Sinmapa

Crónicas de un viaje eterno a Tuk Tuk

Me río yo de Ulises y su “Odisea” para regresar a la isla de Ítaca. Evidentemente Homero, ni en sus pesadillas más traumáticas, imaginó una sucesión de peripecias tan adversas como las que suponen llegar a TukTuk desde Malaca. Si, me río de Ulises.

Mi viaje comenzó al alba, después de haber pasado por migraciones en Malaca (Malasia) y haber subido al ferry que saldría con más de una hora de retraso hacia Dumai, Indonesia. La puntualidad escasea en estas zonas, por lo que no hay que tomarse muy en serio los horarios de salida de ningún tipo de medio de transporte. Por lo general, autobuses, minivans y ferries salen cuando tienen gente suficiente para hacer rentable el viaje.

Ferry a Dumai, Indonesia

Ferry a Dumai, Indonesia

Como los tickets del ferry no contaban con asientos numerados, me aseguré un sitio en la primera fila -pasillo-, frente a una gran pantalla por la que pasaban videoclips en bucle de mujeres entonando baladas en malayo (¿o acaso era indonesio?). El entretenimiento audiovisual fue interrumpido por un video de indicaciones sobre la embarcación en el cual explicaron dónde estaban ubicados los salvavidas, cómo se colocaban y dónde se encontraban las salidas de emergencia.

En ese momento comprendí que la lujosísima embarcación que enseñaban en el video poco tenía que ver con la precaria embarcación en la que yo me encontraba. Me entró el pánico. Con el “PANIC MODE: ON” empecé a rastrillar con la mirada todo a mi alrededor en busca del compartimento de los salvavidas. Lo encontré. En él estaban amontonados y enredados unos desgastados flotadores. Peor es nada, pensé. Luego busqué las salidas de emergencia de las que tanto hablaban en el video y me percaté que, en caso de precisar utilizarlas, todas las personas que estaban en los otros asientos llegarían a ellas antes que yo, y que aquí no se respetaría eso de “las mujeres, los ancianos y los niños primero”. Empecé a fraguar diferentes estrategias para huir de allí en caso de que fuera necesario:

Ferry de Malaca a Dumai

Vistas desde el ferry de Malaca a Dumai

Plan A: saltar por los asientos, aunque tuviera que pisar alguna cabeza, hasta llegar a la puerta, pero esta opción no me permitía llegar también a los salvavidas.

Plan B: dejar mi actual asiento y buscar uno libre, detrás de todo, cerca de la puerta. Este plan tampoco era muy bueno, porque los salvavidas estaban del lado opuesto. Quizá podía coger uno ahora mismo y abrazarlo fuerte a lo largo del viaje.

Justo cuando empezaba a idear mi tercera estrategia, el ferry se puso en marcha y un tripulante comenzó a repartir a los pasajeros, directamente de una bolsa de basura (si, las típicas bolsas negras de basura que se utilizan en los edificios), un pequeño envase que contenía una especie de bollo pequeño que claramente había sido retirado de su envase original junto a dos pequeños sachets con un líquido verde flúo bastante sospechoso. Aunque la gastroenteritis en formato de “magdalena y zumo radioactivo de kriptonita” se presentaba ante mis ojos hambrientos bastante apetitosa, supuse que lo mejor sería no probarla. La abstinencia me mantendría alejada de las letrinas.

Detrás del primer hombre venía otro repartiendo vasos de agua que no tenían ningún tipo de indicación –al menos en inglés- de que se trataba de agua mineral. Tampoco la bebí. Me quedé un par de minutos más observando a mi alrededor y la precariedad de la embarcación me empujó a tomar medidas drásticas: decidí subir a cubierta y disfrutar de las tres horas de viaje allí, con las increíbles vistas y mi iPod. Por lo menos desde allí podría saltar rápidamente al agua si la embarcación se hundía.

No fiarse de los funcionarios de migraciones

Al llegar al puerto de Dumai, los pasajeros se agolparon en la puerta de salida y  comenzaron a salir en estampida hacia una muchedumbre de gente que se encontraba en las puertas de la embarcación gritando cosas incomprensibles para mí.

En el ferry de Malaca a Dumai, Indonesia

En el ferry de Malaca a Dumai, Indonesia

Pagué 25U$D en migraciones por una “visa on arrival” que te permite permanecer un máximo de 30 días en el país. Luego tuve que esperar un rato en migraciones, aunque no sabía muy bien por qué ni para qué. Me llamaron desde una pequeña oficina y me pidieron que les entregara el pasaporte y el justificante de pago para poder sellarme el visado. Mientras esperaba que el sellado se llevara a cabo, me quedé hablando con un oficial de migraciones que parecía muy amable y muy interesado en demostrarme todo lo que sabía sobre mi país: Maradona… perdón, Argentina.

Unos 10 minutos más tarde, me devolvieron el pasaporte con la visa y me llevaron a la zona de “Aduanas” donde un hombre espaturrado en una silla me pidió que me sentara junto a él, le entregara el pasaporte y, después de observarlo unos segundos, comenzó a hacerme preguntas sobre mi procedencia, el tiempo que estaría en el país, que sitios recorrería, a dónde iría luego y cuál era mi profesión. Al verificar que no tenía pensado asesinar a nadie ni traficar con animales exóticos, me dio el visto bueno y salí de su despacho.

El oficial de migraciones, con quién había estado hablando, se ofreció a llevarme hasta la estación de autobuses. Pequé de novata y de inocente en un segundo. Pensé para mi misma: ¡qué amables son todos por aquí! y acepté su ofrecimiento sin dudarlo… pero al salir del edificio y ver que otros colegas del oficial nos miraban y se reían surgieron las primeras dudas sobre las buenas intenciones del señor. Empecé a emparanoiarme (existe esta palabra?) pero no sabía cómo retractarme. No sabía muy bien cómo actuar y cuando me quise dar cuenta ya estaba el señor, mi mochila y yo en una moto pequeñita de camino a la estación de autobuses.

Vaya, y yo que le tenía (tengo) miedo a las motos. El aire caliente me abrazaba la piel, la moto levantaba polvareda en las calles de tierra y a mi alrededor no había absolutamente nada mas que naturaleza. Ni una casa, ni otro coche, ni animales… ¿me estaba llevando a una zona alejada para descuartizarme y robarme? Empecé a desconfiar mucho. Para asegurarme de que no me robaría en ese instante le dije que no traía dinero, que si podíamos pasar por un cajero (quizá no fue una idea, pero fue la única que se me ocurrió). El oficial de migraciones buscó y paró en un cajero y yo, haciéndome la tonta le dije: -“No me deja retirar más de 600.000Rupias” (que sería el equivalente a 40€)

Estación de autobus ficticia en Dumai

Estación de autobus ficticia en Dumai

Bien, ya había logrado dejar claro que no contaba con mucho dinero. Ahora le pedí que por favor me llevara rápidamente a la estación, porque no me encontraba bien. Él comenzó a callejear con la moto en dirección a la estación de autobuses y creo que en algún momento lo ofendí con mi desconfianza dado que no paraba de preguntarle en qué dirección iba y dónde estaba el centro de la ciudad.

– “Está dudando de mi honor? Yo soy un oficial de migraciones y no tengo necesidad de robar a turistas”.

– No, por favor, nunca dije eso… ni quise insinuarlo. Es que soy muy curiosa y me preguntaba por qué no veía casas a mi alrededor y me preguntaba dónde estaríamos.

– “Esta es una zona muy pobre, yo la llevaré directamente a la estación de autobuses, no se preocupe. Yo no le voy a robar. Soy un hombre honesto”.

Cerré la boca y me limité a barajar posibles alternativas de “salto y escape” en caso de encontrarlo necesario hasta que, al doblar en una esquina me comentó que esa era la calle de los autobuses, que las caseta que se encontraban a cada lado de la carretera eran de las diferentes compañías de autobuses.

– ¿En serio? (Pensé: ¿las estaciones de autobuses no son un único edificio con plataformas a los lados con autobuses? ¿o eso es solo en América y Europa?)

– ¿No me cree señorita? Soy un hombre honesto y le digo que usted está es la estación de autobuses de Dumai.

– Ok, ok. Muchas gracias por traerme.

– Son 100.000 Rupias

– ¿Perdón? Usted se ofreció a traerme y nunca mencionó un precio! (Mientras le decía esto hacía mentalmente el cálculo rupia-euro, por eso de CIEN MIL sonaba a un montón)

– ¿Creías que te traería gratis? Son 100.000 Rupias

– Pues no me lo dijo usted de antemano. Le daré 20.000 Rupias por su molestia, Además en el cajero no pude retirar mucho dinero y tengo que pagar el autobús.

Estación de autobus ficticia en Dumai

Estación de autobus ficticia en Dumai

Aceptó de malagana y se fue a hablar con la chica en el mostrador del autobús (evidentemente estaban tramando algo) porque cuando me acerqué y solicité un billete para hacer el trayecto: Dumai a Parapat me cobró 14€, lo que me pareció un robo a mano armada (¡y eso que aún no había visto el autobús!). En sitios así no se puede discutir mucho, porque una no sabe dónde está ni puede preguntarle a otra gente, dado que casi nadie habla inglés y al momento de llegar allí no había otros “turistas”. Al comprar el billete me comentó la chica que el bus salía a las 5pm, pero que a las 4pm pasaría un “minibus” para llevarme al “gran bus” que salía hacia Parapat. (Si alguien tiene pensado realizar la locura de viajar de Dumai a Parapat, no se dejen engañar. Esos puestos de buses son agencias que te cobran más del triple del precio real… y ese minibús que te lleva al bus, en realidad te lleva a la estación central de autobuses. Evidentemente está todo arreglado para que taxistas y oficiales de migración lleven a turistas allí, así pueden estafarlos. En la estación de autobuses el bus a Parapat costaba menos de 4€. Pero claro, de esto me enteré al llegar a la estación central). En fin, supongo que es el precio que paga un turista por no conocer la zona y no hablar indonés!

En Sumatra soy toda una estrella… ¡y profe de inglés!

Justo cuando iba a cruzar la calle para matar el tiempo almorzando en un restaurante chino, llegaron 2 holandeses a la terminal y, honestamente, me sentí aliviada de finalmente encontrar occidentales aunque sabía que ellos también habían sido timados como yo. Mientras ellos compraban un billete a Medan, yo crucé al restaurante chino para almorzar algo, asegurándome que los chicos harían lo mismo luego. Al entrar al restaurante me sentí como una estrella de Hollywood. Toda la gente del sitio se dio vuelta a mirarme, varios me sacaron fotos “disimuladamente” y desde la puerta que daba a la cocina se asomaron, como en los dibujitos animados, tres cabezas, una sobre otra, de unas adolescentes risueñas.

Ordené un café (Kopi) y me acerqué a la cocina a mostrarles lo que quería comer dado que no entendían que era vegetariana. Señalé el arroz y señalé a unos huevos y volví a mi sitio. Para entonces los holandeses ya habían llegado y así mi estancia en el restaurante no fue tan rara. Obedientemente, sobre las 4pm regresamos a la terminal del bus, pero allí nos esperaba una chica que nos ofreció llevarnos a la escuela donde ella estudiaba y trabajaba para que le enseñáramos inglés a los niños. En la estación nos dijeron que el minibus no llegaría hasta pasadas las 5pm y prometieron esperarnos si el bus llegaba antes que nosotros. En menos de 10 minutos estábamos frente a unos 8 alumnos que nos miraban como si fuéramos alienígenas recién llegados a la tierra (posiblemente el holandés de 2 metros cuadrados fue quien más llamó la atención). Nos presentamos uno a uno, comentamos de dónde veníamos y qué hacíamos allí y charlamos un poco con ellos y media hora después estábamos de regreso a la estación de bus. Aparentemente esto lo hacen con todos los turistas que llegan a las casetas de autobuses, porque quieren que los pequeños conozcan a personas de diferentes sitios y aprendan algo de inglés (inglés que utilizarán para embaucar a otros turistas en un futuro no muy lejano. Vaya locura!).

La odisea continúa

Como los horarios son muy relativos aquí, nuestro minibus no llegó hasta las 5:30pm. En esta ocasión, se trataba de una camioneta diminuta en la que nos metieron –a los dos holandeses y a mí- junto a otras 8 personas, 15 maletas, nuestras mochilas y unos neumáticos viejos… Apretados y sentados donde podíamos viajamos 5 minutos hasta la estación central donde el autobús más viejo y destartalado de la historia nos esperaba.

Autobus Dumai - Parapat, Indonesia

Autobus Dumai – Parapat, Indonesia

El autobús sería de principios del siglo pasado, evidentemente no había pasado la ITV desde 1922 y con seguridad originalmente era utilizado para trasladar a pigmeos. La mochila la metieron en un compartimento que tuvieron que mantener abierto entre tres personas para que no se cerrara mientras acomodaban también otras maletas. Todo aquello que no cupiera en el mini maletero viajaría, indefectiblemente, en el techo. Los holandeses y yo nos subimos al bus. La visión era desoladora: que no tuviera aire acondicionado era el menor de los problemas. Faltaban la mitad de los vidrios de las ventanas, los asientos ya casi no tenían tapizado de lo antiguos que eran y muchos de estos estaban rotos y no se podían reclinar (¿debo recordarles que era un viaje nocturno de aproximadamente 15 horas?). Pero yo tuve tanta suerte que mi asiento no solo SI podía reclinarse sino que además caía totalmente sobre la persona sentada detrás de mí, siendo imposible mantenerlo recto. El conductor intentó –sin éxito- arreglarlo. Tuve que viajar así unas horas hasta que un hombre se apiadó de mí y me cambió el sitio. Su asiento no se podía reclinar, pero al menos podía respaldarme sobre él! Pero me estoy adelantando en el tiempo.

Entretenimiento a bordo del bus Dumai - Parapat - Indonesia

Entretenimiento a bordo del bus Dumai – Parapat – Indonesia

Todavía en la estación de autobuses, y con todos los asientos ocupados, sube un hombre y comienza a acomodar pequeños bancos de plástico en el pasillo… y si, hubo personas que se sentaron en ellos durante 15 horas. Finalmente el bus arrancó el motor y comenzamos a circular por carreteras de tierra rodeadas de vegetación, sin iluminación ni señalización. Durante los primeros 20 minutos de trayecto, un señor muy simpático amenizó el viaje con su guitarra… y luego pasó la gorra.

Luego, cuando el señor se bajó del autobús en lo que para mi era “el medio de la nada”, por los altavoces comenzaron a sonar melodías en indonesio bastante molestas -y que no callaron en toda la jornada de 15 horas de viaje-. ¿Creéis que me quejo por nada? Os reto a que escuchéis la siguiente canción en bucle durante 15 horas consecutivas, a todo volumen:

De repente el señor sentado dos asientos más adelante enciende un cigarrillo… ¡está permitido fumar en los autobuses de Sumatra!

Una noche larga en el bus

Sobre las 7.30pm solo nos rodeaba la más densa de las oscuridades. La carretera no tenía iluminación y lo único que se divisaba, a lo lejos, eran unos relámpagos presagiando una gran tormenta eléctrica. En ese momento vino a mi mente el recuerdo del tsunami que había devastado el norte de Sumatra hacía unos cuantos años atrás, así como las imágenes de las inundaciones que suelen arrasar la zona. Intenté imaginar qué haría yo si comenzara a llover tanto que las carreteras quedaran anegadas por el agua y tuviéramos que detenernos en medio de la nada durante varias horas… y lo más triste es que lo que más me preocupó fue no tener comida. Hice una lista mental de las cosas que tenía en mi mochila que me mantendrían con vida varios días: repelente de mosquito, bloqueador del sol, abrigo, una botella de agua de 1litro que podía fraccionar… ¡¡pero sin comida!! ¿Qué haría yo sin comida en la jungla? Me pregunté si habría cocos por la zona o si tendría que romper casi 20 años de vegetarianismo y comerme algún animal salvaje. Por suerte, cuando la tormenta llegó a dónde nosotros estábamos ya se había convertido en una lluvia suave. Cerca de la medianoche hicimos la primera parada para cenar e ir al baño (porque para este momento ya deberían haber adivinado que el bus no contaba con un baño).

Delicioso café en Sumatra

Delicioso café en Sumatra

Lo primero que hice en cuanto nos detuvimos fue correr al baño, antes de que las decenas de mujeres que viajaban en el bus llegaran a él. Permítanme decirles que si ya me parecía complicado realizar mis necesidades fisiológicas en una letrina, lo que estaba a punto de enfrentar era aún peor. Es una pena que no hubiera nadie en el baño sujetando una cámara de fotos y esperando a turistas a que entraran para fotografiar sus reacciones. Al entrar al “baño” me encontré con que era un espacio rectangular de unos 4 metros de largo por 2 de ancho, con dos letrinas (sin paredes ni nada que las cubriera)… y como estaban ocupadas el resto de las mujeres se colocaron en una hilera, se agacharon e hicieron pis en el suelo, el cual estaba levemente inclinado hacia una canaleta. Mientras las mujeres hacían pis, otra mujer desde atrás arrojaba agua al piso para que la orina cayera en la canaleta. Aunque estuviera desesperada, decidí, aunque más no fuera, esperar hasta que una de las letrinas se desocupara.

La segunda sorpresa llegó cuando al pedir un café me trajeron una bolsa negra y dentro de ésta, otra bolsa de plástico transparente que contenía mi café y estaba cerrada con una gomita elástica que sostenía a su vez a una pajita. No me lo podía creer. Otra curiosidad es que cuando te sirven la comida, nunca colocan cuchillos en la mesa, porque ellos lo consideran violento e inncesario y que no está acorde con su carácter amistoso. Con una cuchara y un tenedor debería uno ser capaz de alimentarse. Después de regatear el precio del café (de 10.000RP a 4.000RP) regresé al autobús que ya seguía su camino a Parapat. Aunque intenté dormir, el asiento, los olores, las conversaciones de la gente y la música me mantenían despierta.

Parada espontánea en nuestro camino a Parapat

Cerca de las 5am nos bajaron del autobús en una estación de autobuses rudimentaria y me dijeron que esperara a otro bus que me llevaría a Parapat. Yo les comenté que me negaba rotundamente a pagar por otro billete cuando yo ya había pagado más del triple por realizar el viaje Dumai-Parapat, así que uno de los conductores (eran dos, a cual más temerario en su forma de conducir) me dijo que él pagaría por mi traslado a Parapat (si, seguro). Sobre las 7 de la mañana finalmente un señor se acercó a mí y me dijo que ya había llegado el minibús. Pero como no había suficientes pasajeros a esa hora, esperamos hasta las 8.30am que fue cuando consiguió 4 pasajeros más y nos dirigimos a Parapat, la ciudad en donde se toman los ferries para la isla Samoir, donde se encuentra la península de Tuk Tuk, es decir, mi destino.

El camino hacia Parapat era bellísimo, un camino de montaña que te descubría tras cada curva un paisaje deslumbrante y único. A los lados de la carretera se podían observar monos sentados como humanos, ¡¡mirando los coches pasar!! A las 9.30h llegué a Parapat y 20 minutos después me tomé un ferry hasta Tuk Tuk por 7.000IDR. El ferry te deja directamente en el hotel, dado que todos los hoteles se encuentran sobre el lago y cada uno de ellos tiene su propio muelle. A las 9am ya estaba en mi habitación en Bagus Bay hotel. Por tan sólo 2.85€ la noche tenía una habitación para mi sola con vistas a un jardín inmenso que terminaba en el lago Toba, el mayor lago volcánico del mundo.

Datos Prácticos:

Visado de Indonesia: 25U$D
Bus Dumai-Parapat: 170.000 Rupias
Ferry Parapat-Tuk Tuk: 7.000 Rupias
Noche de hotel: desde 30.000 Rupias

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