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Montilla: una joya en la Campiña Sur Cordobesa

En sus ojos celestes brillaban tres generaciones y en sus palabras resonaba la sabiduría de haber comulgado con la tierra. Rodeado de botas de roble apiladas en cuatro niveles, Francisco Robles prefería no comentar mucho y dejar que sus vinos hablaran por sí solos. Él había entendido la importancia –más allá de ancestros y apellidos- de respetar la tierra, interpretarla, darle los cuidados necesarios y acompañar su evolución natural para que se manifestara en un fruto cargado de aroma, cuerpo y sabor. Sirvió en la copa un poco de ese oro líquido y esperó que lo catara. En un solo sorbo la identidad de Montilla y de su producto estrella, el vino, me acarició el paladar y me abrazó el alma.

Soneto del vino por J.L. Borges
¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?
 
Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.
 
En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto
 
otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

VIÑEDOS DE MONTILLA

 

“Hay más filosofía y sabiduría en una botella de vino que en todos los libros”.

Louis Pasteur

La historia del vino va casi mano a mano con la del hombre y es la piedra angular del desarrollo de la pequeña localidad de Montilla, en la Campiña Sur Cordobesa. Desde la altura, agarrada con fuerza a la cesta del globo aerostático, pude ver cómo esas tierras andaluzas estaban ordenadas en largas hileras verdes de viñedos y olivos, con lagares y bodegas esparcidas por todo lo largo y ancho del paisaje. Parecía como si Dionisio hubiese puesto una sucursal divina de su huerto allí.

Los montillanos, así como lo hicieron los griegos de la antigüedad o lo romanos, reservan un lugar importante de sus vidas para el vino. O quizá su vida entera esté atravesada por ese elíxir. Hay una entrega sincera de cuerpo y alma a producir, siguiendo técnicas ancestrales y artesanales pero con ayuda de las innovaciones tecnológicas, un vino de la misma manera que se cría a un hijo: con constancia y paciencia, con respeto, con amor y una entrega total y absoluta.

“Existe más historia que geografía en una botella de vino”.

J. Kressman

Perfeccionan con la sabiduría adquirida tras varias generaciones esta bebida que lleva en nuestras mesas más de 5.000 años y que ha sabido acompañar nuestros momentos más importantes. Si antes se reservaba para ritos religiosos, militares y festejos nobles, hoy y gracias a diversas iniciativas, el vino se marida con algo que también es muy nuestro y nos diferencia: la cultura. Así es como, por ejemplo, encontramos festivales de Jazz en bodegas y lagares (MontiJazz) o acompaña exposiciones de pintura e inlcuso es representado en el espacio urbano a través de coloridos murales.

Tengo que reconocer que poco sabía sobre la producción del “fino” y otros vinos “generosos” como el oloroso, palo cortado o el amontillado. Pero tres días me bastaron para volverme casi una experta y dominar conceptos como “velo de flor”, “pie de cuba” u “oxidación”. Es que hay más de una docena de bodegas y lagares en Montilla que lo convierten en un destino ideal para una ruta enológica y conocer a fondo la Denominación de Origen Montilla-Moriles –una de las primeras denominaciones de origen de España-.

Si bien el método de envejecimiento de los vinos que utilizan las bodegas de esta D.O. es parecido con su crianza bajo velo de flor por el sistema de  “Solera y Criaderas” con la uva protagonista Pedro Ximénez, es el entusiasmo y vehemencia de quienes realizan el vino el común denominador. El respeto a las tradiciones es clave, el conocimiento y amor por la vid pasó de abuelos a padres y de padres a hijos y así es como, por ejemplo, las Bodegas Alvear ya llevan 8 generaciones haciendo vino, o las Bodegas Pérez Barquero, las Bodegas Robles, Hacienda Bolonia y Lagar Blanco, con 3 generaciones o el Lagar Primilla y Lagar Los Raigones con 4 generaciones en sus espaldas. Cada uno de estos lagares o bodegas parecía una casa de culto donde venerar este elemento básico en nuestra dieta mediterránea y pude degustar, según la maduración, exquisitos vinos jóvenes, finos, amontillados y olorosos.

“El vino da brillantez a las campiñas, exalta los corazones, enciende las pupilas y enseña a los pies la danza”.

José Ortega y Gasset

Las explicaciones a lo largo de la ruta enológica por Montilla nunca fueron: “se cosecha la vid, esto se pone aquí, luego allá y más tarde se embotella y bla bla bla”. NO. Como todo producto fruto de la pasión, el vino es el hijo que han cosechado y criado y de él se habla con el orgullo de madre y padre. Un hijo al que han sembrado y supieron cuidar cuando ha llorado con la llegada de la primavera, mimaron con paciencia para que madurase y han velado a cada instante por su fruto. Pero cualquier padre o madre sabe que “el trabajo no está terminado con la madurez del hijo”. Con la uva madura, prendida de la cepa y brillando al sol con su piel blanca, la tienen que tratar y criar en botas para que termine de cobrar cuerpo y personalidad –como las personas- y orgullosos llevan a las mesas de millones de personas el esfuerzo de un trabajo bien hecho.

“El vino es la única obra de arte que se puede beber”.

Luis Fernando Olaverri

May y su marido, la pareja detrás de la Casa-Boutique “Lujo Pobre”, ofrecen, además de alojamiento en una casona bien andaluza, unas catas-maridajes cuya filosofía concuerda con la filosofía del viticultor: “aprender a disfrutar los pequeños detalles que son los que nos hacen realmente felices, como catar un buen vino acompañado por una delicia gastronómica”. Ellos me contaron cómo los jugos de la uva no poseen –en su acepción más metafórica- de forma abrupta a la madera de las botas –realizadas todas de forma artesanal como pude ver en la tonelería Juan Pino– sino que es una relación que mejora y se perfecciona con el paso de los años, como un buen matrimonio, en el que se van conociendo poco a poco e interactúan para concebir algo perfecto: el vino. Un equilibio y combinación armoniosa de todos los procesos intervinientes hasta el momento en que el vino está listo para ser bebido.

Fotografía realizada por Objetivo Viajar

AMOR, PASIÓN Y PERTENENCIA

A ESTA TIERRA

 

“El vino es poesía embotellada”.

Robert Louis Stevenson

Creo firmemente en que un lugar es su gente y Montilla no es la excepción. En el corazón de Andalucía la historia de esta pequeña localidad no se desliga de las bodegas, sino que caminan juntas desde la antigüedad y la mirada puesta en el futuro.

La bienvenida a estas tierras nos la dio Rafi en su Finca Buytron, una casona del siglo XVI –y que fuera parte del terreno ocupado por el huerto del Gran Capitán- y que a día de hoy está rodeada de olivares y viñedos en la más idílica postal de la campiña cordobesa. La simpatía y entusiasmo de Rafi fue el preludio de una sucesión de encuentros con personas totalmente enamoradas de su tierra que son concientes de la riquieza que tiene entre manos y la cuidan y la promueven como tal.

 

 

Inmaculada, con su tez morena y una sonrisa que no se desdibujó en la hora y pico que duró la visita a las Bodegas Alvear -que ostenta ser la segunda bodega más antigua de España y la más grande de la D.O. Montilla Moriles- nos transmitió los valores que guían este laborioso emprendimiento de los viñedos y, aunque ella es del grupo Bacus –que organizan visitas guiadas a diferentes bodegas- habló como si las bodegas fueran propias, porque de alguna manera es parte de su historia, de la de su familia y la de todos nosotros. Porque ya he comentado antes que la historia del vino y la historia del hombre caminan a la par.

Pero una de las personas que más me cautivó con un proyecto que considero  enriquecedor, singular y que trae una bocanada de aire fresco a Montilla es Francisco, el responsable de las Bodegas Robles.

De pie junto a su viñedo ecológico nos esperaba para enseñarnos todo lo que la tierra le había enseñado a él sobre cultivar vid: los valores de la sostenibilidad, la transparencia, la responsabilidad, la participación y también la creatividad. Nos dijo que: “nuestro progreso pasa por el regreso. El regreso a los valores perdidos”. El proyecto ecológio es tan necesario como brillante. Es una iniciativa que busca el equilibro con el medioambiente, porque no es lo mismo conocer que sentir, y así creó la acción: “Amadrina tu cepa”. Tú no le enseñas nada a la cepa, ella te enseña a ti los principios de la agricultura, la importancia de las pequeñas cosas en el equilibrio total y la virtud de la paciencia. Su manera de entender el proceso de producción del vino me devolvió la fe y esperanza en que crear entre todos un mundo mejor, en el que nos respetemos y cooperemos para mejorar todos, es posible.

 

MONTILLA: MUCHO MÁS QUE

CULTURA VITIVINÍCOLA

 

¿Hay vida más allá de la cepa? ¡En Montilla sí! Con más de 4 millones de años de historia, Montilla aún conserva vestigios del paleolítico, de los asentamientos romanos y de la época medieval. Uno de los sitios donde podrás conocer toda esta historia es en el Museo Histórico Local, ubicado en la anitgua Fábrica de la Luz, que a través de diferentes piezas te lleva por un recorrido que va desde el paleolítico hasta la actualidad. A día de hoy no está abierto al público, pero a partir de 2018 podrás disfrutar de siglos de historia reunidos en sus salas.

Otra de las evidencias del pasado de la ciudad es el antiguo castillo que data de 1204, donde se dice que nació el Gran Capitán. El castillo original fue derrumbado por orden de Fernando el Católico en 1508 como ejemplar castigo impuesto al titular de la Casa de Aguilar (primer marqués de Priego) y sobre sus cimientos levantaron un granero para guardar las provisiones para épocas de hambrunas. Esta espectacular edificación próximamente será la casa de la oficina de turismo de Montilla y albergará exposiciones permanentes sobre el Gran Capitán, sobre el vino y sobre las excavaciones del castillo original.

Otros dos museos en los que conocer la historia de los personajes ilustres de Montilla y que me sorprendieron y conquistaron por partes iguales fueron la Casa-Museo del Inca Garcilaso de la Vega y el Museo Garnelo. La Casa-Museo del Inca Garcilaso de la Vega es un inmueble noble aunque austero, con patios y pintorescas dependencias, que fue donde residió el Inca durante 30 años y hoy se puede visitar para conocer más sobre este destacado personaje peruano, hijo del capitán español Pizarro. Por otro lado, en la Casa de las Aguas se encuentra el Museo dedicado al pintor Garnelo y reúne en las diferentes salas casi toda su obra. Garnelo fue subdirector del Museo del Prado y maestro de Picasso… ¡un artista que todos deberíamos conocer!

Pero la cultura no está sólo entre paredes, otra forma diferente de conocer los secretos de la ciudad es a través de la ruta de arte urbano que cobró protagonismo con el proyecto “7 barrios, 7 murales”. Es un poryecto que intenta  contar la historia y cultura montillana a través de murales en diferentes enclaves y con artistas de todo el mundo. Es una iniciativa colorida y original para revitalizar diferentes barrios y enseñar áreas menos conocidas de la ciudad.

Como ya habréis visto, Montilla es una ciudad que le gusta mantener intactas las formas de hacer de antaño y prueba de ello da la pastelería Manuel Aguilar, ubicada en un antiguo convento, y que lleva complaciendo a golosos desde 1886 y es a día de hoy una de las pocas pastelerías que llega a las mesas de los monarcas.

También el terreno del aceite conserva intacta aquí sus tradiciones y para ello qué mejor que visitar la Almazara de Juan Colín rodeada de olivos y una paz que calma las mentes agitadas. Allí nos explicaron desde el cultivo ecológico del olivo y todos los procesos por los que pasa hasta producir un aceite de oliva extra virgen que es para chuparse los dedos.

Hablando de chuparse los dedos, una apuesta innovadora y deliciosa es la de los chicos detrás del proyecto de la cerveza artesanal Capitán. Junto a su fábrica tienen un bar para catar estas maltas mimadas y preparadas con mucho cariño que a día de hoy ofrecen Cervezas singulares que van desde la Blonde Ale hasta la stout pasando por otras variedades como las envejecidas en barricas de oloroso pedro Jiménez a las más amargas como las ipas o bitter.

¿Eso es todo? ¡No! ¡Montilla ofrece mucho más! Como la Ruta de las Fuentes Históricas que se puede hacer en bicicleta y así descubrir el patrimonio natural y riqueza paisajística de la zona. La ruta comienza en el mirador de la Escuchuela –el barrio más antiguo de la ciudad-, desde donde apreciar la comarca e incluso Sierra Morena y sigue por parte del casco urbano, para luego salir a la zona de viñedos y olivos. Poco más de 11km para descubir Montilla desde otro punto de vista.

La oferta turística de montilla nos lleva por diferentes propuestas históricas, naturales, artísticas y ecológicas que sacian los deseos de cualquier visitante. Sin lugar a dudas, un lugar para conocer. Atrévete y ¡#amontíllate!

Muchas gracias a Turismo de Montilla por invitarme a conocer esta región y todas sus bondades. Muchas gracias a todos los que hicieron posible para que este fin de semana fuera absolutamente espectacular. A los hoteles Don Gonzalo y Bellido por alojarnos. Gracias a Bar La Carrasquilla, Bar Los Robles y Bar Los Barriles por vuestra deliciosa gastronomía y ayudarnos a reponer fuerzas.

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5 pensamientos sobre “Montilla: una joya en la Campiña Sur Cordobesa

  1. Jose

    Argentina tiene un nosequé especial, a parte de su espectacular naturaleza. Además no es un español completo el que no conoce Argentina así como otros lugares de Sudamerica. Hay mucho de nosotros por aquí, de lo bueno y de lo malo…jejeje

    un abrazo guapa,

  2. Jose

    Fantastico Vero. Veo que te ha gustado mi tierra, no es para menos. Te he descubierto hoy mismo buscando información de Calafate y Chalten pues voy en unos días por allí.

    Me ha gustado mucho la pasión con que describes lo que vas descubriendo, aunque sea algo tan insignificante a ojos del poco observador como esa vieja campiña cordobesa, tierra milenaria.

    Yo descubriendo tu impresionante pais por un par de añitos nada menos…

    ( un cordobés instalado en Buenos Aires )

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