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Una NO peregrina en El Camino de Santiago

Cada vez que escuchaba hablar sobre el Camino de Santiago, lo primero que venía a mi mente era una exclamación rotunda: “¡¡vaya pecados turbios habrán cometido esas personas para tener que caminar cientos de kilómetros y redimir así su culpa!!”  Por alguna razón inexplicable siempre asocié el camino a una penitencia cristiana. Lo veía como algo netamente religioso. Y en verdad lo es, pero en sus orígenes. Sin embargo, los millones de peregrinos que lo hacen hoy -y desde hace ya muchos años- me enseñan la otra cara de esta ruta. Tras hablar con varios caminantes he entendido que si bien algunos profesan la fe cristiana, muchos lo hacen como un reto personal, por un promesa u otra manera de viajar y descubrir el mundo. Sí, hay tantos motivos para hacer el camino como peregrinos.

Hace 13 años mi tía abuela, nacida en un minúsculo pueblo del Bierzo llamado Albares de la Ribera y emigrada a Argentina con sus padres y hermanos –mis bisabuelos y abuelos- volvió a España para cumplir un sueño. Ella siempre había querido regresar a su pueblo natal y hacer un trozo del camino. Mi madre y su marido la acompañaron en ese viaje y caminaron juntos más de 150km. Mi tía abuela con 80 años caminó y caminó. No rezó en el camino. Tampoco se acordó de la virgen, del santo, del apóstol o de Jesús. Ella revivió imágenes de su pasado, de su familia, de sus raíces y de toda su vida. Ochenta años que se dicen pronto, se viven a toda velocidad pero se recuerdan lento. Al paso del camino o al ritmo de los momentos compartidos con otros peregrinos tras una larga etapa.

Recuerdo la primera vez que yo tomé contacto directo con el camino. Fue en Galicia hace cerca de un año y el trozo que hice unía Finisterre con el faro. Son muy pocos kilómetros -3.5 para ser exacta- que constituyen parte del camino Jacobeo y se lo conoce como el “epílogo al camino”. Estaba de vacaciones en la ciudad gallega y decidí hacerlo a pie porque no tenía otro medio de transporte. Pero no lo caminé con el sentir y convicción del peregrino, sino con el de la viajera inquieta que quería seguir la milenaria tradición pagana de llegar a donde los romanos creyeron que acababa el mundo conocido.

Durante esos 3 kilómetros y pico vi pasar muchos peregrinos, con sus pies dolientes y su sonrisa incrustada en la cara y no entendía por qué querían sufrir tanto.

– ¿Desde dónde vienes? fue la pregunta que más les hice cuando, tras llegar al cabo, se sentaban a contemplar el atardecer.

Y la respuesta era siempre de lo más variopinta: de Irún, desde Santiago, desde ¡Francia! Cientos de kilómetros unidos a pulmón. Me horrorizó la idea, pero también sentí algo de envidia. Una envidia “sana” si cabe por ese compromiso con el camino, con un objetivo, con uno mismo.

Hace unas semanas me invitaron a conocer una etapa del Camino del Norte y no lo dudé ni un segundo. Esta vez tomé el reto con la consciencia y entrega del peregrino… un camino introspectivo con buenas vistas, con dificultades y gratificaciones. No lo hice entero, no recorrí los 23km, sino que fue más bien un tentempié. Fue una degustación que tanto turismo de Gijón como turismo de Avilés sabían que bastaría para seducirme en una ruta que desde hace cientos de años hombres y mujeres de todas las edades recorren.

Gijón

Llegué a Gijón con pocas expectativas y el asombro fue rotundo. Antes de lanzarnos al peregrinaje, tuve la oportunidad de conocer un poco sobre la ciudad y su historia a través de esa calzada romana que la recorre y la cruza, y que ha cambiado para siempre su perfil.

En el recorrido urbano me tomé la foto de rigor con las letronas rojas, visité la mítica playa de San Lorenzo y me adentré en el Museo de las Termas Romanas que datan de los siglos I y II d.C. y que era el lugar donde los ciudadanos compaginaban el ocio y la higiene. Como parte del recorrido por la ciudad entré a conocer la “Casa de Paquet” que, una vez reformada, será el nuevo albergue de peregrinos de Gijón. Se trata de un espectacular palacete con las mejores vistas al puerto deportivo y que se cree que estará inaugurado para el año que viene. También visité un taller de litografía en donde me manché las manos con tinta de colores para ¡hacer creaciones a la antigua usanza! Cada minuto en la ciudad era una anticipo de emociones y sensaciones que tendría al día siguiente al lanzarme en ese trayecto que une Gijón y Avilés por una antigua calzada romana.

Si, porque si bien la ciudad fue la protagonista de mi primer día de viaje, yo estaba allí para vivir y experimentar en carne propia el más septentrional de los caminos de Santiago: el de la costa. Hay varias maneras de hacerlo: a pie, en bicicleta y también es posible hacer un tramo en barco. Si, ¡como lo lees! Estarán quienes digan que eso es “hacer trampa”, pero la realidad es que en la antigüedad muchos peregrinos debían realizar ciertos trayectos por vías marítimas o fluviales para llegar al destino y hoy es posible hacer parte del camino navegando el Cantábrico… ¡y es una experiencia inolvidable!

 

El Camino de Santiago

 

Santiago El Mayor, actual patrón de España, fue uno de los discípulos más cercanos de Jesús y uno de los primeros mártires del cristianismo.

Cerca del año 821, tras el hallazgo de los presuntos restos óseos del apóstol en Santiago, la ciudad se convirtió en uno de los más importantes centros de peregrinación de la Cristiandad dando así origen al actual Camino.

Hoy en día “El Camino de Santiago” es una ruta que recorren millones de hombres y mujeres de todo el mundo para llegar a Santiago de Compostela, donde se encuentra la Catedral que alberga el sepulcro del apóstol.

El camino hoy tiene ciertas normas si quieres conseguir la “Compostela” o Concha: debes andar un mínimo de 100km o realizar 200km en bicicleta. Además es necesario estar acreditado con tu credencial básica de peregrina que se puede conseguir en refugios, asociaciones, cofradías o algunas iglesias y son las que te permitirán ser acogida en los albergues y refugios.

El Camino del Norte

Etapa Gijón – Avilés

 

El Camino de la Costa es una ruta ancestral de peregrinación que bordea el Cantábrico y forma parte del conjunto de itinerarios jacobeos y se lo conoce como el “Camino del Norte”.

Estos caminos fueron seguidos por los peregrinos de la época medieval que, tras el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago, el rey Alfonso II comunicó a toda Europa dando inicio a uno de los caminos de peregrinaje religioso más conocidos en el mundo entero. Esta gran afluencia de peregrinos puso de nuevo en funcionamiento las viejas vías romanas que cruzaban Asturias, como la ruta Vía de la Plata.

El Camino del Norte o Camino Costero empieza en Irún, atraviesa el litoral del País Vasco, Cantabria y Asturias y cruza Mondoñedo hasta terminar en Santiago. Este frente septentrional, amenazado durante siglos por las incursiones de los piratas musulmanes y normandos, comenzó a consolidarse como via de peregrinación durante los siglos XII y XIII, con la proliferación de las peregrinaciones por vía marítia y de la navegación de cabotaje.

Todo este bagaje histórico lo tenía en mente cuando empecé El Camino. Dejé atrás la parte más industrial de la ciudad de Gijón en coche para luego adentrarme ya a pie en un camino de tierra rodeada de verde y estampas típicas rurales asturianas. Sentí un cosquilleo en la tripa… había algo mágico en dar esos primeros pasos cargados de tanta historia como historias. Me avergonzaba, frente a otros peregrinos, admitir que “mi camino” sólo incluía poco más de 4km. Me sentía un verdadero fraude. Pero como me dijo una peregrina en el albergue de Avilés horas más tarde: “Lo importante es el primer paso. Y el resto de los pasos también, sin contar cuántos han sido”. Aún así, yo creo de peregrina aún no tengo ni las suelas.

A medida que fuimos adentrándonos en el camino, aceleré el paso y me alejé del grupo con el que viajaba. Fui avananzo sintiendo que era parte de un TODO mucho más grande de lo que yo podía imaginar. Un universo de emociones, pensamientos, reflexiones que acompañaba a cada peregrino en su viaje a Santiago. Sentía la energía de cientos de miles de pasos acompañando mi camino y me emocioné. Dicen que el camino es místico, pero no en el sentido religioso de la palabra, sino en la experiencia de lo divino, entendiendo “lo divino” como algo tan personal y espiritual como comunitario y social. El camino refuerza la relación con uno mismo, con el entorno y con el otro. En el camino me crucé con varios peregrinos, la mayoría ingleses, que no dudaron en compartir unas palabras de aliento –y un poco de agua- conmigo. Esos casi 4 kilómetros se me quedaron cortos, pero fueron el comienzo de lo que seguramente sea, el día de mañana, mi gran camino hacia Santiago de Compostela y hacia otra forma de viajar.

Avilés

Voy a confesarlo ahora: a Avilés llegué en coche y no por mis propios pies o mérito. Llegué tras degustar una pequeña porción del camino que bajo ningún concpeto me acreditarían como peregrina. Al llegar al hotel me dormí una pequeña siesta antes de reponer fuerzas con un maridaje de vinos y quesos y salir a recorrer el casco urbano.

Acá hago otra confesión: si bien El Camino atraviesa el casco antiguo de Avilés, yo lo recorrí con ojos de turista y no como una peregrina desesperada por llegar al albergue Pedro Solís. Es que la fascinación y conexión que sentí por Avilés desde el primer minuto hicieron que me olvidara que estaba recorriendo la antigua espina dorsal del Camino del Norte.

Sus callecitas empapadas en historia con su Plaza de España que alberga el Ayuntamiento o la calle de la Ferrería que es la que guarda más vestigios del Avilés medieval que cualquier otra me conquistaron para siempre. Tuve la suerte y privilegio de salirme del camino un poco para visitar el Centro Niemeyer, una espectacular obra arquitectónica inspirada en los elementos de la naturaleza y en su composición es fácil adivinar una montaña, un río, un frondoso árbol o una ola marina. También me desvié para conocer el tercer cementerio más bonito de España elegido por votación popular y más que un espacio tétrico (siempre me han dado algo de yuyu los cementerios) parece un recorrido por un museo de arte al aire libre, con sus esculturas rimbombantes y detalladas al milímetro. Pero así como alejé mis pasos del camino regresé a él para conocer parte del trayecto que sale de la ciudad por Avenida Alemania y se eleva hasta obtener unas panorámicas espectaculares de la antigua villa amurallada.

El regreso desde Avilés a Madrid me dio tiempo para reflexionar sobre este viaje exprés por El Camino. Me di cuenta que el camino es solidaridad, es compartir, es alegría y es místico por lo que aporta la gente, tanto a nivel individual como grupal. Sin duda El Camino está en mi lista de deseos. Ya no sólo es un reto personal, sino que ya lo considero una tradición familiar. Ya van dos generaciones haciéndolo y quiero ser yo la tercera. Quizá me lleve a mi sobrina para que seamos 4 generaciones en el mismo camino. Ahora sólo resta elegir fecha y un punto de comienzo. Luego todo se irá dando solo.

Algunas frases* de peregrinos sobre el camino:

“El camino es como la vida: tiene experiencias buenas y malas; pero siempre hay que continuar”(Elisabet)

“El Camino nos hace a todos iguales” (Bea)

“En el Camino cada instante se vive con intensidad” (Juan)

“El Camino es una senda de palabra, silencio y tolerancia” (Juan)

*Frases recogidas por Juan de Galicias.com

Este viaje ha sido una invitación de Turismo de Gijón y Turismo de Avilés. Gracias a su esfuerzo pude conocer estos rincones asturianos y la magia del camino. Gracias al Hotel Castilla de Gijón por recibirnos las primeras dos noches y al Hotel Palacio Valdés en Avilés. He comido de lujo en Gijón gracias al restaurante Auga que tiene una estrella Michelin y al restaurante Casa Zabala. En Avilés mi paladar quedó agradecido con la vinoteca Syrah, el restaurante Tierra Astur y la confitería Panatela donde tomamos el último brunch antes de emprender el regreso a Madrid. Por último, gracias a La Gijonesa por recibirnos con una caja ¡llena de productos deliciosos!

¡¡Buen camino!!

 

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3 pensamientos sobre “Una NO peregrina en El Camino de Santiago

  1. Agustín

    Hola, Vero.
    Soy un xixonés habituado a comentarios que menosprecian la etapa Xixón-Avilés. La gente quiere idílicas rutas entre arbolado, riachuelos y paxarinos cantores, pero el Camino no está ahí como ruta de senderismo: el Camino es como la vida, con sus pocos días buenos, sus muchos regulares y sus bastantes malos, y debería servir como escuela para formar seres humanos. Seres capaces de convivir, alejados del egoísmo e insolidaridad que esta sociedad consumista fomenta.
    El paso por Xixón tendrá ¿el año que viene? el aliciente de Casa Paquet, como albergue y, si alguien atiende alguna vez las sugerencias que algunos hacemos, un trazado más cuidado pensando en los que lo recorren.
    Mientras ¡muchas gracias por tu cariñoso relato!
    ¡Buen Camino en tu vida!

  2. Irene

    Ayyyyyy, Vero!!! me ha encantado este post tan personal y a la vez tan informativo sobre el Camino de Santiago y su variante-norte 😉 me parece que recoge perfectamente el espíritu de este trayecto a pesar de que tú aún no hayas caído en sus redes. ¡Y qué bien que permita conocer ciudades como Gijón y Avilés, que tienen tanto encanto!

    Es una pasada como de experiencias similares salen tan diferentes impresiones 🙂

    un abrazo!!!

    Ire

    1. Sinmapa Autor del artículo

      Gracias, preciosa!!! Ya viste como es esto… un destino mil experiencias! Cada uno experimenta y percibe el destino o los destinos de forma diferente, con lo que se corrobora que el viaje no es el destino sino el viajero! Un abrazo y gracias por pasarte por aquí! 🙂

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