que me tumbé en una hamaca con un café calentito. Me sentí en casa. Al rato vibró mi móvil y otra linda sorpresa me esperaba: una amiga a quien no veía desde hacía 10 años, había cambiado todo el itinerario de su viaje –por motivos varios- y acababa de llegar a Puerto Viejo!

Puerto Viejo de Talamanca o simplemente “Puerto Viejo” como se la conoce, es un popular destino turístico en la provincia de Limón y lo es por muchos motivos: a pesar de haber dejado de ser ese pueblo pescador tranquilo y carismático y haberse convertido en un sitio diseñado para el turista -mochilero o surfero-, lleno de bares y hoteles, aún mantiene su espíritu de paz, tranquilidad y de “pura vida” que es seña de identidad del país.

También es un destino buscado por los surfistas del mundo porque allí se puede encontrar la “Salsa Brava”, una de las olas más grandes y poderosas del país. Pero no todo es fiesta y surf, también ostena increíbles playas como “Punta Uva, Cocles, Playa Chiquita o Playa Negra”… todos paraísos de  postal. Aunque no lo necesita, el “as” bajo la manga de esta localidad en la costa del Caribe Sur es el más pequeño -pero más encantador- Parque Natural de Costa Rica: Cahuita.

Con mi amiga irlandesa Siobhan y su novio inglés Thomas nos encontramos en la terraza de un bar sobre la calle principal, que da justo al mar. El reencuentro fue como lo esperaba: sentí que no había pasado el tiempo, ella estaba exactamente igual: pura energía y sonrisas. Las horas volaron entre cafés (yo) y margaritas (ellos). La conversación fue y vino desde Londres, donde nos conocimos, hasta Costa Rica, pasando por varias ciudades y países a donde nos llevaban las anécdotas de viaje y observar lo que se cocía a nuestro alrededor. Había algo que estaba claro casi desde el principio: Puerto Viejo era multicultural y mucho de eso tenía que ver que allí convivían desde expatriados –europeos y americanos principalmente- que han copado el mercado de hostelería, pasando por los turistas que llegan de cada rincón del planeta y la comunidad local que abarca desde latinos, afrocaribeños y los indígenas Bribri.

Un paseo por las calles nos llevaron por restaurantes de gastronomía internacional, otros puestos de comida local, tiendas de artesanías, souvenirs y muchas escuelas de surf. El hilo musical de la ciudad oscila entre el reggeton y el reggae al pasar por las discotecas y bares. Pero si Puerto Viejo tiene un efecto sobre las personas, ese es el de bajar las pulsaciones. El horizonte, la selva, el ambiente relajado hacen magia en el cerebro. No recuerdo haberme reído tanto y haberlo pasarlo tan bien en mucho tiempo. Necesitaba esa desconexión y esa cara amiga.

El segundo día decidimos que, a pesar de la inminente tormenta, iríamos al Parque Nacional Cahuita, a unos 17km de Puerto Viejo. Todo fue fácil: tras el desayuno a las 8am en una cafetería veggie, tomamos un bus que nos dejó en la pequeña localidad de Cahuita. Allí, tras entrar al parque –el único gratuito del país- descubrimos un mundo natural sin igual. Había un sendero que serpenteaba en paralelo al mar y que cada tanto te adentraba en una zona más selvática. Como había estado lloviendo durante la mañana, el parque estaba vacío y nosotros lo agradecimos. Esas playas, esa selva… esa facilidad para ver animales era toda nuestra. Hubo tres momentos que marcaron mi paso por Cahuita: el primero fue haber visto a un oso perezoso moverse desde una rama a otra durante 45 -largos y fatigantes para él- minutos. Nunca había visto un oso perezoso en movimiento y casi lloré de la emoción cuando lo vi!

El segundo momento fue cuando pude ver de cerca a una serpiente eyelash viper. No es que sea muy de serpientes, pero su cautivante amarillo y verla tan de cerca me permitió entender por qué le llaman “eyelash”… ¡tiene pestañas!  Bueno, no como las nuestras, pero si unas protuberancias amarillas sobre sus ojos que lo parecen.

El tercer momento épico de la tarde fue el picnic cerca de la playa, en uno de los varios merenderos que tiene el parque (merendero = mesas y bancos de madera bajo un techo de hojas secas). Tuvimos que luchar contra 3 monos que vinieron a robarse los sándwiches, huevos duros y frutas que habíamos llevado. Menos mal que había un guardaparque que vino a nuestro rescate.

 

El paseo por esos 8km nos llevó más de 6 horas y fue formidable, a pesar de ver algunos destrozos que habia dejado a su paso el huracán Ottoel mismo que unas semanas atrás me agarró a mi en pleno altamar-. Cualquier mortal lo haría hecho en menos de 3 horas, pero entre el oso perezoso, las sesiones de fotos y posturas yoguísticas, picnic y charas sentadas en un tronco frente al mar… fue imposible hacerlo más rápido. Viajar por libre es lo que tiene, te puedes tomar el tiempo que quieras cuando el lugar donde te encuentras es fantástico y tú te encuentras bien, en armonía y tranquila. Fue el sonido abrumador de los pequeñísimos monos aulladores el que nos despidió del parque por la otra entrada, la de Puerto Vargas.

El tercer día tuvo como protagonista al sol. Al fin un día despejado y azul. Decidimos alquilar bicicletas y recorrer los 12km que separan Puerto Viejo de la localidad aledaña de Manzanillo. El camino te lleva por todas las playas más bonitas de Puerto Viejo y nosotros hicimos parada en dos de ellas: Playa Chiquita y Punta Uva. Para cuando llegamos a Manzanillo varias horas más tarde, estábamos famélicos. Hicimos un alto para comer algo en un restaurante local y cargar energías. La playa de Manzanillo es amplia y por lo general la visitan los locales, alejándose de los precios inflados que tiene Puerto Viejo. Ellos preferían hacer picnic en la playa y poner música a todo volumen. Por lo que en algunos puntos podías llegar a escuchar hasta 4 ritmos diferentes.

De camino de vuelta al hotel me sentí como en el programa de “Verano Azul”… (La banda del Golden Rocket) todo risas, amigos, buenas vibras y la más linda naturaleza con la que te puedas rodear: mar, arena, árboles, aves de todos los tipos y tamaños…

La despedida de mis amigos fue esa misma noche, a quienes invité a cenar en la súper cocina comedor en el jardín de Kalunai. Entre pizzas y champagne -que trajeron ellos-, terminamos charlando con todos los huéspedes… ¡como una gran familia! El espíritu viajero mochilero volvía a mi rápidamente. Volvía a sentirme bien.

Cuando al día siguiente dejé atrás Puerto Viejo en dirección San José, mi alma estaba restaurada. El universo me había enviado lo que necesitaba: caras amigables, un lugar relajado, días de mucha naturaleza con café entre amigos y al fin… la posibilidad de sonreir. ¡Pura Vida, Puerto Viejo!

¿Quieres recibir una vez por semana un email con novedades y un resumen de los últimos posts publicados?
¡Entonces suscríbete al Newsletter!

* Campos obligatorios


    Consentimiento *

Sinmapa te informa que los datos de carácter personal que me proporciones completando este formulario serán tratados por Verónica Boned Devesa. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicito es para enviarte por correo electrónico mis últimas publicaciones y/o promociones de productos y/o servicios. La legitimación se realiza a través del consentimiento del interesado. Te informo que los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores del proveedor de email marketing Mailchimp en EEUU. Mailchimp está acogido al acuerdo EU-US Privacy Shield, aprobado por el Comité Europeo de Protección de Datos. Ver política de privacidad de Mailchimp. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en [email protected], así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control. Puedes consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos en mi política de privacidad.


“Este es un post patrocinado, esto significa que he recibido al menos un producto o servicio mencionado en este artículo de manera gratuita o que he recibido una compensación económica por mencionar la marca. Quiero dejar claro que mis opiniones son 100% independientes y están basadas en mi percepción real sobre el producto o servicio, sin influir la marca en la linea editorial”.

 

9 pensamientos sobre “Pura Vida en Puerto Viejo

  1. Theresa

    Hola

    Estuve leyendo tu articulo y hay demasiadas cosas que no sabia que me has enseñado, esta genial..
    te queria devolver el espacio que dedicaste, con unas infinitas gracias, por
    instruir a gente como yo jujuju.

    Besos

  2. Sirhia

    Al parecer esa es la magia de Costa Rica, lo digo porque tuve la misma impresión de este hermoso lugar cuando lo visité, y a pesar de no haber llegado buscando refugio después de una traumática experiencia como la tuya y de que no estuve en ese mismo lugar precisamente, sino más bien al norte del país; lo que yo viví ahí fue algo inigualable. Paisajes de postal a donde voltearas, anécdotas inolvidables con animales, una paz y tranquilidad que invaden todo tu ser y su gente!! Amé totalmente su gente, tan amable y cálida que hasta te hacen sentir que ya los quieres aunque hayas convivido con ellos solo en el trayecto de un destino a otro. Fue el primer país al que viajé y el mismo que me inspiró a seguir este sueño de conocer el mundo.

    Me encanta leerte y sobre todo en esta ocasión porque a través de tu historia me transporté a la mía, eso es lo bonito de tu profesión, espero que sigas haciéndolo mucho tiempo más, que muchos seguiremos leyéndote gustosamente.

    Saludos!!

    1. Sinmapa Autor del artículo

      Oh, muchas gracias Sirhia por tus palabras! Me alegro que te haya gustado el post y que te haya ayudado a revivir tu visita al país!! Costa Rica es precioso y su gente muy simpática! 🙂 Un fuerte abrazo y ¡seguimos en contacto! 🙂

  3. Gabriela

    Después de leer tu post sobre Bocas del Toro yo también tuve un regusto amargo los días que siguieron. Me encató leer ahora un relato tan pacífico y lleno de cosas bellas. Te deseo buenos viajes y más destinos como este.

    1. Sinmapa Autor del artículo

      Gracias, Gabriela! Para mi fue un verdadero alivio pasar esos días en Puerto Viejo, donde pasaron cosas bonitas como reencuentro con esa gran amiga, un destino muy natural y auténtico… y ese hostal donde me trataron como a un miembro de su familia. Fue lo que necesitaba! Gracias por estar ahí, del otro lado de la pantalla! Un fuerte abrazo!!!! 🙂

    1. Sinmapa Autor del artículo

      Muchas gracias, Mónica! Absolutamente todo lo que necesitaba llegó, de golpe, en Puerto Viejo! Fue como un mimo al alma para seguir camino! Mchas gracias por estar siempre del otro lado de la pantalla!!! Un fuerte abrazo!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *